Educación artística en Cuba: otra cara de la moneda

Por Zoila de la Cruz

HAVANA TIMES – No caben dudas de que el sistema de Enseñanza Artística en Cuba es un referente a nivel internacional. Desde enero de 1959, como parte de la nueva política cultural revolucionaria, el arte y la literatura se pusieron al alcance de todos y las capas más humildes de la población, por vez primera, tuvieron la posibilidad de ver materializados sus sueños de convertirse en artistas, bailarines, músicos, pintores, arquitectos o cineastas.

Lo anterior ha traído como consecuencia que cada día sea mayor el número de niñas y niños que quieran estudiar en una escuela de arte. Uno de los procesos más engorrosos que enfrentan, tanto padres como alumnos es precisamente el momento cuando tienen que realizar los exámenes de actitud.

Por poner un ejemplo, el pasado año se presentaron a los exámenes de ingreso en la Escuela Elemental de Música Manuel Saumell, del Vedado habanero, más de doscientos aspirantes para solo una veintena de plazas.

Se podrán imaginar el nivel de estrés que eso generó entre los candidatos.  A lo anterior se suma que el día del examen final la dirección de la escuela citó a todos los alumnos a las 8 de la mañana, en lugar de hacerlo de manera escalonada. Como no había ni orden ni concierto, finalmente, se impuso la ley del más fuerte y los hijos de los trabajadores fueron los primeros en examinarse.

Aunque en general predominó la imparcialidad por parte de los tribunales evaluadores, siempre hubo sus sorpresas y “aparecieron” con plazas otorgadas para determinados instrumentos para hijos de trabajadores de la escuela y otros niños que no se sabe de dónde habían salido.

La realidad adentro

Hace unos días atrás viajaba en un ómnibus mientras escuché a dos maestros de experiencia que comentaban: ya nada es igual que antes en las academias. Se ha perdido el respeto hacia los docentes por parte del alumnado. Los buenos profesores ya no están en la escuela.

Durante muchos años el profesorado de esas instituciones ofreció a sus pupilos una preparación de excelencia. Hoy los grandes maestros que formaron a reconocidos músicos cubanos se han jubilado y, en muchos casos, integran el actual claustro de profesores jóvenes inexpertos, recién graduados o que incluso se encuentran realizando su Servicio Social.

Todavía quedan algunos buenos profesores en las escuelas de música, pero son los mínimos. Ahí está precisamente uno de los retos de la Enseñanza Artística hoy en la Isla: ¿cómo mantener un adecuado nivel de preparación dentro del profesorado que enseña las distintas especialidades?

En la escuela se les imparte clases a los educandos a un ritmo casi similar al de los estudios superiores de música. Ningún maestro se detiene a aclararles las dudas a niños, que, por primera vez, se enfrentan a difíciles materias como piano complementario, solfeo y el instrumento seleccionado por el alumno. Si el pupilo no entendió el contenido, ese es su problema y, por supuesto, el de sus padres.

Se supone que si un niño estudia en una escuela de música tiene maestros particulares que lo prepararon para entrar allí y esa preparación se mantendrá hasta que llegue a la universidad, porque las clases en la Academia, en algunos casos, son tan malas que no podrá graduarse de ella sin tener “ayuda” exterior.

¿Y quiénes son los maestros y maestras particulares que “ayudan” a esos pequeños? Por supuesto que los profesores jubilados que ejercen ese trabajo por cuenta propia, sin pagar impuestos, claro está. Una hora de clase particular hoy cuesta de 2 a 3 cuc (50 y 75 pesos moneda nacional). Al menos, los niños reciben buenas clases y quizás serán buenos músicos, pero, a ¿qué costo y sacrificio del bolsillo materno y paterno?

Entonces, me pregunto, si ya existen algunas academias de música particulares ¿por qué no validarlas como unidades docentes y que su título sea reconocido?  Conozco a un muchacho que no pudo entrar al sistema de Enseñanza Artística, se ha formado durante años con profesores particulares y hoy trabaja como profesional en una orquesta. ¿Cuál es la diferencia de él con otros? Pues solo que no tiene un título reconocido, porque, en questión de saberes musicales, es igual a cualquier muchacho que hoy estudia en una escuela estatal.

Otro aspecto que no se puede pasar por alto es el de los docentes que imparten asignaturas no artísticas como Matemáticas, Español, Historia, Educación Cívica, Inglés, Ciencias Naturales, entre otras imprescindibles para la cultura general integral de cualquier ciudadano.

A casi ningún padre le preocupa que su hijo no sepa nada de esas materias, porque los docentes que las imparten dejan mucho que desear. Todo se resuelve con un buen regalo y así estará garantizada la nota del alumno. El tiempo les pasará la cuenta a esos futuros artistas incultos y semianalfabetos que no sabrán escribir ni expresarse correctamente como ya está demostrando la realidad actual.

Por otra parte, existe una gran violencia extra verbal en esas instituciones escolares. Los padres más poderosos “llegan en sus flamantes carros” donde sus hijos cargan con prepotencia sus maletas, tables y celulares de última generación. No importa si les pasan por el lado a los hijos de Dios, sus colegas de clase, que se trasladan hacia la escuela en ómnibus nacionales donde no cabe un alma más.

Los maestros solo hablan y se muestran serviles con esos padres poderosos y sus hijos. A los demás ni los miran. Los padres empoderados –ya sea por su económico o porque son trabajadores de la escuela–, exigen que todo el mundo entregue diez cuc o 250 pesos anuales para las fiestas escolares. Además, cada progenitor debe contribuir a esas actividades con refrescos, dulces y otras golosinas.

Si un progenitor les explica que su salario no le alcanza para pagar maestros particulares, hacerles regalos a 14 docentes y entregar 25 pesos moneda nacional todos los meses para las fiestas de la escuela, tanto él como su hijo serán objeto de burla, recibirán el repudio colectivo o el desprecio de profesores y maestros.

Así es el día en una escuela de arte cubana. Una realidad muy dura para los padres con bajo poder adquisitivo y para los niños que sueñan con ser músicos en un futuro.

El sistema de Enseñanza Artística nacional sigue siendo un referente. Nadie lo pone en duda, pero me preocupa sobremanera cómo, poco a poco, se está perdiendo el legado y los valores de quienes lo fundaron.

Un comentario sobre “Educación artística en Cuba: otra cara de la moneda

  • si el problema fuese solo en las escuelas de arte habría esperanza, pero en las universidades en están entrando hoy alumnos que no tienen conocimientos ni para pasar un examen de 9no grado y lo peor no es eso, muchos de los profesores de las universidades tampoco pasarían dicho examen.

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