Yendo al teatro en La Habana

Por Repatriado

Cola para cubanos que desean comprar entradas para una presentación en el Gran Teatro de La Habana.

HAVANA TIMES – En La Habana hay pocos lugares donde ir que no cuesten una fortuna o te rodee la vulgar secta del Reggaetón y sus discípulos. El teatro es uno de esos lugares que nos quedan a mi esposa y a mí, refugio al que vamos siempre que podemos.

Ir al teatro es relativamente fácil, económico y al menos en la Habana hay bastante variedad y calidad de puestas en escenas, pero poder ver la compañía Lizt Alfonzo, una fantástica compañía cubana de baile, es otra cosa.

Mi esposa, que adora la danza clásica, moderna o la que sea, se dispuso a sacar las entradas. Como no vivimos cerca del Teatro Alicia Alonso, el mismo donde habló Obama, se levantó a las 5:30 am para estar allí antes de las 8, las entradas las venderían a partir de las 9 y pensó que sería suficiente llegar y hacer cola con una hora de antelación. Fracaso épico!

A las 11 am me llamó para que fuera a sustituirla pues tenía que irse a trabajar y la cola había avanzado muy poco, además pronto cerrarían la taquilla para el almuerzo. Como conozco mi país no me sorprendió esa llamada, rara vez cualquier gestión en Cuba logra hacerse dentro del margen de tiempo previsto.

Cuando llegué, ya cerca del mediodía, aquello espantaba, por suerte las personas que van a estas cosas siguen siendo de lo más civilizado que habita en la capital de los cubanos, pero la cantidad era enorme y ya estaban muy irritados por el calor, el hambre, la sed y las horas de pie. Había gente allí desde el día anterior.

Ya solo en la cola y sin nada mejor que hacer me puse a chismear con los otros sufrientes mientras el teatro permanecía cerrado para los cubanos, digo bien, para los cubanos, los extranjeros podían seguir entrando a comprar sus entradas.

La diferencia de trato para nacionales y foráneos no terminaba ahí, la cola era exclusivamente para cubanos, los extranjeros podían pasar directamente a la taquilla y comprar cuantas entradas desearan, a nosotros nos vendían 4 entradas por cabeza.

Muchas gotas de sudor más tarde, acercándome ya a la taquilla, el custodio, el mismo custodio omnipresente en cada puerta estatal cubana, pasó pidiendo los Carné de Identidad de todos (los cubanos claro), un señor mayor le preguntó para qué y la respuesta fue, sin mirarlo siquiera, “pa ponerte en la lista”, nadie se atrevió a preguntar para que era “la lista” pero sí, en la misma entrada una señora estaba sentada en una mesa y en un enorme y amenazante bloc apuntaba nuestros datos.

El custodio y la señora de la lista.

Ya cerca de las 3 pm, quedándome unas 10 personas por delante, la señora de los apuntes sospechosos abandonó su mesa por alguna razón desconocida y la cola, la de los cubanos por supuesto, se detuvo cerca de 25 minutos más.

En ese lapsus, un nacional que trabaja en una embajada entró directamente y compró entradas en CUC, eso lo sé ahora, pero en el momento que pasó ni yo ni el resto de la humanidad allí presente lo sabía y todos asumimos que era alguien colado, y se formó…

Habiendo sobrevivido a los gritos y empujones de las ya no tan civilizadas personas, y controlada la situación luego de que el custodio explicara la singulares circunstancias del nacional no colado, pude entra a comprar mis 4 entradas que me costaron 100 pesos, 5 USD, un quinto del salario medio mensual.

Gracias a la sabiduría acumulada en estas lides no me dejé amilanar, llegué feliz a casa cercanas las 6 pm, me hidraté, y contento de saber que el domingo vería una gran pieza danzaría me puse a escribir esto, deseando que los amigos extranjeros que me lean aprendan que ellos en Cuba no tienen que hacer cola, que eso es para nosotros los nativos, así que no se asusten ni escuchen a Trump, sigan viniendo, el Ministerio de Cultura se los agradecerá.

4 comentarios sobre “Yendo al teatro en La Habana

  • Buena tu anécdota Repatriado, ya sabes que en Cuba se aplica aquello de “candil de la calle, oscuridad de la casa” y cualquier mochilero (que conste no tengo nada en contra de ellos) extranjero tiene más derechos que el más erudito y “culturoso” de los cubanos de a pie; son tantos años inculcándonos ” los de afuera primero” , que incluso teniendo “el baro” igual o más que el susodicho yuma nos vemos en desventaja, nada, que son cosas de la siquis humana. Saludos ( y es verdad que la compañía de Lizt Alfonso está fuera de liga)

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    • es un apartheid caribeño, y por caribeño me refiero a hecho con la decidia con que parece hacemos las cosas bajo el sol tropical. ni las cosas malas las hacen bien.

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  • Claramente recuerdo la forma típica de los dependientes cuando el maltrato a los turistas extranjeros era la vía del desahogo, del reclamo a lo gubernamental, cómo esos hijoeputas pueden comer en restaurantes, hospedarse en hoteles, bañarse en las playas, entrar a los bares y derrochar dinero en mi país y yo no?… a la más clara práctica de desviar las culpas y cobrárselas con quien no la hizo… con una cabrona actitud mediocre que siempre se ha vivido seguimos pensando que la culpa es de cualquiera (de preferencia que no sea cubano, y si lo es que sea débil), excepto del gobierno, contra ese no se puede, mide 2 metros, es fornido, es el que reparte la jama y además está armado… en definitiva, vamos a patear al primer comemierda que se nos ponga por el frente, no importa de donde sea, siempre y cuando no sea el que por años nos ha puesto la bota en el cuello, contra ese ni siquiera levantar la voz un poco, nada.

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  • Repatriado, el problema de fondo es la venta de servicios y bienes en dos monedas, una que vale 24 veces mas que la otra. No solo en la cola de marras, tambien en el Coppelia, la venta de pasajes de buses Astro, etc, etc, etc. Como bien sabes, en cualquier lugar, el dinero del local vale exactamente igual que el del foraneo (y los precios tambien son generalmente iguales, aunque en paises pobres (comprobado personalmente por mi en la India) los locales pagan muchas veces menos lo que paga un extranjero para visitar un museo. No es justo, pero asi funcionan los paises pobres. Y como tambien sabemos, la mentalidad de “lo mejor” (y tambien lo mas caro) para el extranjero es de ya larga data; a mi no se me han olvidado durante los 70’s y los 80’s las “diplotiendas”de los hoteles con lo ultimo en tecnologia y moda, mientras que nosotros lo mas que nos podiamos conformar era mirar por los cristales, sonar y escuchar un teque de algun familiar mayor convencido que asi “tenia que ser y se acabo”. Tampoco se me ha olvidado que en aquella epoca, donde los “nacionales” podiamos hospedarnos en los pocos hoteles que habia, cuando llegaba un grupito de turistas extranjeros, muy cortesmente te movian a otras habitaciones mas modestas o te pedian que vinieras en otro momento.

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