Un instante con la joven cineasta Marta María Borrás

Por Paula Henríquez

Marta María Borrás

HAVANA TIMES – Marta María Borrás presentó Un instante en la más reciente edición del evento que reúne a jóvenes realizadores cubanos y se llevó el Premio a Mejor Ficción, Mejor Guión, Dirección, mientras que su equipo obtuvo el lauro como Mejor Actuación Femenina.

Aunque permanece muy vinculada al mundo teatral, siempre encuentra un espacio para el cine. En estas líneas nos habla del corto y también sobre su vida, su cine y, ¿por qué no?, sobre sus sueños.

HT: Marta, ¿cómo surgió Un instante?

Marta Borrás: Después de mi primer corto, París, puertas abiertas (2014), sentía que habían quedado cosas que me interesaban explorar. Algunas, las había intentado trabajar en París…, pero no estaba satisfecha, sabía que las tenía que seguir investigando. Por otro lado, aprendí mucho filmando ese primer trabajo. Desde la fotografía, la edición, los actores. Yo no tengo formación en cine, y cada proyecto es un taller muy intenso de aprendizaje para mí. Luego de la primera experiencia tenía más herramientas para intentar probar las cosas que me llamaban la atención.

Como directora y guionista me interesa mucho que mis trabajos no tengan una historia cerrada, sino que intento abrirla a múltiples lecturas. Ese es un ejercicio muy difícil, y
siempre es un intento. Pero me gusta que sea una obra abierta, en la que el espectador pueda construir cosas desde su percepción, su sensibilidad. Por ejemplo, al inicio no sabemos bien quién está parada con el vestido rojo, ni qué espacio es. Es algo a lo que el público debe darle una respuesta, un sentido.

También trabajo con recursos como los dos vestidos casi iguales, del mismo color, creo que son técnicas que se apartan un poco del realismo, y conducen a pensar un poco en esa coincidencia.

Me interesa la tendencia hacia una comunicación sensorial más que racional. De ahí la labor con la imagen, los colores, las formas (redondas y rectangulares), la sensualidad, los cuerpos desnudos, las imágenes de Edward Hooper. Claro, esto siempre es una tentativa. Siento que cada trabajo es un ejercicio en este sentido, y nunca estoy complacida, siempre aprendo  cosas nuevas.

Por otro lado, Un instante, parte de un cuestionamiento personal: ¿sería posible por un instante hacer un deseo realidad? Y de algo que me obsesiona: la arquitectura cubana. En este caso quería enfocarme en los edificios prefabricados, la arquitectura funcional para los trabajadores y obreros -en un segundo momento construidos por ellos mismos con las microbrigadas. Estas (micro) ciudades para los trabajadores son hoy espacios de poco valor estético y social. Cientos de edificaciones homogéneas, panales grises e incómodos, donde nadie quiere vivir. ¿Qué fue entonces del sueño que los provocó?

En el plano personal, pienso en mis padres, que fueron los que hicieron esos espacios. Construyeron con sus manos, diariamente después de terminar su horario laboral, el inmueble donde hoy viven, donde hoy no quisieran estar, pero resisten, y siguen cumpliendo con su jornada laboral, y llegando a casa cansados. Construyeron para mí, para que en un futuro yo tuviera mi propio cuarto. Pero siempre odié el edificio, y en cuanto pude, me fui.

Los personajes de la historia son mis padres. Es mi madre: sola, divorciada, aburrida, trabajando en algo que no le gusta. La muchacha, soy un poco yo. Cada día siento que me parezco más a mi madre, que dentro de algunos años estaré como ella: sola, divorciada, aburrida, trabajando en algo que no me gusta. Entonces, ¿dónde queda la sociedad del futuro que me erigieron mis padres?

Mis personajes son dos mujeres sencillas, atrapadas en sus vidas, en sus soledades. Dos mujeres cubanas y, a la vez, de cualquier lado. Ellas necesitan construirse para sí mismas una ilusión, algo que las ayude a salvar el vacío de sus cotidianidades.

Tal vez, ese pequeño momento de ilusión, de salvación, está dentro de ellas mismas: en la liberación de sus deseos eróticos, en su belleza redescubierta, en fumarse un cigarro tranquilamente. Ambas saben que la vida continúa más allá de ellas, y se lleva esa sensación de que queremos otra cosa distinta a lo que tenemos.

En el fondo, no me importa parecerme a mi madre, ella ahora ha aprendido a crear con sus manos, luego del horario laboral, pequeños momentos que la ayudan a continuar viviendo.

HT: ¿Ya tienes conformado el equipo de realización a la hora de comenzar algún trabajo? Si es así, ¿cómo realizas este proceso? ¿Qué tienes en cuenta?

MB: En este caso sí. Ya tenía una comunicación muy estrecha con gran parte del equipo con que trabajé París… Quería probar cosas nuevas y volver sobre otras que no habían funcionado, como expliqué, para ello la relación que habíamos logrado era fundamental, ya nos entendíamos, hablábamos un mismo lenguaje, no había que empezar de cero. Además, yo los admiro mucho como profesionales, el trabajo se construye desde el equipo.

HT: ¿Qué significa para ti presentar tus obras en la Muestra de Jóvenes Realizadores?

MB: En algún lugar dije una vez que yo soy hija de la Muestra Joven, lo dije así, sin pensar mucho, y luego reflexioné sobre ello, y es la verdad. Primero, mis proyectos han sido apoyados por Haciendo Cine, y luego los he estrenado ahí. Eso les ha abierto un camino a festivales y premios.

Me acerqué a la Muestra porque me parecía un espacio donde podía encontrar reflexiones muy interesantes sobre Cuba, su realidad. Todavía voy al cine cuando hay Muestras y veo todas las tandas, y siempre descubro cosas nuevas sobre mi Patria, que me hacen repensarla. Eso es algo que me hace volver, un compromiso con la Cuba actual, sus procesos políticos, sociales. El día que no me haga pensar más, pero desde la problematización, lo incómodo, no me interesaría. Para mí es uno de los espacios que me convidan a reflexionar Cuba y sus muchos contextos.

Por ello, es donde más me gusta confrontar mis trabajos. Me gusta el tipo de espectador que va, una semana cualquiera a las 3 de la tarde a ver qué hacen los jóvenes, los otros, a ver cortos (con disímiles facturas) y no “películas”. Hay un interés en ese acto que me atrae y que respeto.

HT: ¿Qué crees que podría cambiar, mejorar en dicho evento? ¿De qué carece? ¿Cuáles dirías son sus puntos fuertes?

MB: Bueno, creo que algo que sigue siendo su centro es promover, visibilizar, situar en el contexto cultural cubano un tipo de producción cinematográfica. Cuando utilizo el término producción me refiero a varias cosas: los audiovisuales hechos por gente joven, que comienza y, en tanto, tiene pocas oportunidades de presentar sus trabajos; los lenguajes y las estéticas que se investigan, siento que este espacio permite mejor que otros mostrar y posicionar otras formas de hacer cine; y los modos en que se producen estos materiales, muchas veces desde una producción independiente, colaborativa, familiar, personal, de bolsillo.

Esta visibilización se hace desde varios lugares: uno, desde las salas de cine; dos, desde espacios como su periódico, Bisiesto, o los debates que se producen en el Moviendo Ideas. Para mí, una de las cosas más útiles e importantes es, además de mostrar (un producto audiovisual), pensarlo, problematizarlo, crear posibles espectadores y acompañantes de estos procesos. Podría decir promoverlo, pero desde dónde, a quién, qué responsabilidad implica esto.

De Un Instante

Por ello, me parece muy importante el trabajo desde el Bisiesto, pienso en las secciones donde expresan su opinión los propios creadores, los ensayos (y no simples críticas) sobre los materiales, los especialistas que se convocan a escribir y cómo escriben respecto a lo que se está haciendo desde el audiovisual. Creo que ahí hay un compromiso con posicionar un tipo de pensamiento, y otra manera de acercarse a los modos de producción.

Las carencias, pues, no sé. Identifico mejor las propias del audiovisual cubano, las precariedades (de muchas índoles) en la manera en que se producen los materiales, las necesidades de más fondos de fomento para el cine cubano.

Esta última, por ejemplo, es una muy urgente, como una alternativa la Muestra y, específicamente, Marisol Rodríguez creó el espacio Haciendo Cine, donde lo que más funciona es la colaboración.

Y pensar que la producción colaborativa es una opción que está muy bien, para no detenernos. De hecho, la propia manera de poder gestar ese espacio y los futuros apoyos a los proyectos, se hace desde la propia instancia de la colaboración, la economía de los afectos, la hipervinculación de recursos. Pero, por supuesto, ello no puede suplir la necesidad de mayores apoyos, también para lograr mejores resultados.

HT: ¿Qué propondrías tú, como joven realizadora que se ha presentado en varias ocasiones al evento, para mejorar este?

MB: Mayor profundidad en los debates. Para mí es fundamental un espacio como Moviendo Ideas, y es una pena que en ocasiones no tenga toda la capacidad de debate, la profundidad de diálogo que podría.

También, me interesa mucho cuando descubro otros lenguajes estéticos, creadores con propuestas muy diferentes a lo que acostumbramos a ver en el audiovisual cubano. Y creo que eso hay que potenciarlo, resaltarlo. Decir, aquí hay algo importante, tal vez en ciernes, por continuar investigándolo, pero hay que prestarle atención.

HT: Cuáles dirías que son los puntos de encuentro entre el cine de los jóvenes y el de los no tan jóvenes? ¿Cuáles de ruptura?

MB: Uf, me cuesta mucho pensar desde ahí, es decir, lo joven y lo no tan joven. Hace unos días veía nuevamente Memorias del subdesarrollo, ¿que no hay allí que no sea absolutamente contemporáneo? La veía porque cuando emprendo un proyecto comienzo a mirar obras que me inspiren (películas, cuadros, performances, etc.). Encuentro allí muchas respuestas a lo que me comienzo a plantear.

Algo parecido me pasó cuando llenaba el formulario para un festival, me pedían que escribiera tres películas que me habían marcado recientemente. En ese punto me pregunté si recientemente se refería a películas que había visto hacía poco (de cualquier época) o a las que se habían hecho en los últimos años.

Eso me paralizó, porque debía poner La obra del siglo, de Carlos Machado, al lado de Jeanne Dielman, calle 23 del Comercio, 1080 Bruselas, de Chantal Akerman. Para mí la linea del tiempo en el arte (o viceversa) no es lineal sino más parecida a la idea de historia de Foucault, islas flotantes. Los puntos de encuentros son todos aquellos choques que puedan suceder (porque no siempre los buenos encuentros son complacientes), y según nuestra mirada personal.

¿Los de ruptura? Particularmente, me gusta la producción diversificada. Es decir, que haya muchas producciones y productoras, si quiero hacer un proyecto buscar la manera de llevarlo a cabo. Creo que eso ha diversificado y pluralizado el audiovisual cubano. Por supuesto, no todo tiene calidad, pero más personas pueden hacer, aprender, proponer. Ha dinamitado el cine cubano como un bloque cerrado, lo ha proyectado hacia muchos lugares. ¿Para bien, para no tan bien? No lo sé. Pero el contexto mundial cambia, Cuba cambia, el cine cambia, los públicos cambian. Repensar el cine, sus instituciones, sus maneras de producirlo se hace urgente, en aras de incluir todos los procesos que se han dado de manera natural, por la necesidad de seguir haciendo cine.

Como te decía, las rupturas estéticas, de lenguaje, siento que corresponden más a artistas específicos, que a momentos o a generaciones. Sin embargo, el modo de producir los audiovisuales, ha variado muchas cosas en nuestro contexto: más participación, más diversidad, otros diálogos colaborativos, otros apoyos, otros espacios. Y creo que es pertinente pensar y entender el cine cubano desde esa dinamización.

HT: ¿Crees que los jóvenes cineastas de hoy se sienten tenidos en cuenta? ¿Por qué?

De Un Instante

MB: Solo te puedo hablar desde mi perspectiva, no como grupo o generación. Y depende de lo que cada cual entienda por ser tenido en cuenta: ¿tener un espacio donde exponer sus materiales?, ¿ser invitado a un festival?, ¿ganar un premio?, ¿ganar un fondo para hacer su obra? Además, quién debería tener en cuenta a un creador: el público, las instituciones, los programadores. Es un terreno muy complejo.

En mi experiencia, he podido realizar los dos proyectos que he querido hacer. Con apoyos muy diversos de Cooperativa Producciones, Haciendo Cine, la Muestra Joven, el ICAIC, el Fondo Noruego para el Cine Cubano, el Go-Cuba. Y sobre todo con la voluntad y el apoyo de todo el equipo.

En realidad, hacemos este proyecto porque queremos hacerlo, con nuestra voluntad por delante. Los he puesto en el cine Chaplin y en el 23 y 12, dentro de la Muestra Joven. También en televisión me han dedicado programas como realizadora (aún cuando solo he hecho dos cortometrajes). He ganado premios que me han sorprendido mucho, como el Premio de Mejor Ficción de la Muestra Joven y el Premio Por Primera Vez, uno muy bonito. Varios periodistas se me han acercado para hacerme entrevistas, otros me han dicho que estudian mis materiales, en ese punto siempre dudo y pongo cara de escéptica. Y sobre todo, tengo un equipo de trabajo con el que quiero seguir probando cosas, ahora mismo estamos trabajando en un proyecto que no sabemos aún cómo lo vamos a poder financiar. Pero confío en mi productor, Ricardo Figueredo, y en el equipo.

HT: ¿Es difícil el trabajo de un joven cineasta en Cuba? ¿Por qué?

MB: Sí, por supuesto. El próximo trabajo siempre es una incógnita, cómo buscar su financiamiento. Son pocos los espacios que apoyan materialmente, mínimos los fondos de ayuda (se reducen a dos o tres) y mucha gente con buenos proyectos para apoyar. Pero algo parecido me sucede con el espacio que coordino desde el teatro la plataforma LEES (Laboratorio Escénico de Experimentación Social), cada año es una incógnita desde la producción, más si te interesa hacer una producción diversa, que vincule varios espacios, creadores, instituciones. Es difícil crear una obra, sobre todo, porque es un acto de interés personal, cuando mucho, de una pequeña comunidad.

Un comentario sobre “Un instante con la joven cineasta Marta María Borrás

  • En mi opinión, Cuba seguirá siendo el vertedero que es mientras se siga teniendo la actitud como la de ésta cineasta, Eso de que: “ yo sólo te puedo hablar desde mi perspectiva, no como grupo o generación, y depende de lo que cada cual entienda por ser tenido en cuenta”.

    Estaré interpretando mal éste statement?, o claramente a la cineasta le acaba de pasar lo que les pasa a todos los que ‘quieren nadar sin mojarse la ropa’? ..que al final con tantas ‘explicaderas’ terminan siendo víctimas de la verdad que deja al descubierto que “ese terreno no tiene nada de complejo”, que el “tener un espacio donde el artista pueda “exponer sus materiales” , lo decide sólo y unánimemente “El Estado Dictatorial Cubano”, …que sólo con el “apoyo” (que ella recibe) como bien nos dice la entrevistada, -permiso diría yo- del ICAIC es que un artista puede “realizar su proyecto”, o puede asistir a la invitación que le hagan a cualquier festival, o que pueda beneficiarse de los fondos extranjeros destinados para esos propósitos, es más, que es vergonzoso que ni siquiera con tus propios fondos privados en la Finca Feudal de los Castro se puede realizar ningún proyecto si no es aprobado por el régimen. Dónde es que ‘existe’ la artista que no sabe de las agresiones contra Luis M. Otero Alcántara, de Yanelis Núñez, de Cremata, de Tania Brugueras y Eduardo del Llano por sólo mencionar unos de los más recientes, aunque yo creo que está de más mencionar a nadie, total, ya la ‘creadora’ nos dejó claro que no le afecta lo que pase a su alrededor, cada cual que se la arregle como pueda.., y así seguimos y seguiremos.

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