Yanelys Nuñez

Yanelys Nuñez Leyva: Escribir es exponerse, desnudarse ante la mirada inquisitiva de todos. A mí me gusta escribir, no porque haya desarrollado una verdadera afición por el nudismo, sino porque me fascina componer palabras, pensarme historias, frases que conmuevan, imágenes que provoquen disímiles sensaciones. Aquí tengo un espacio donde hablar de arte, de la vida, de mí. Al final, sentirse bien con lo que uno hace es lo que importa; ya sea con ropa o sin ella.

Día Internacional del Compañero que me atiende

Yanelys Núñez Leyva

HAVANA TIMES – La antología “El Compañero que me atiende” fue presentada el pasado 22 de noviembre en el Museo de la Disidencia en Cuba.

El hecho ya está escrito en las redes sociales, en diarios digitales, en la memoria de los que asistieron – escritores, rapers, activistas, periodistas, promotores culturales, actores – y en los ojos curiosos de los vecinos del barrio de San Isidro.

Algunos habían creído que era un evento imposible de hacer. Y con su merecida razón, pues tan solo en las últimas tres semanas importantes acciones de abuso por parte de la Seguridad del Estado Cubano se han sucedido: las presiones para deslegitimar la #00 Bienal de La Habana mediante falsas acusaciones y secuestro; la prohibición de entrada a la galería el Círculo para asistir al monólogo Los Enemigos del Pueblo (dirección Miguel Coyula, actriz: Lynn Cruz); la cancelación de dos presentaciones programadas de Máquina Hamlet, en Santiago de Cuba, por el grupo Perséfone Teatro…y, por supuesto, hay que contar el miedo ya inoculado en muchos artistas que les impide participar en el ya concluido primer taller del Instituto de Artivismo Hanna Arendt, que organiza Tania Bruguera.

– Ademas de los ya usuales arrestos y restricciones injustificadas de salidas del país en contra de periodistas y activistas políticos-.

Pero cuando Luis Manuel Otero, uno de los autores del Museo de la Disidencia, conversó con Enrique del Risco (La Habana, 1967), editor y compilador de El Compañero que me atiende, creía que iba a poder hacerlo, pues trabajamos con la certeza que este proceso que está viviendo el mundo del arte de la isla es parte de una transición hacia otro espacio de pensamiento, mucho más libre.

Nuestra principal colaboración o aporte a este proceso es trabajar en obras de arte o proyectos culturales que motiven la reflexión política acerca de nuestro entorno, que ayuden a erradicar el miedo, que fomenten la libre creación. Esta antología, que incluye a más de 50 autores cubanos, todos por voluntad propia, amén de las posibles represalias, se encuentra en este radio de acción.  

Enrisco entiende este libro como una suerte de reconocimiento al aporte que han dado los órganos de la Seguridad del Estado cubana a nuestra literatura[1], y cataloga lo allí recopilado como parte de un nuevo género, el totalitario policíaco, denominación cercana al policíaco totalitario, versión totalitaria del policíaco occidental o, si se prefiere, versión policíaca del realismo socialista.[2]

Pero más allá de calificaciones, la antología es verdaderamente atractiva por el tema que asume, el del seguroso que muestra o no su carnet del DTI y es encargado de rescabuchear al ciudadano común. Voyeour que no le molesta poner la cara para la represión, la encarcelación o el “diálogo amistoso, proteccionista, conciliador”. 

Los textos, algunos escritos para la ocasión y otros ya publicados, se disponen de forma cronológica  partiendo del propio año del triunfo de la Revolución, 1959, hasta después de los 2000.

La vigilancia, el interrogatorio, la intimidación, la invitación a “colaborar”, el reencuentro con los vigilantes muchos años después, casi siempre en otras funciones distantes de la original y los arrestos;[3] forman parte de esa multiplicidad de aristas que han interesado a los escritores involucrados en este proyecto, algunos de ellos víctimas de varias de estas manifestaciones que emprende el acosador oficializado.

El compañero que me atiende es un libro necesario. Su existencia es un importante recurso para frenar la paranoia, la doble moral, la hipocresía, la persecución. Es un noble paso para comenzar a reconstruir Cuba.

Es por esto, que el Museo de la Disidencia propone declarar el 22 de noviembre como el Día Internacional  del Compañero que nos atiende. Esos hombres – víctimas (a la vez que victimarios) de un sistema que ha dañado su humanidad, su sensibilidad, la dosis de honestidad que nos acompaña a todos.

Y creo, más allá de lo jocoso o insultante (para algunos) que pueda resultar esto, que dedicarles este día, cada año, más que ennoblecerlos, sería un recordatorio para todos, de la necesidad de la unión para combatir la dictadura de una persona sobre otra(s) y de no cejar en la lucha por la libertad individual.

Queremos que cada 22 de noviembre sea una celebración del NO MIEDO y del aborrecimiento colectivo hacia todos aquellos que envilecen la naturaleza humana.

——

[1]     Prólogo de El compañero que me atiende por Enrique del Risco (compilador y editor) Editorial Hypermedia, 2017.

[2]     Idem

[3]     Idem

4 comentarios sobre “Día Internacional del Compañero que me atiende

  • Excelente artículo.
    El 22 de noviembre podría ser “el día internacional del esbirro cubano”.El eufemismo del “compañero que me atiende” no es entendible para el resto de la humanidad que no haya vivido en una dictadura totalitaria. Sin embargo el esbirro cubano, lo entienden en todas las latitudes.Y en realidad el “compañero” es una persona pagada por el estado para reprimir desde la libertad física hasta la espiritual coincidente con la palabra esbirro en el diccionario de la RAE.

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  • Excelente iniciativa. Esto los descoloca y pone a la policia politica frente a los reflectores de la opinion publica nacional e internacional. Dictadura de porqueria que gasta los pocos recursos del pais en financiar un aparato represivo para amordazar la voz del pueblo.

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  • recomiendo ver la película “La vida de los otros”. A cada rato comento que Cuba se parece hoy a un paso del 2018 a lo que se vivía en la extinta RDA en sus últimos años a finales de los 80′

    Si algo aprendí en Cuba en mi proceso de salida del país es que el G2 aparenta saber mucho mas de lo que realmente sabe, llevan ese manto misterioso de que lo controlan todo y lo saben todo pero no es así, es mas lo que suponen que lo que realmente saben. La STASI y la KGB son hoy museos, reliquias del pasado y el G2 cubano no es muy diferente a los almendrones que contaminan con sus motores petroleros o un edificio descascarado y apuntalado de la habana vieja… aun funcionan pero a duras penas.

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