En la vía

Rosa Martínez

Pedir “botella” (aventón) en Cuba.

HAVANA TIMES – ¿Quién no ha hecho botella alguna vez? Pedir aventón, pasar las mil y una noche con el transporte local e interprovincial forma parte de nuestras rutinas diarias, al menos acá en Cuba.

Yo tengo mucho más de 40 y he pasado la mitad de mi existencia pidiendo botella. Todo comenzó cuando ingresé en el Instituto Vocacional de Ciencias Exactas para realizar mis estudios preuniversitarios. Dicho centro escolar está ubicado en las afueras de la ciudad, por la parte noroeste y mi familia habitaba desde entonces en el este, aquello significaba ir de un extremo a otro de la urbe guantanamera.

Así iniciaban mis peripecias para abordar un transporte de cualquier manera y llegar temprano al lugar de destino. Y aunque ha llovido mucho desde entonces, y hace mucho ya no soy la muchachita bonita y delgadita de entonces, sigo lidiando con la dichosa botella.

Ahora comparto con ustedes mi último incidente relacionado con este asunto: 

Esperaba, como es costumbre, en la parada más cercana a mi casa. Llegó uno de los ómnibus conocidos como petrocasas, y se formó inmediatamente la molotera.

Corría hacia el tumulto para ver cómo me las arreglaba para montar, cuando el chofer me hizo una seña para que me acercara.

“Ven para acá, si quieres, para que vayas más cómoda”, me dijo gentilmente.

Soy una dichosa, pensé y me subí rápidamente en la cabina del vehículo.

“Tienes mucha suerte, -comentó el conductor con voz muy animada- yo no monto a nadie en estos asientos, pero tú me caíste muy bien.

¿Hum?-me dije- está muy emocionadito el chofercito este, pero medio sonreí sin hacerle mucho caso.

“Eres una mulata muy linda, me encanta tu pelo rizo”.

Era uno de esos días que tenía el negro arrebatao y había decido soltarme la cabellera a pesar del calor, del sol, de las colas, de todo…

A qué mujer no le gusta un elogio, un piropo, una frase cariñosa… Pero escuchar galanterías de la boca de un completo desconocido, encerrada en la cabina de una guagua vieja, me remontaba a un incidente desagradable en mis tiempos de universidad, y no me gustaba nada, nada.

“Gracias, señor” respondí secamente, ni lo miré.

“La verdad es que me gustas muchísimo, me encantaría tenerte un día entero solo para mí”, expresó sin más rodeos.

En realidad el hombre no había dicho nada del otro mundo, ni había sido grosero, pero me sentía arrinconada, y comenzaba a sudar copiosamente…

“Disculpe, soy una mujer casada y no tengo ningún interés en estar con usted ni con ninguna otra persona”, le comenté evitando ser agresiva.

“Yo también soy casado, chica, pero eso no impide que quiera darle unos cuantos golpes a ese cuerpo bien envuelto en carne que me gusta tanto”, esas palabras resultaron amenazantes, empalagosas, en extremo desagradables.

“Golpe, ¿está usted loco o qué?, no me conoce y ya está pensando en golpear, atrévase a ponerme las manos encima y verá lo que le pasa, atrévase para que vea”.

“Golpe sí, mamasooooota, pero con mi hierro, quiero darte hasta dejarte desmayada”, y mientras hablaba se apretaba su pene que creo ya estaba erecto.

Acababa de mostrar toda su grosería en mayúsculas cuando por obra y gracia del señor llegamos a una parada; me tiré del carro casi volando, y una vez abajo le grité desde desvergonzado, cochino, hasta del mal que iba a morir.

Desde la guagua intentó decirme algo más, pero le mostré mi celular desde lo lejos y le grité: “Lo tengo todo grabado, pervertido, y te voy a denunciar… sus ojos parecían querer salir de sus órbitas, quedó mudo, arrancó y se fue…

 

 

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.

2 comentarios sobre “En la vía

  • ¿#MeToo Guantanamero? ¡Bueno sería que los denunciaran a todos y todas…! Aclaro, sin que medie la FMC o el CDR para que “caigan unos cuantos pejes gordos”.

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