Dos emigrados de visita

Los cubanos se encuentran un panorama que los hace no querer volver

Irina Pino

El Terminal 2 del Aeropuerto Jose Martí de La Habana.

HAVANA TIMES – La incertidumbre de lo que encontrarán cuando regresen a su tierra natal preocupa a cubanos emigrados después de años de ausencia.  

Así le ha sucedido a muchos, que en pos de ver a sus familias, resolver los problemas que dejaron atrás, se encuentran un panorama que los hace no querer volver, al menos, no tan pronto.

Carlos, un amigo, casi un hermano para mí, vino a La Habana a ver a su madre luego de siete años de separación. Quería estar con ella, comprarle un juego de cuarto…

Se disgustó desde el principio, me contó de lo mal que la pasó en el aeropuerto, donde le pidieron dinero por cargarle el equipaje, y hubo una empleada que le dijo era el cumpleaños de su hija, y que si le podía dar algo. También le cobraron una cantidad excesiva por sobrepeso.

En los pocos días de estancia, dos fueron para buscar los muebles. En las tiendas ni pensarlo, porque son carísimos y no se equiparan con el material empleado: están hechos de bagazo. A esos habría que ponerles una etiqueta: “Aléjelos de la humedad, se despegan y se pudren”.

Alguien le aconsejó unos carpinteros particulares que se dedican a construir todo tipo de muebles. Conoció a dos que le pedían de 400 a 500 CUC, prometiéndoles garantía por la madera preciosa. Después, una vecina le dijo que esos tipos eran tránsfugas. Se cansó de buscar y los precios están más que disparados. ¿Qué hacer? Porque su miedo a la estafa es mayor. Decidió dejar el dinero y esperar a una segunda visita.

Todo el tiempo la pasó mal, los alimentos que comió le provocaron diarreas y vómitos. No podía, ni siquiera, beber agua hervida.

Él, que pasó miles de vicisitudes, que se despertaba a la 5 de la mañana para coger una guagua para ir a la escuela donde impartía clases, que cargaba agua por escaleras, que se acostumbró a una sola comida al día…, ya no podía lidiar con los problemas que antes fueron suyos.

Cuando salimos juntos, vi que no se separaba un segundo de su cartera, donde guardaba su pasaporte y su residencia. Al preguntarle por qué lo hacía, me dijo que si se quedaba varado en este país sufriría un ataque de nervios.

A la otra persona emigrada, con 11 años sin venir, en el hotel donde se hospedó no la dejaron tener a su hijo en la habitación, el niño sufre una enfermedad congénita y vive en Santiago de Cuba con una tía.

Al final, tuvo que irse para una renta particular, y hubo que reintegrarle una parte de la reservación. En la casa donde se quedó fueron muy amables, la trataron con cariño y se sintió como de la familia.

Entre sus planes estaba ir a la escuela donde estudió, para reunirse con una antigua profesora suya. Cuando llegó, no pudo traspasar la puerta. Tienen una garita para controlar quién entra y quién no. Después de mostrar su pasaporte, a los cinco minutos, la respuesta fue abrupta: “No procede”. Un empleado poderoso le había negado el acceso.

Las preguntas están flotando en el aire (parafraseando a Dylan): ¿Seguirán esas actitudes hacia los cubanos que ya no viven en la Isla?  ¿Acaso nos olvidamos que ellos también forman parte de nuestra nación?

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

11 comentarios sobre “Dos emigrados de visita

  • La actitud hacia los cubanos residentes en el exterior tiene un diapason bastante amplio. Estan los pediguenos como los que encontro tu amigo y de muchas otras categorias, los “vivos” y los pillos que se quieren aprovechar del projimo y todo tipo de gentuza impresentable. Pero tambien esta la gente que te aprecia y quiere por lo que eres y que genuinamente se interesa por tu vida y tus exitos. Yo me enfoco en los segundos e ignoro los primeros.

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  • a los pediguenos no se les deberia dar nada, esos son los mas miserables, pues manana cuando los citen para el desfile en la plaza son los primeros en apuntarse e ir, si la estan pasando mal, que se jodan. hay que apoyar y ayudar a los que dicen la verdad en la cara, que aquello es una mierda, que fue una estafa desde el principio y que la revolucion el unico camino que le queda es desaparecer de una vez y para siempre.

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  • Entre los que “vamos ” de visita y los que nos “reciben” hay de todo como en botica. Comencemos por los que “vamos de visita”, están los que de forma genuina, auténtica van a pasar unos días con su familia, que no tienen trastiendas y cuentan que “afuera” hay que “pinchar” como loco para poco a poco ir avanzando, son esos que no sienten pena de decir que tuvieron ( o tienen) que limpiar pisos, empujar carritos de supermercados y demás; esos van (luego de un buen tiempo ahorrando) a visitar el barrio no como el mesenas que regresa, sino como Juanito el que desde fiñe vivió allí y no ha cambiado. Hay otro grupo de los que “vamos de visita”, que se endeudan hasta los coj…., con tal de aparecerse en La Habana cargaós de cadenas, mucha especulación, ni muertos dicen (ni a la familia ) en que trabajan realmente “Allá”; los días transcurren para ellos y ellas entre gozaderas, dando algún que otro regalito a los amigos, siempre con el aire del que triunfó. Entre los que nos reciben están los familiares y amigos verdaderos que ansían vernos, no importa que haya o no regalos ni pachangas; se contentan con sentarse a conversar del barrio y escuchar las historias de “afuera”; están también los que ,como piratas cuchillo en boca están a la caza de ver que se les “pega”, esos ni se ponen a pensar cuanto esfuerzo y trabajo necesitó el “visitante” para ahorrar el dinero del viaje. Irina, siempre me mantengo al tanto de tus post, hoy no dejaré de decirte que eres una “locota” (con todo respeto), pero también hacerte saber que tienes un gran corazón, eres buena persona. Un beso.

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    • Irina, el comentario es mío (Kamikaze), al parecer tecleé mal y escribí ue (que no tengo nada que ver con la Unión Europea ajajajaj)

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  • Esa realidad seguirá así por mucho tiempo. Las generaciones están podridas y acostumbradas a ese método, amén de la necesidad de demostrar poder y maltratar al prójimo porque no tienen el valor de enfrentarse al verdadero culpable de casi todos los males Que sufren los cubanos y cubanas dentro y fuera de Cuba.

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  • es como dicen muchos en la viña del sr hay de todo y asi sucede tengo familia que viene a cuba y es sencilla otros amigos vienen y ostentan,,,,no siempre aca las cosas funcionan bien y eso lo sufrimos todos y siempre hay los vivos que sacan ganancia de las necesidades y tienen muchas miserias humanas Tampoco fuera de la isla todo es color de rosa,,,,,hay quien vuelve y se le olvida lo que vivio aca y es dificil pretender que las cosas cambien para bien ,,,,rapido y con mayores carencias

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  • Entiendo que hay tantas razones para los cubanos que emigran de que el regreso les resulte controvertido, algunos llegan a sentirlo como una verdadera carga, pero la mayoría de los que conozco disfrutan poder volver y quisieran hacerlo con más frecuencia. Para algunos incluso la experiencia de venir equivale a recuperar fuerzas, reencontrarse con cosas esenciales… Todo es muy relativo.

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  • Muchas cosas han cambiado en Cuba desde que me fui hace 37 anos, pero entre lo que no ha cambiado en absoluto esta la total falta de respeto por los derechos humanos y especificamente el de los cubanos que viven fuera. Quienes quieren regresar a ver a sus familiares, o a un amigo, o simplemente porque les da la gana de regresar por una semana a su pais natal, se encuentran indefensos ante un gobierno que por una parte os desprecia, por otra los envidia y finalmente se aprovecha de lo que ha ganado con su esfuerzo. Es un atropello indignante que no indigna a ninguna potencia extranjera ni a ningun ONG o grupos solidarios que lo toman ya como algo normal. Si, es cierto, es normal para una satrapia abusiva.

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  • siempre voy a recordar cuando venia a cuba con mi esposa española, aunque traiamos las maletas en un solo carrito, luego eso lo cambiamos aunque encontrar un carrito era un dolor de huevo en sí, nos hacian dividirnos bajo el grito, “los cubanos pa acá los otros que pasen”, igual la calderilla que ella traia en contra de mi voluntad para repartir pues desde que se bajó del avión la primera vez hasta que yo logré pasar los controles de la aduana más de 3 personas le pidieron limosnas, trabajadores del aeropuerto, no pordioseros.

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  • Pues yo, voy cada vez que puedo, voy a nuestra isla. Y me comporto lo más “normalito” que se pueda que tampoco significa volver a comportarme como el “Juan sin nada” que siempre fui muy a mi pesar; no obstante a ser un muy excelente profesional -por eso me fui tumbando- , sino que actúo con cierto decoro y modestia, pues mi familia y amigos viven en Cuba. Sin embargo, la última vez que estuve -hace relativamente poco- la pasé , como es habitual, muy bien con los mios, pero -y ojalá no me equivoque- vi en muchas personas más pérdidas de valores que la vez anterior que estuve: noté más vulgaridad, más despreocupación por la asignatura país; e, incluso, la existencia de grandes diferencias en cuanto a trato, saludos, diginificación, entre los cubanos que viven en la isla. Hay una capucha -de capa social- de “mejorados económicamente” (que no ricos) quienes tratan a sus semejantes, de forma humillante y hasta los miran con arrogancia fanfarrrona por encima de sus hombros. Solo por vestir con ropitas extranjeras ” -de bastante mal gusto por cierto-, oler a pefumes agradables, pero sé que baratos por estos lares capitalistas y -la joya de la corona- mostrar sonoramente su “último” móvil – la copia de la copia proveniente de China- . Me quedé de piedra.

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  • Irina te comento en buena lid: eso no le sucede exclusivamente a los cubanos radicados en el extranjero, eso le pasa a los residentes a los extranjeros y a todo mundo, nadie se salva de las malas formas, de las malas experiencias, de la mala atención, de la cerrazón con la que actúan funcionarios públicos de bajo nivel pero que se sienten con poder. Todo mundo está sometido a eso. La suciedad y la mala calidad de los alimentos que venden en la calle, los precios inalcanzables de los restaurantes y las pocas opciones verdaderamente alternativas alejan cada vez más a cubanos que viven fuera y a visitantes extranjeros.

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