Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

Reina María Rodríguez es una mujer

Irina Pino

Reina María Rodríguez en la Torre de Letras
Reina María Rodríguez en la Torre de Letras

HAVANA TIMES — Siempre he perdido la oportunidad de escribir un artículo sobre Reina; sí, me gusta nombrarla de esta forma natural, sin los rimbombantes apellidos y títulos honoríficos, toda la retahíla de premios que ya casi no caben en un saco –son muchos–. Quiero evocarla solo como una mujer, como el ser humano que es.

Hace más de doce años, en México, Reina se encontraba en una feria del libro, como invitada de honor. Coincidió que mi esposo también estaba allá trabajando. Se vieron y conversaron, él le comentó que yo escribía poesía, entonces ella muy amable me dedicó un libro, poniendo la palabra colega en la dedicatoria.

Ese gesto sencillo, instaura una imagen que va más allá de la poeta, es una especie de solidaridad, guiño hacia otra mujer como ella, que sufre, muere y renace con la poesía, ese mal sin cura de que adolecemos los que escribimos, ese microcosmos que tiene la mala suerte de venderse muy poco en el mundo, mientras la novela emerge y se lleva todos los lauros.

Pero Reina ha defendido la poesía y la ha hecho su aliada, por donde quiera que va enseña las mismas cartas desgarradas, viejas, pero que en sus manos parecen pergaminos blancos y acabados de estrenar con la tinta de la pluma.

No es alguien que presume, viste de la forma más sencilla, nunca la he visto en tacones altos, ni con un vestido llamativo, los jeans, la amplia blusa y los zapatos bajos y cómodos, son su distintivo. Compra la ropa rebajada, –ella misma lo confiesa–, no le interesa descollar de otra manera, prefiere los destellos de las palabras, los gritos, los silencios, arroparse y desnudarse de la mejor manera que sabe hacerlo: mediante su escritura.

Cuando por fin la conocí personalmente y me atreví a mostrarle uno de mis cuadernos, esperando su aprobación o su juicio de muerte, Reina solo hizo marcar con detalles los versos, dibujar caminitos –como ella los nombra–, para que los sigamos, para que podamos transitar con la libertad que la poesía nos ofrece.

Y yo he seguido esos caminos, a veces tropezando con piedras, otras, deslizándome por los escarpados, otras bordeando las colinas, pero sin dejar ese mapa que las palabras te hacen recorrer, sin encontrar nunca a donde llegar, aunque avancemos, para luego volver a la ruta primigenia.

Un comentario sobre “Reina María Rodríguez es una mujer

  • Reina María es un ser de fuera de serie, para bien, amén de poeta de especial sensibilidad. Nunca he olvidado la tarde que pasé en su azotea, que con el tiempo ganó título de Parnaso en Centro Habana, como la “Azotea de Reina”. A su casa se llegaba en aquel entonces siguiendo los múltiples graffitis que ella había escrito desde la acera hasta la puerta misma de su penthouse, práctica que le ganó múltiples quejas entre sus vecinos. Pero ella, ja, ni enterarse. Allá arriba, en el tejado reverberante, me contó de su vida por y para la poesía, de su particular sentido del amor libre y de su deseo de tener muchos, muchos hijos, tantos como posibles amantes. Es bueno saber que al paso de más de cuatro lustros sigue siendo la misma. Su majestad la Reina.

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