Rodar hacia la nostalgia: autos clásicos en Cuba

 

Mucho antes del acoplamiento Apoyo-Soyuz en la órbita terrestre, en Cuba convergían piezas rusas con carrocerías estadounidenses, y en esta época de coches computarizados, la isla caribeña aún conserva una colección rodante de autos clásicos que daría envidia al mejor museo de Detroit

Por Richard F. Potts  (Fotos del autor)

Piquera de autos clásicos frente al parque central de La Habana. Detrás, un autobús turístico estatal parece desafiar con su presencia a los taxis “cuentapropistas.”

HAVANA TIMES – Si usted pasea temprano en la mañana por la calle 23, esa céntrica avenida habanera amanece como otras del mundo entre bocinazos y ruido de motores, pero junto a los autos modernos de marcas europeas se disputan la vía una horda de clásicos estadounidenses que asombran al visitante. “Museo Rodante”, náufragos del Detroit de los años 40, 50 y 60, sorprenden a los turistas al ver estos añejos productos de la Ford, la GM y la Chrysler, desafiando al tiempo y a casi 60 años de embargo económico.

Entre las marcas hay Buick, Pontiac, Chrysler, Oldsmobile, Plymouth, Edsel, Studebaker, Cadillac, De Soto, Dodge y una multitud de Chevrolets y Ford. Sobreviven y prestan servicio en esta era cósmica, gracias al ingenio y capacidad creativa del cubano, que desde el inicio del bloqueo no se arredró ante la falta de repuestos y mantiene en funcionamiento un parque de coches clásicos que, según expertos, llega casi al 30% del total de la Isla.

Historia y modernidad

 

Con el auge de la moda “retro”, los medios de comunicación descubrieron un filón en los autos clásicos de Cuba; fotógrafos reconocidos vienen tras imágenes insólitas, coleccionistas del jet-set internacional acuden a buscar piezas raras y prestigiosas cadenas de televisión dedican espacio a la conservación de los autos por sus propietarios, expertos en la ingeniería de adaptar piezas rusas y de otros países a motores estadounidenses.

“Creo que esa fue la primera convergencia de ambos países en la mecánica” – señala socarrón Juan Carlos, chofer de taxi propietario de un Chrysler New York- pues antes de unirse allá arriba la Apolo y la Soyuz, aquí abajo ya coexistían las piezas rusas con las carrocerías yanquis.”

Los autos clásicos también tienen facetas utilitarias, pues muchos cubanos ingeniosos reacondicionaron viejos equipos para transporte de pasaje. Algunos guardan sorpresas, pues al abrir el capó del Chevy 51 de Gilberto, chofer de taxi, se descubre un potente motor diésel. “No me preguntes, pero son más kilómetros por litro”- sonríe picaresco – “aunque me gustaba más con su motor original” –concluye con un dejo de nostalgia. Otros, como el Studebaker de Pedro Luis, mezclan cuatro continentes con un diésel alemán, una radiograbadora Hyundai, asientos Ford y transmisión rusa.

La combinación rodante de modernidad e historia tiene puntos de concentración, ya sea en la Habana Vieja o en la barriada de El Vedado, donde se ofrecen al turista “taxis clásicos” a menor precio que los estatales. A la sombra del Capitolio Nacional se alinean microempresarios del taxi como Roberto, cuyo Buick Super del 53 cambió su motor V8 por un diésel reconvertido de una bomba de agua, o Eddy, con un espléndido Ford Fairlane 500 descapotable que hace las delicias de los visitantes.

 

Los clásicos –afirma Eddy- son más resistentes, entonces se construía para durar. Toque –dice, golpeando sobre el capo – hierro de verdad, no como los de ahora que son pura lata, y para el negocio, puedo llevar más pasajeros con más comodidad.”

Sin embargo, la palma se la llevan los descapotables que circulan como nuevos, cargados de visitantes que disfrutan la nostalgia de pasear La Habana en estos vehículos en los que alguna vez, en su pueblo natal de Estados Unidos o Europa, los llevó a inolvidables fiestas estudiantiles y albergaron fogosos amores universitarios. Precio: 40 CUC (peso cubano convertible, casi equivalente al dólar) el recorrido, preferentemente por el Malecón a orillas del mar, hasta el casco histórico de la Habana Vieja.

Rodar hacia la nostalgia

La vida moderna impone su ritmo con coches Mercedes Benz, Nissan, Hyundai, BMW, Audi, Citroen y Toyota, entre otras marcas, según crecen las necesidades del turismo y la economía; pero los clásicos sobreviven, existen clubes de aficionados, se organizan desfiles en puntos como La Habana y el balneario de Varadero, y en la Habana Vieja un museo especializado muestra los coches que pertenecieron a personajes históricos.

Piquera de descapotables clásicos frente al Hotel Deauville, en el Malecón habanero. Al fondo, el faro del Morro es mudo testigo de este milagro automotor.

 

En esta carrera hacia la nostalgia, es un misterio para los extranjeros el milagro de mantener autos cuyas piezas ya nadie fabrica. Aparte del ángulo utilitario de los taxistas, la realidad es que los aficionados atienden sus coches como a una especie de criatura, una “niña linda”, como dicen los cubanos.

“Rastreo depósitos y cementerios de carros –afirma Antonio, uno de los fundadores- y en el club nos ayudamos para saber quién tiene la pieza que necesitamos”- explica, mientras conduce orgulloso su enorme Cadillac 59, cual ballena en una corriente de autos compactos. “El auto es mi esposa –sonríe- las otras mujeres, mis amantes.” Bromas aparte, estos entusiastas también viven una especie de desafío, en un país que durante seis décadas no ha recibido una sola pieza de repuesto desde Detroit.

Eduardo, “taxista a domicilio” como gusta llamarse, posa orgulloso junto a su Ford 57 Fairlane 500. “Ocho cilindros en V, periodista, ningún auto de ciudad de ahora tiene esa potencia.”

Varias veces al año, decenas de miembros del Club Autos Clásicos conducen sus coches por el Malecón hacia la bahía de La Habana. Fundado en 1903 como el Havana Automobile Club, de la alta burguesía habanera, desapareció por en 1960 y fue revivido en 1998, con la colaboración de entidades turísticas para promocionar a los dueños de esos autos excelentemente conservados.

“Y también para divertirnos”- dice Alberto, guiñando un ojo-, y efectivamente, cuando la caravana cruza por el Malecón, frente al faro del Morro, es un espectáculo digno de verse el de esas joyas de la ingeniería y la supervivencia.

Concluyo esta crónica de viaje como pasajero en un Ford Corvette 59, brillante como nuevo. La tarde agoniza suavemente, como negándose a morir en el vientre de la noche, y el sol tiñe de rojo las aguas del Caribe. El motor ronronea suavemente, al paso de los clásicos que suenan claxons y bocinas mientras los choferes saludan sonrientes. Flota en el ambiente un aire de tiempo congelado que matiza el ocaso con su cualidad casi mágica.

Entonces parece que por un instante Cuba y Estados Unidos se están comunicando. Obama debería haber vivido este momento.

Cadillac Bonneville de 1959, como cuando salió de fábrica.

 

Un comentario sobre “Rodar hacia la nostalgia: autos clásicos en Cuba

  • El Cadillac Bonneville de 1959 en la ultima foto no es un Cadillac; es un Pontiac.

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