Un encuentro por el activismo medio ambiental en Cuba

Por Regina Cano

Ofrenda

HAVANA TIMES – Un activista medioambientalista debe tener la sensibilidad y el convencimiento de que realiza un beneficio a todos los niveles, por el entorno que comprende el propio, el de sus seres queridos y el de toda la sociedad.

Así, con esos sentimientos se reunieron para dialogar diversas personas de proyectos activos, babalawos y otra(o)s sensibles al tema, unidos por el mismo propósito, buscar soluciones a la interacción actual entre medio ambiente y religión Yoruba, por la proliferación presente de ofrendas religiosas por toda la ciudad, tanto de índole vegetal como animal. El encuentro se realizó en el ABRA -Centro Social y Biblioteca Literaria-, el sábado 16.

Una de las razones reconocidas en el evento es que está determinada por el aumento de seguidores de esa religión y los cambios en ciertas prácticas. Se mencionó su incidencia, frecuencia, exceso, de cómo realizar un activismo en conjunto para variar en algo la exposición de ofrendas en la vía pública, las que nadie se ocupa de recoger posteriormente, llegando a la putrefacción. A una comprensión en relación ayudó el testimonio y visión de uno de los babalawos presentes, quien ya no realiza matanza de animales. En general, los entendidos en el tema dieron a conocer en cuanto se puede retirar la ofrenda, lo que puede ser casi inmediatamente.

Y a pesar de haber sido una muy interesante conversación -de lo cual tengo la seguridad se encargarán otra(o)s dentro del medio escrito digital-, más que dar sus detalles quisiera compartir mi opinión sobre ciertos aspectos que debemos tener en cuenta en la Cuba actual, a la hora de realizar ese tipo de activismo.

Lo primero a considerar, por la problemática que eso representa, es que los espacios actuales que se pudieran llamar comunitarios (los barrios), hace mucho tiempo que no poseen un liderazgo natural, es decir, nacido de sus propias entrañas. El líder o los líderes barriales son quienes se erigen modelos respetados, seguidos y apoyados por los integrantes de la comunidad, por sus valores morales y un ejemplo dado con el hacer cotidiano. Desde ahí pudiera surgir un trabajo con intereses comunes e intencionalidades emergidas desde las familias que habitan el lugar.

La mayoría de esos espacios barriales actuales han obtenido pocos resultados o han realizando un insuficiente esfuerzo en cuidar su propio entorno, entre los que se encuentran los CDR y la Federación de Mujeres Cubanas.

La mayoría de esos espacios barriales actuales han obtenido pocos resultados o han realizando un insuficiente esfuerzo en cuidar su propio entorno, entre los que se encuentran los CDR (Comité de Defensa de la Revolución), la FMC (Federación de Mujeres Cubanas) y otros que se empoderan en las localidades capitalinas.

También se halla, en otro plano, la poca vocación y dedicación que demuestran aquellas personas que integran o laboran en instituciones estatales, como la siempre apaleada Comunales (Empresa de Higiene y Servicios Comunales), hacia una correcta preservación del ambiente natural en convivencia con el entorno urbano, lo que no favorece al activismo desde el individuo, vecino(a)s, habitante común y que más bien desalienta los pocos actos vecinales en ese sentido. La labor realizada por esos trabajadores no es generalmente de respeto al entorno natural y a la higiene para la vida urbana, pues no conservan, no protegen, ni apoyan adecuadamente el espacio público cercano a las viviendas.

Me refiero a lo que pudiera ser una recogida eficiente y frecuente de los desperdicios, fundamentalmente domésticos, o productos de las reparaciones habitacionales llevados a cabos por las familias o al cuidado de los parterres y aceras, que son ganados por la basura y la destrucción, siendo restados de la vida poblacional.

A lo anterior se agrega el arbolado cortado indiscriminadamente, de lo que se acusa habitualmente a la Empresa Eléctrica y sus operarios, quienes cortan y recortan las frondas de los árboles, lo que en muchas ocasiones acaba con la vida de estos.

Por otro lado se encuentra el comportamiento y prácticas viciosas en la actitud de una mayoría poblacional, malos hábitos instaurados en tantísimos años, pues la gente se desconecta de esta parte de la realidad, en tanto no parece tener control, ni ser remediable “esto no lo cambia nadie” –se escucha decir.

El poblador ha ido aislando su incidencia cívica en la vida pública, pero desgraciadamente también contribuye a que empeore, botando basura por doquier, sin considerar que la tira a sus propios pies y que constriñe su espacio físico y sicológico.

Un encuentro de babalawos y amibientalistas.  Foto: guardabosquescuba.org

Además, de no sentirse responsable por ello, donde sí es un tercero quien debe solucionarlo o porque sus críticas “caen en saco roto”. La mayoría se adaptó a legitimar lo no correcto, lo ilegal, la alteración de las normas, los vicios creados por el temor a la incomprensión y a la no solución como algo característico, reduciendo su espacio de pertenencia.

Actualmente, muchos no solo se eximen del espacio público a través de una reja en puertas y ventanas, para garantizar la seguridad de sus casas, también al colocar una cerca a su propiedad para evitar ser invadida por el irrespeto, sino que la gente ya no percibiendo el espacio público como común, se apropian de él como privado, el espacio físico social-barrial es adosado a su patrimonio: un pasillo, un parterre o la porción de una acera forman parte de algunas casas.

Cuba ha tenido mucha experiencia de personas que actúan en bien del medio ambiente y su incremento lo demuestran mucho de los hechos conocidos: actuaciones, denuncias y peticiones para favorecer mejoras y cambios en concepciones tanto legales, como sociales, que se tienen sobre el cuidado del entorno.

Muchas de esas acciones han sido realizadas al margen de las instituciones estatales, las cuales no logran efectivamente un giro en las situaciones ya narradas. Específicamente en La Habana se convive en contacto con los desechos domésticos, con la mala atención y abuso a los animales, así como un desinterés casi total por las plantas, lo  que significa un desequilibrio y riesgo para la vida de todos.

También, hay momentos en que el activismo medioambientalista sufre baja, porque las personas se desalientan por falta de resultados palpables y/o estables, por el tiempo que se resta a una vida social que obliga al sostenimiento cotidiano vital o la realización profesional y por qué no, de los sueños anhelados.

El activismo medioambientalista debe tener en cuenta que su actuación puede verse siempre impedida por todo lo anteriormente nombrado, pues pudiera afirmarse que nuestra sociedad está enferma desde la conciencia colectiva, con actuaciones casi dentro del orden de lo patológico.

Hay en la población cubana -sobre todo capitalina- una parte consciente y otra inconsciente, que siendo solo explicado, por muy lógico, inteligente o conveniente que suene, puede no ser suficiente para que cejen en sus prácticas, sin más.

Los medios de difusión pueden apoyar, las campañas que se hagan podrán validarlo, pero la clave es volver a sembrar, volver a limpiar, volver a cuidar a los animales y a las plantas, pero planificando y ganando terreno con disciplina, dejando una historia que otros puedan continuar y un patrón nuevo que ayude a la referencia, pues hay que insistir mucho para lograr un cambio social en este comportamiento.

 

Regina Cano

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.

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