Un viaje familiar a Santiago de Cuba

 

Osmel Ramirez Alvarez

HAVANA TIMES – Este 3 de agosto Alisay, mi niña más pequeña, cumplió tres añitos. Pensaba comprar una torta y un pote de helado para cantarle “feliz cumpleaños” en familia, pero surgió por casualidad una mejor opción. Un carro-guagua (híbrido cubano para el transporte de personas) fue contratado por el barrio adyacente, para un viaje a Santiago de Cuba, y me pude anotar con mi esposa e hijos. La motivación esencial de las familias es pasear a los niños.

Aquí en Mayarí, como en cualquier municipio cubano, el parque infantil es muy rústico, lleno de óxido y casi nada funciona. En Santiago hay un parque más grande, de seguro el mejor después del Parque Lenin. Es una ciudad priorizada junto a la capital, más aún después de convertirse en el destino final de las cenizas del finado Comandante en Jefe, Fidel Castro.

Visitamos antes la iglesia del Cobre y el cementerio Santa Ifigenia, y a cada uno de estos sitios dedicaré un escrito con mis impresiones. Ahora priorizo nuestro destino final y más importante: el zoológico y el parque de diversiones.

Son dos sitios muy amplios, con vegetación abundante y muchos bancos para descansar, a pesar de estar en un área poblada de la ciudad, San Juan. En la misma la loma homónima, antes despoblada, donde las tropas norteamericanas ubicaron los cañones con que hostigaron la ciudad en la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898. Allí permanecen conservados en un museo al aire libre, que es un área muy hermosa y llena de tarjas.

Hay muchos animales, principalmente monos, aves y grandes mamíferos. Los leones están realmente muy flacos, con mucha peste. Pero dicen los trabajadores que es normal, que tienen una dieta buena. Pero el animal más atractivo es un dinosaurio traído de China, que luce muy real. Mueve la cabeza y la cola, abre la boca y emite sonidos. Los niños se emocionan mucho.

Un sendero une al zoológico con el parque, entre los cuales hay una gran diferencia de altitud, vencida por una escalera. Aún sobre la elevación está la estrella, el punto más alto del parque, que en su posición más alta se divisa toda la ciudad. Además de la elevación natural tiene una altura aproximada de 40 metros. Es una enorme armazón de hierros viejos que, aunque confiamos que son revisados con frecuencia, dan miedo de verdad.

Al descender al área mayor del parque hay también gran variedad de diversiones. Los equipos lucen recién restaurados, se ven bien seguros. Un vagón de tren sobre su línea es una tienda de juguetes. Otro vagón igual, un avión y una guagua, todos reales, son salones climatizados con computadoras para juegos electrónicos.

Varios restaurantes muy ventilados tanto en el zoológico como en el parque (no tienen paredes, solo escasas celosías), sin cola a pesar de la multitud. Muchos kioscos con disímiles ofertas de confituras, refrescos, comida, helados y cosas así. Principalmente en CUP. Solamente dos o tres son en CUC y sorprendentemente tienen las ofertas más restringidas.

Los precios, como en todas partes, no son acordes con los salarios, excepto para montar en los equipos y pagar las entradas, que sigue siendo bien barato para estos tiempos. Las entradas: 40 ctvs para niños y 60 ctvs para mayores; los equipos: 1 peso niños y 2 pesos mayores.

Tampoco las cosas caras lo son tanto como en la calle o en la gastronomía normal. Tienen un ligero pero significativo descuento, eso que ahora se le llaman “módico” o “asequible”. Un sorbeto 2:50; un refresco en bolsita, 1 peso; un paquete de caramelos buenos, ¡de una libra!, 10 pesos; helado a 0.60 la bola en unos sitios (con cola) y en otros a 3 pesos, (sin cola); refresco gaseado a 10 pesos la latica, de todos los sabores y sin agotarse. Muchos tipos de galleticas dulces y saladas, a 10 pesos la libra; una africana, 1 peso. Y muchas cosas más y nada se agota. Comida criolla, abundante, a 25:00 pesos la cajita, con una aceptable ración de plato fuerte.

Dentro del desierto de opciones, la escasez de todo y los precios exorbitantes en que vivimos, estas instalaciones recreativas son para los niños y padres una especie de oasis. Y es bueno además cuando se vive en un municipio lleno de baches, con muchas calles sin asfalto y sin opciones recreativas, (cosa que afecta hasta el sistema nervioso), darse un saltico a una ciudad donde ya no hay baches visibles y todo luce limpio y remozado.  La ciudad de Santiago de Cuba tiene un aspecto ahora mucho mejor que la Habana.

Mis niños gozaron, se divirtieron muchísimo y comieron chucherías de todo tipo. Desangraron mi diezmado bolsillo, pero quedé feliz de darles un día tan especial. La pequeña Alisay no hubiese disfrutado igual un humilde cumpleaños en casa. Eso sí, regresamos exhaustos mi esposa y yo. Tanto por el ajetreo como por el camión-guagua, que no es nada cómodo. Pero como cubano, pasar trabajos incluso para divertirme, es algo normal que casi está en mi ADN.

Y menos mal que apareció esta opción acorde con mi economía (realmente ni eso). Otra cosa sería impensable para este modesto periodista independiente, que paradójica e injustamente es tildado de “mercenario” y “asalariado del imperio” por los que de vez en cuando me reprimen. Una gran ironía, pues ellos, la vanguardia proletaria, hacen estos viajes familiares en vehículos modernos y climatizados, y se alojan en hoteles y villas del turismo internacional.

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

8 comentarios sobre “Un viaje familiar a Santiago de Cuba

  • Estimado Osmel. Interesante la modesta crónica del parque de diversiones santiaguero. No obstante, en algunos aspectos -demasiado optimistas- a veces; sentía que leía un mamotreto del Granma dominical. Algo muy importante: escribes bastante muy bien, pero te sugiero -con urgencia- que leas, busques y te empapes con un libro o texto que te refresque el buen uso de los signos de puntuación: la coma, el punto y coma, los dos puntos, etc. Haces un uso de ellos con bastante errores (…Este 3 de agosto (coma) Alisay (punto y coma) mi niña más pequeña, cumplió… / en familia, pero surgió (coma) por casualidad (coma o punto y coma porque es una frase incidental) una mejor opción. ) Una observación, el Parque Lenín de La Habana; hoy día; está en estado bastante pacaminoso, pues no es ni la chancleta de lo que fue. Así que como ejemplo ya no vale. Una pregunta general ¿Han presionado a Havana Times para que afloje la crítica en sus artículos? porque, últimamente; los noto bastante flojito, incluso en periodistas de plumas afiladas. No sé, quizás; es solo una errada percepción. Saludos y me alegro mucho porque tu niñita haya pasado un cumpleaños feliz. Ella se lo merece.

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    • Aceptó la crítica de la coma. Cometo estos excesos, que procuraré rectificar, porque espontáneamente las pongo donde hago mis pausas al leer. Pero sobran y si sobran hay que quitarlas. Gracias.
      Pero no concuerdo com lo de criticar por criticar, nunca ha sido mi propósito. Nosotros somos aquí en estos medios periodistas sinceros, no reclutados para difamar. Eso quien creo que lo piensa sin nuestros censores. Lamentablemente abunda más la crítica pero al menos no es mi propósito. Hay gente que gusta de estas crónicas. Un trabajo anterior fue crítico, relacionado com el matrimonio homosexual en la nueva Constitución. HT no nos orienta, ni para aflojar ni para apretar.

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  • …si eres periodista independiente tienes que ser critico aunque no tengas nada que criticar para poder complacer a los ilustrados lectores…no hacerlo asi te puede ganar criticas hasta por tu gramatica u ortografia o que te consideren flojito, que te acobardaste o que ya trabajas para el granma…asi es la cosa…algunos lectores prefieren la critica sea cierta o no …

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  • No. Para nada Osmel. Pienso que usted escribe muy bien y es un magnífico periodista. Perdón si no me expresé con claridad. Somos humanos y cometemos errores. Mil disculpas si le hice sentir incómodo. No fue mi intención. El Lapón Libre.

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    • No amigo, no hay nada que disculpar. No me he sentido incómodo, desde ahora estaré más atento com los signos, siempre ayuda la crítica al perfeccionamiento. Agradezco tanto las críticas como los elogios, ambos ayudan. Un abrazo.

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  • Hablas de tu diezmado bolsillo,pero no decías q trabajabas en el sector del tabaco? Y creo q decías que eras productor no? Por lo que económicamente estarás mejor que cualquier cubano promedio no?
    Pero aún así con los precios que relatas cualquier santiaguero no puede permitirse ir a esos lugares. En Santiago no hay” búsqueda” ,como en la Habana de cualquier negocio.

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    • Te equivocas, en Santiago “se lucha” casi al mismo nivel que la capital. Tienen un puerto importante y fábricas, se roba bastante, sin miedo como en la Habana. El mercado negro está bien surtido, fluye, y abastecen todo Oriente. Muy pocos viven del salario, sino de la lucha. Además del cuentapropismo y de que hay más tolerancia para negociar que en el resto de Oriente, que por ejemplo en Holguín, donde tienen el pie metido a la gente todo el tiempo. La mitad de mi familia, por el lado materno, viven alli, hablo com propiedad. Y conozco bien la capital. Sobre mi bolsillo y la siembra de tabaco ya escribí que la abandoné. Este año fui privilegiado, por casualidad, pues solo perdí 10 mil pesos que debo al banco todavía. La mayoría de los tabaqueras aquí deben 30, 40 mil, o más. Después que la gente se entusiasmó e hizo grandes inversiones pusieron un precio bajo para la calidad más abundante y la “mafia” se apoderó de la empresa, robando en el pesaje y la evaluación de la calidad. Es más seguro ahora apostar en una pelea de gallos que invertir en el tabaco, y a mi no me gusta depender del Azahar. Si me llevo por mi bolsillo, mi deuda, ni llevo a los niños. Tuve que cerrar los ojos.

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