Kelly

Kelly Knaub: Mi interés por el periodismo surge del deseo de escribir, contar historias y satisfacer mi curiosidad interminable por el mundo. Yo daba clases de inglés a los inmigrantes y refugiados en Nueva York antes de empezar mi maestría en periodismo en la Universidad de Nueva York el año pasado. Anteriormente viví en México dos años y viajé por América Central. Mi experiencia como observadora de los derechos humanos en una comunidad Zapatista me inspiró a hacerme periodista. Al escribir para Havana Times, espero contribuir a ofrecer una perspectiva más amplia de Cuba.

Un sueño desconocido

Kelly Knaub

Havana’s International Airport.  Photo: Caridad
El aeropuerto Jose Marti de La Habana. Foto: Caridad

Estoy en medio de un sueño desconocido – un collage de flores tropicales, de fruta madura y un sol opresivo que no se aplaca aún cuando viene el viento para saludarme. Este sueño desconocido empezó cuando aterrizó el avión en La Habana.

Antes de subir al cielo que me llevó a este sueño, tomé un taxi en medio de la noche desde mi departamento en Harlem Español hasta el aeropuerto La Guardia en Queens.  Podría haber volado directamente desde Nueva York hasta La Habana con la licencia del gobierno E.U.A. que recibí por mi universidad para viajar a Cuba, pero el viaje era más caro y los viajes directos sólo son dos veces a la semana, así que viajé con escalas en Miami y Nassau.

Cuando aterrizó el avión en La Habana, una paz tremenda me rodeó. “Estoy en Cuba,”  pensé, mirando las palmeras que me saludaban dándome la bienvenida. “Estoy en Cuba.”
La Universidad de La Habana, donde estoy estudiando este verano, me informó que  tenía que adquirir el seguro médico para extranjeros para poder obtener mi visa académica. Yo pregunté en el mostrador  de inmigración para saber donde podía comprarlo, pero el agente me aseguró que no era necesario.

Aliviada por estas noticias, me fui a la Casa de Cambio (Cadeca) para cambiar mi dinero por unos pesos convertibles y una pequeña cantidad de pesos nacionales. Después salí afuera al calor denso y subí en un taxi con cuatro pasajeros más. Mi impresión inicial de Cuba fue que  estaba dentro de un horno candente que me asaba como un pollo. “Que calor!” me dije mientras salimos hacia la ciudad. “Que calor!”

Por el camino se veían carteles patrióticos al lado de la carretera. “Las mujeres cubanas están unidas por la patria,” decía uno. Dibujos del Ché y los Cinco cubanos presos por espionaje en los EE. UU. adornaban las otras.

Cooling Off.  Photo by Jean Serge Dias de Sousa
Refrescandose. Foto: Jean Serge Dias de Sousa

Cuando llegué al Vedado, barrio donde había arreglado mi estancia, la señora de la casa me saludó. “Soy tu mamá en Cuba,” me dijo. La señora tiene 71 años pero parece mucho más joven.

Ella me explica con mucho ánimo lo que está pasando en las telenovelas y a veces me cuenta lo difícil que es vivir en Cuba, como las faltas constantes de ciertos alimentos y jabón. “No es fácil, mí’ja,” me dice. Me convenció que para mantener buena salud en Cuba debo de tomar una cucharada de miel de abejas cada mañana con el desayuno. “Te alimenta,” dice ella, metiendo la cuchara en la jarra.

Hasta ahora las personas de La Habana me parecen tan diferentes como las variedades de fruta que crecen en la isla. El otro día cuando se me descosió la blusa mientras caminaba por  La Habana Vieja, entré a un baño y una señora mayor me dio una aguja e hilo para repararla. La tarde siguiente, un taxista me lanzó una mirada de rabia cuando cerré la puerta demasiado fuerte, me di cuenta por su ofensiva mirada.  “No lo hice fuerte,” le dije, devolviendo la mirada. Cuando salí, deje que él la cerrará.

He dormido seis noches desde que llegué, aunque todavía no he despertado del sueño. Está lleno de fruta bomba roja púrpura, mangos maduros y piña, el ritmo de la clave, la lluvia torrencial que llega de repente, cuentos de los Orishas, azoteas debajo de un cielo estrellado, olas chocando contra el Malecón y el calor más húmedo y fuerte que he sentido.

Un cubano que ha vivido aquí su vida entera me dijo anoche que aún él no entiende este lugar. Me consideraré afortunada si llego a entender cualquier cosa de aquí.

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