Paula Henriquez

Paula Henríquez: Desde pequeña me han dicho que debo tener cuidado con lo que digo en público. “Piensa antes de hablar, sobre todo delante de los demás”, me decía mi mamá y, entonces, resultaba más un ruego que un regaño. Aún hoy la escucho… y la cumplo, solo que no hablo… escribo. Las letras, las palabras son mi escape, mi salida y las catarsis diarias, las que imprimo en el papel, me reavivan. Y esta foto… me refugia.

Una mano amiga

Por Paula Henríquez

Dos mujeres en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano.  Foto de archivo: Juan Suarez

HAVANA TIMES — Un día regresaba de una de las tandas del Festival de Cine de La Habana. Iba sola; entonces no necesitaba a nadie más para desandar el barrio capitalino del Vedado, de cine en cine, mochila al hombro y programa en mano, persiguiendo cuanta película pudiera ver en escasas 8 horas.

El camino estaba oscuro, me había agarrado la noche como otros días y caminaba confiada. No me faltaba mucho para llegar a casa, cuando noté una figura oscura que venía en dirección contraria. Pensé en pasarle de lado, pero él no tenía la misma intención. Él pretendía algo más, porque enseguida quiso acercarse más y más.

Asustada, logré adelantarme y llamar a alguien que, en ese momento, pasaba cerca. La mujer me acogió un tanto asustada también y me llevó hasta su casa. Allí me ofreció su teléfono para llamar a la mía.

En lo que esperaba a que fuera mi padre a buscarme, conversamos sobre las intenciones del misterioso hombre. A ciencia cierta nadie puede saber qué pretendía. En ese instante no me preocuparon sus propósitos, solo estaba aliviada de haber podido alejarme, pero, si de esa forma yo casi infarto, ¿qué serán de las otras chicas cuyas experiencias fueron… horrendas?

Este post viene a propósito de haber leído recientemente Yo también: violencia de género en La Habana, de Conner Gorry. Esa clase de violencia es un tipo más de machismo y en Cuba se vive a diario. Desde los piropos malintencionados hasta los atrevidos que tocan donde no deben, hasta los que se ponen a vigilar a las muchachas que pasan por el mismo lugar todos los días y podría seguir mencionando casos del mismo corte.

Solía pensar en qué hubiera ocurrido esa noche si esa mano amiga no hubiera aparecido. No quiero ni imaginar ahora mismo lo que pudo haber pasado. Ahora que soy madre, entonces pienso en las jovencitas, en las niñas y en los niños que tienen que sufrir cualquier tipo de violencia.

Por eso yo también me sumo al NO a la VIOLENCIA de cualquier índole, en especial a la de género.

 

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