Una decisión impostergable

Osmel Ramírez Álvarez

Osmel in his past tabaco field.

HAVANA TIMES – Como muchos saben, cultivo la tierra. Oficialmente mi empleo es el de “campesino”, aunque realmente no es ese oficio el que me identifica. Me siento más un comunicador, no obstante, debo ser sincero, lo que me gusta es la política, más me rehúso a participar si no es en democracia. Por estar pensando y escribiendo sobre política no solo llegué al periodismo, también caí en la lista negra de la Seguridad del Estado. Esa es un área muy peligrosa en Cuba.

En verdad soy biólogo genetista de profesión, sin embargo me aparté de ese perfil desde hace varios años por cuestiones económicas: ganaba 540 pesos y la madre de mi hija mayor estaba embarazada. Solo la cuna me costaba tres veces mi salario y ni hablar de la canastilla, por eso abandoné los sueños profesionales de juventud y acudí a la tierra.

Mi padre, ya cansado y enfermo, me regaló su pequeña parcela de una hectárea que heredó de mi abuela. Cultivé muchas cosas, pero finalmente logré un contrato para plantar tabaco. Solo si se convenia con la Empresa-monopolio TABACUBA se puede sembrar tabaco, de lo contrario te pueden multar y destruir los cultivos si lo haces independientemente.

Sanidad Vegetal asume que están desprotegidos de plagas y enfermedades, pues legalmente nadie te ha vendido los productos, constituyendo hipotéticamente un foco de infección, a pesar de que estén sanos. Es una forma de tener el control total. Pasé trabajo para incluirme, pero finalmente lo conseguí hace cuatro años.

Ahora tristemente me vi compelido a tomar una decisión drástica: no sembraré más tabaco. Explico por qué.

El primer año invertí alrededor de 15 mil pesos en infraestructura, que pedí casi completamente prestado. También se necesita una inversión para la cosecha, que pedí al banco. Trabajé mucho y me transformé en carpintero, ya que construí el rancho de cura yo mismo. Más difícil fue conseguir los materiales y lograr que la empresa me apoyara. Por suerte yo estaba más adelantado que otros campesinos priorizados en zonas bajo riego y ante la posibilidad de que la televisión me visitara todo fluyó a última hora.

Me esforcé mucho y obtuve una buena cosecha. Ya estaba esperando mi segunda hija, imaginen los gastos básicos, vicisitudes e inspiración. Les aseguro que si no pasamos hambre estuvimos cerca, invirtiendo todo en el tabaco, muchas veces la pasamos gris. El precio máximo es 2255 pesos por quintal y casi todo salió a un precio cercano al máximo. Gané poco más de 20 mil pesos, con los que pagué los préstamos, y quedó algo para sobrevivir.

Al otro año sembré lo mismo y fue parecida la ganancia, logré comprar dos balances para mi sala que quedó vacía durante la separación con la madre de mi hija mayor. Seguía sin televisor, sin refrigerador, pero con esperanzas futuras. En la tercera cosecha me preparé para invertir más y crecer un poco. Alquilé tierras, cosa que está prohibido, pero es práctica común, y dupliqué el sembrado.

Trabajé como un mulo, como dice el dicho, y fue una gran cosecha. Pero por causas desconocidas, (se supone ambiental) una mancha verde afectó el tabaco en el país. Por supuesto que ello implica pérdidas, pero coincidió, en Mayarí al menos, con un cambio perjudicial en la compra del tabaco.

Hasta el año anterior existía un precio mínimo para el tabaco afectado o de tercera (tripa), útil completamente en confección de tabacos y cigarro, a más de 900 pesos. El podrido lo pagaban a 292 pesos. Pero ese año, 2017, dejaron de comprar el podrido (que tiene poco valor comercial) y bajaron a 292 pesos el de tercera. Eso trajo muchas pérdidas para los cosechadores, pues la mancha verde convertía mucho tabaco en tripa, que al precio anterior de más de 900 pesos recuperaba, al menos, la inversión, pero a 292 pesos es un robo.

La mancha verde me afectó, pero más lo hizo el precio injusto. Solo gané 11 mil pesos cuando debió ser alrededor de 45 mil pesos. Compré un refrigerador y quedé pelado, a vivir del invento.

Sucede que como el tabaco se mueve mucho dinero, empezó a haber problemas en la evaluación de la calidad, con grandes abusos para despojar a los productores. Ya saben cómo funciona: en el mercado te roban onzas con la pesa, en la heladería un pedazo de la bola, en el centro comercial alteran el precio y en la compra-venta del tabaco del agricultor hay lo suyo también.

After deciding to plant other crops, Osmel dismantled his tabaco drying hut to sell the materials to pay his outstanding debts.

En numerosos trabajos aquí en Havana Times y en Diario de Cuba expliqué esa situación y la batalla (mía y de otros campesinos) por un precio justo. Nada conseguimos. El sistema no acepta que el pueblo proteste y bajo esas condiciones no se logra justicia jamás.

Este año fue peor por el clima adverso (mucha lluvia) y a pesar de ello continúan apretando la tuerca: además de lo anterior ahora exigen que se entregue el tabaco seleccionado por calidad, sin pagar ese trabajo adicional que era hasta ayer de la empresa.

La mayoría de los campesinos, aunque decepcionados, estamos endeudados con el banco por todos esos factores que han creado un cuadro crítico. Muchos quisieran renunciar, pero no pueden pues deben mucho y se hallan atados. Yo debo, pero no tanto, por eso ya renuncié. No soporto trabajar un día más bajo esas condiciones, realmente no puedo.

Ahora destruyo mi rancho* y vendo los materiales para pagar mi deuda. Sembraré otra cosa. Fue una decisión impostergable.

*Rancho es la estructura para secar el tabaco. 

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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