Bar Rosi, donde la gente se encuentra y se quiere

By Vicente Morín Aguado

Bar Rosi

HAVANA TIMES – Recientemente un amigo del bar Rosi, cliente consuetudinario, sufrió un ataque al corazón, era el tercer suceso en sus 60 años; todavía está ingresado en el hospital Freyre de Andrade, de Centro Habana, le llaman Hospital de Emergencias. Poco común en estos tiempos de tanta insensibilidad, sus compañeros del bar Rosi organizaron una colecta, comprándole jugos naturales al enfermo.

“El Rosi”, así le dicen en la comunidad La Victoria, se ubica privilegiadamente en la esquina de Subirana y Desagüe, un punto muy concurrido del vecindario, porque al frente tiene un mercado agropecuario de gestión estatal y al lado una tienda múltiple que ofrece en divisas, al por mayor, bebidas, algunos alimentos y materiales de construcción para viviendas.

Varias empresas ubicadas en la zona completan la concurrencia de usuarios que al típico estilo de los cubanos, se dan un salto al bar para refrescar la mañana, la tarde y hasta la noche. Lo llamativo son las relaciones que con el tiempo van haciéndose entre la numerosa clientela.

El Rosi era una abandonada cafetería estatal, ahora regenteado por cuenta propia, luego de ser eficazmente remodelada con el esfuerzo de sus nuevos administradores. Salta a la vista la diferencia entre el antiguo tugurio y la belleza del diseño actual, además de la amplia oferta en bebidas y licores, aptos para todas las edades y gustos.

Es difícil llegar y marcharse sin consumir, inclusive, cuando un amigo carece de recursos siempre aparece otro capaz de brindarle un trago, la solidaridad se impone en todo momento. Acompaña la música cubana grabada, oferta de los dos cantineros— bar man— que se turnan día a día.

El televisor a disposición de los presentes ofrece videos musicales, pero prioriza los deportes, en especial el fútbol internacional y el béisbol nacional, creando el ambiente propicio para las agudas polémicas características de la idiosincrasia nacional.

Son frecuentes las visitas de turistas rentados en las numerosas viviendas que prestan el servicio legalmente en la zona. Se van complacidos porque les cobran en moneda nacional, similar precio al de los nacionales, de paso, intercambiando con los presentes la polémica realidad de Cuba.

Predominan personas de pasados los 40, aunque no se excluyen los jóvenes del barrio, en respetuosa armonía con los aquí llamados “puros”, es decir, hombres de la tercera edad si es que tal edad existe realmente.

Un rasgo distingue a los bebedores, al llegar es norma dar la mano a cuantas personas, sin distinción alguna, estén presentes. Nadie obvia semejante atención hacia sus coterráneos.

Llegar una vez a El Rosi es como para no irse nunca, ahí radica su magia y el éxito de quiénes ahora, desde el trabajo por cuenta propia, promueven y realizan esta iniciativa gastronómica.

Vicente Morín Aguado: ememultiplicada@nauta.cu

Un comentario sobre “Bar Rosi, donde la gente se encuentra y se quiere

  • Me parece ciencia ficción en aquella isla tan vulgarziada, pero; en este caso, quisiera ser un OVNI y poder disfrutarlo.

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