Sergio Ramírez: “El tiempo de Daniel Ortega se acabó”

Por Gabriela Selser (dpa)

Sergio Ramírez. Foto: jornaabc.com.mx

HAVANA TIMES – El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes de Literatura 2017, dijo hoy que el presidente Daniel Ortega soltó “al genio maléfico de la botella”, al responder con “caos y terror” a la crisis que su Gobierno enfrenta y que ha causado un centenar de muertos en seis semanas, según organismos de derechos humanos.

Vicepresidente durante el primer gobierno de Ortega (1985-1990), el laureado autor de “Castigo Divino” afirmó en entrevista con dpa que el ex guerrillero de 72 años construyó su propio final y no logrará sostenerse en el poder.

Lo que nunca se ha visto en Nicaragua se está viendo ahora, una gran rebelión pacífica de amplios sectores sociales, que sin embargo hoy pareciera encaminarse hacia una guerra. ¿Cómo interpreta lo que sucede?

Sergio Ramírez: Una guerra no se puede dar sino entre dos bandos armados, y aquí sólo hay uno: el que agrede desde el poder a la población civil de manera cada vez más artera e indiscriminada. Caos y agresión letal, más que guerra. Incendios provocados, asaltos a comercios, asaltos en las calles y carreteras por las fuerzas de choque, ejecuciones. Pareciera que el objetivo es sembrar el terror para que la población de desmovilice.

Se ha acusado al Gobierno y al partido Frente Sandinista de contratar a pandilleros y delincuentes para atacar a civiles y dañar inmuebles, muchos de estas propiedades del Estado. ¿Qué consecuencias tendrá todo esto para la gente y para el país?

Municiones utilizado por fuerzas del gobierno contra estudiantes en la Universidad Agraria.

SR: Han soltado a un genio maléfico de la botella, a estas fuerzas anárquicas para sembrar el caos, y las consecuencias son para toda la sociedad sin distingos de colores políticos. Y son consecuencias impredecibles. Ya han muerto hijos de policías y de funcionarios judiciales, acérrimos partidarios de Ortega. 

La consigna parece ser que nadie esté seguro, pero anoche (viernes), en el barrio capitalino de Rubenia, las turbas asesinaron a un ciudadano de Estados Unidos que llegó a auxiliar a un amigo que lo llamó pidiendo ayuda, porque estaba en manos de esas turbas. Eso trae ya conflictos internacionales. Y eso también es impredecible cuando sueltas al genio de la botella.

En uno de sus recientes textos periodísticos, “Los nietos de la revolución”, usted planteaba que la gran diferencia de esta rebelión con la revolución que triunfó en 1979 es que esta es pacífica. En vista del desmedido actuar de la Policía y los paramilitares, ¿podríamos ver un escenario donde los opositores también comiencen a armarse?

SR: No quisiera verlo, porque otra guerra civil es indeseable por completo. Nadie la quiere. Pero la resistencia civil, que es legítima, está siendo reprimida sin piedad, a un costo ya mayor de 100 muertos en menos de dos meses. A ese ritmo, estamos ya en medio de un baño de sangre. Al Gobierno es al único que le toca parar esta insensatez.

El Ejército ha prometido quedarse al margen del conflicto y ha desmentido versiones de un presunto involucramiento con francotiradores. ¿Piensa que se mantendrá en esta posición?

SR: El Ejército ha desmentido oficialmente cualquier participación en la represión y merece crédito. En la debacle que estamos viviendo, con todas las instituciones en harapos atadas al carro de un poder abusivo, la única institución que sigue siendo confiable es el Ejército. Tienen mi respeto. Pero me parece que si hay fuerzas paramilitares, esto viola el artículo 95 de la Constitución, que dice que no pueden existir más cuerpos armados en el territorio nacional que los establecidos por la ley. Y el Ejército debería estar obligado a desarmarlos.

¿Cómo valora la respuesta exterior a esta crisis? Hasta ahora sólo Estados Unidos, Costa Rica, México y el Parlamento Europeo han condenado la violencia gubernamental, además de Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). ¿Cómo interpreta el silencio de América Latina?

Cruces por los estudiantes asesinados por la policia y fuerzas irregulares del gobierno.  Rotonda Jaen Paul Genni.  Foto Uriel Molina/LA PRENSA

SR: Este silencio va rompiéndose, no solo en América Latina sino también en Europa y en la opinión pública en Estados Unidos. La declaración del secretario general de la ONU, António Gutiérrez, es clara y contundente, y el comisionado de Derechos Humanos de la misma ONU insiste en que lo dejen entrar a Nicaragua con una misión de investigación. Cada vez habrá más atención, en la medida en que se siga matando a ciudadanos indefensos.

Al responder a los reclamos de que abandone el Gobierno, el presidente dijo: “Aquí nos quedamos todos”. Conociendo usted tan bien a Daniel Ortega, ¿cómo interpreta sus palabras?

SR: Si su frase significa “aquí nos quedamos todos, y yo en el poder”, ese es un deseo suyo sin posibilidades reales. Su tiempo se acabó. Se lo quitaron sus propias acciones. Y la historia es implacable.

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