Aida Hernández, una madre cubana que cree en los milagros

Ivett de las mercedes

Yossier

HAVANA TIMES — El día 21 de Septiembre de 1998, Yosier Hernández Quiñones, de 7 años, confirmó la existencia de los milagros. Aún hoy, veinte años después, en la provincia de Pinar del Río, incluyendo el municipio de Candelaria, recuerdan esa noche. Su madre Aida Hernández Quiñones (54 años) no olvida ningún detalle.

HT: ¿Viajaban con frecuencia en el tren que sale de La Habana hacia Pinar del Río?

Aida Hernández: Si, viajábamos casi todas las semanas, ese medio de transporte es el más barato, teníamos la seguridad de que siempre salía puntualmente y no teníamos que estar con el estrés de la espera. Esa noche el tren salió como siempre a las 11:00 pm de la estación de La Habana, llegaba a las 2:00 am a Candelaria.

HT: ¿Cómo sucedió el accidente?

AH: Recuerdo que era la 1:45 am. Yo tenía la costumbre de mirar el reloj cuando partíamos de la estación de Artemisa. Yosier siempre se quedaba dormido en cuanto caía en el asiento. Esa madrugada él llevaba una mochila y, dentro, sus patines; también el cochecito de su hermana en la mano. Unos minutos después que dejáramos el pueblo de Artemisa teníamos que pararnos cerca de la puerta de salida, de esa manera no corríamos el riesgo de pasarnos de parada, había que bajarse con prisa. En ningún vagón había luz, eso ya era normal en ese medio. No se divisaba nada en los pasillos. Yosier estaba medio dormido, le dije que tuviera cuidado con las pisadas, que se aguantara de los asientos. Cuando estábamos llegando a la salida es que me percato de que la puerta era un hueco abierto, no tenía hojas, y el niño se había caído sin yo poder hacer nada.

HT: Imagino que fue un momento terrible ¿Qué hiciste?

AH: Lo único que atiné  fue a gritar, no podía hablar, nadie sabía lo que había ocurrido. Los pasajeros que estaban más cerca no se dieron cuenta de nada, todo fue muy rápido. El conductor vino corriendo con la linterna pensando que me habían robado un maletín y logré  decirle casi en un suspiro que el niño se había caído del tren.

Ilustración por Carlos

HT: ¿El conductor dio la alarma rápido?

AH: Cuando dio la alarma ya estábamos a varios kilómetros de distancias de donde se había caído el niño y en lo que se detuvo el tren, un poco más. No me dejaron bajar, no sé quién se quedó con la niña que padecía de una enfermedad encefálica y convulsionaba con frecuencia. Había dos hombres aguantándome, ellos temían un desastre. La mayoría se bajó con fósforos encendidos, con linternas, con lo que tuvieran a mano para alumbrar. Ese tiempo de espera fue aterrador, gritaba y lloraba desconsoladamente. Las personas retrocedieron caminando varios kilómetros y no encontraron al niño, el maquinista daba marcha atrás a la locomotora cuando habían caminado un tramo. De repente escucharon el llanto, había caído encima de una colina de hierbas cortadas en la mañana.

HT: ¿Te dejaron verlo enseguida?

AH: No, se lo llevaron cargado para el primer vagón. Yo estaba tan contenta de que estuviera vivo, no hubiera podido soportar perderlo. Me pidieron que no llorara cuando lo viera para que no se asustara, estaba sano. Tratamos de que no se durmiera, ni se levantara. Aparentemente se veía bien. En el tren no había ningún instrumental médico para casos de emergencias, ni siquiera algún médico o enfermero.

HT: Avisaron para Candelaria entonces

AH: Llamaron al Consejo de la Administración para que mandaran un transporte. Cuando llegamos  a la terminal de Candelaria nos montamos en un carro y nos llevaron para el policlínico. Ya estaba preparada la camilla, los doctores lo examinaron, lo único que tenía era una pequeña herida en la ceja izquierda. A las 3:00 de la mañana me dijeron que podía llevarlo para la casa, pero que lo vigilara y, si amanecía con la pupila dilatada y dolor de cabeza, que lo volviera a llevar urgente. Yo no pude dormir, estaba muy preocupada. Como me habían avisado, a las 6:30 am el niño se despertó quejándose de dolor de cabeza y las pupilas dilatadas. Fui para el policlínico y lo remitieron minutos después para el hospital. Allí le hicieron varios exámenes, pruebas de todo tipo. Gracias a Dios todo le dio normal. Yo pienso que fue un milagro que no perdiera la vida, ahora es un muchacho de 27 años, muy inteligente y habilidoso, arregla todo tipo de equipos electrónicos, conoce de albañilería, plomería y siempre está dispuesto a darle una mano al que lo necesite.

Yossier y Aida

HT: ¿Volviste a viajar en el tren?

AH: Sí, lo hice para que él no tuviera miedo. Los conductores ya nos conocían y cada vez que íbamos a bajarnos nos ayudaban. Estoy segura que no hay ninguna persona que se haya salvado de caer de un tren en marcha.

HT: Definitivamente piensas que fue un milagro   

AH: Por supuesto, solo Dios  pudo colocar esa montaña de hierbas en el lugar exacto, según el jefe del tren se había salvado gracias a ella y al cajón de aire que ayudó al niño a caer sin apenas presión. No hay madre que pueda aguantar perder a un hijo; conozco muchas que lo han sufrido y no es nada fácil, es un dolor inmenso que no se puede describir. El recordar esa historia nuevamente me entristece, antes no podía ni siquiera pensar en ese día, los milagros sí existen, así le digo a Yosier muy a menudo. 

4 comentarios sobre “Aida Hernández, una madre cubana que cree en los milagros

  • De verdad que fue un milagro, le deseo siempre salud. Buen trabajo.

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  • Aida, existe otro niño que se cayó de un tren en marcha a toda velocidad por 12 horas de atraso, y no solo sobrvivió, sino que recuperó la vista, después de haberla perdido en la caída al perder el hueso occipital que protege el lóbulo occipital cerebral y perder casi en su totalidad la función dle nervio óptico.

    Ese niño soy yo, Carlos Enrique González – Pintado García, de Apodaca 352 en La Habana Vieja, y tenía 14 cuando viajando con mi abuela me caí del tren por ir en la escalerita cogiendo aire pues viajábamos en las mismas condiciones que lo hacían Ustedes.

    Me alegro inmensamente por su hijo, y les envío un abrazo a los dos, desde aquel entonces, creo en Dios, por supuesto.

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  • Es el karma que le toca a cada cual. ¿Y los trenes cubanos seguirán en tan malas condiciones?

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  • Es bueno conocer historias que son reales, que sucedieron en algun momento de la vida y que tuvieron un final feliz y alentador. Disfruto de testimonios de este tipo y también del estilo con que se escribe. Buena entrevista, me ha gustado mucho

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