Detrás de La Habana oculta: Palabras de Daína Chaviano

“La vida se hace cada vez más corta y quiero aprovecharla al máximo” 

Por Paula Henríquez

Daína Chaviano

HAVANA TIMES – La escritora cubana Daína Chaviano es una de esas personas incansables que siempre anda en busca de ideas nuevas.

Es por eso que su trabajo la ha hecho merecedora de premios como el de Anna Seghers (Academia de Artes de Berlín, Alemania, 1990); el Azorín de Novela (España, 1998); el Internacional de Fantasía Goliardos (México, 2003); medalla de oro al Mejor Libro en Lengua Española (Florida Book Awards 2006, USA), y el Premio Malinalli para la Promoción de las Artes, los Derechos Humanos y la Diversidad Cultural (México, 2014).

En su primera ocasión con Havana Times, la autora de Los mundos que amo, Amoroso Planeta, Historias de hadas para dultos, Fábulas de una abuela extraterrestre, El abrevadero de los dinosaurios, País de dragones (cuentos), Confesiones eróticas y otros hechizos (poemas) y el ciclo de novelas La Habana oculta, compuesto por El hombre, la hembra y el hambre, Casa de juegos, Gata encerrada y La isla de los amores infinitos, etc., decidió contarnos cómo comenzó su experimentada carrera de escritora de ciencia ficción, por qué decidió dejar su país natal para establecerse en otro y de qué manera esta nueva vida en “mundos desconocidos” influyó en su trabajo.

HT: ¿Cuándo comenzó a escribir y qué/quiénes la inspiraron?

Daína Chaviano: Empecé a escribir cuando tenía 9 o 10 años. Ya había leído todos los cuentos de hadas clásicos (Perrault, Andersen, Hermanos Grimm) y bastante mitología grecorromana, además de autores como Verne y Poe. Comenzaba a descubrir la gran literatura, pero las historias que había leído me dejaban con hambre de imaginar más. Así nacieron esos primeros cuentos.

HT: ¿Cómo fue su vida de escritora en Cuba?

DC: En la década de 1980, cuando inicié mi carrera, no tenía idea de cómo era el resto del mundo, ni lo que se leía en otras partes, debido al control gubernamental en Cuba sobre los medios. Intentaba conseguir información sobre la literatura fantástica que se hacía en otros países, pero no era mucha la que llegaba a la Isla, y casi siempre entraba por canales clandestinos o personales: artistas cubanos que viajaban, escritores extranjeros que nos visitaban…

Así es que, casi sin darme cuenta, emprendí mi propio camino y empecé a experimentar con la hibridación de géneros —algo que hace 40 años resultaba tan osado que los puristas de la ciencia ficción en Cuba me criticaron en más de una ocasión.

Hoy, esa promiscuidad de géneros comienza a extenderse por ciertas regiones del mundo, pero ya formaba parte de mi estilo desde esa época.

HT: ¿En qué momento supo que se marcharía de su tierra natal? Supongo habrá sido un duro golpe…

DC: Todo empezó cuando fui testigo de los actos de repudio, apoyados e incentivados por el Gobierno, contra los cubanos que querían irse del país a través del puerto del Mariel. Recordé lo que había leído sobre los pogromos nazis en contra de los judíos, y supe que ese no era el país donde quería seguir viviendo.

Durante una década intenté seguir creando en medio de aquel estado de cosas, pero llegó un momento en que no soporté la imposibilidad de decir lo que sentía, la situación de control absoluto que me rodeaba. Acababa de casarme y, quien hoy es mi exesposo y sigue siendo mi amigo, me animó a dar ese paso del cual ya habíamos hablado. Fue una decisión difícil y dolorosa, porque dejaba atrás a familia y amigos. Pero 25 años después, me siento feliz de haberlo hecho. Fue la mejor decisión que tomé en mi vida.

HT: ¿Cómo influyó la partida en su trabajo?

DC: Primero tuve que aprender lo que significaba vivir en libertad y tener la responsabilidad de tomar decisiones, antes de planear qué hacer y cómo organizar mi vida… algo que puede ser aterrador para cualquier cubano nacido y criado bajo un régimen que nunca te ha permitido dar un paso como ciudadano sin que antes te lo ordenen o autoricen. Fue un aprendizaje duro, pero que finalmente me permitió dejar de sentir miedo a todo. Ahora puedo disfrutar lo que significa explorar el mundo y proponerme metas cada vez más atrevidas, no solo en la vida, sino también en mi profesión.

HT: ¿Cree que ha cambiado su manera de escribir desde entonces? Si es así, ¿qué cambió? ¿En qué se diferencia la una de la otra?

DC: Obviamente, los temas de mi escritura han cambiado. Mientras viví en Cuba, el trasfondo de mis historias solían ser personajes que deseaban encontrar o escapar de algo, preservar su independencia o defender su derecho a actuar o pensar de manera diferente a otros. Una vez que salí, eso dejó de significar una meta, un sueño o una posibilidad que solo podía satisfacer a través de mis personajes. En otras palabras, dejó de ser una prioridad espiritual e individual.

Al tener acceso a tantos libros y autores nuevos o prohibidos en la Isla, pude conocer pasajes históricos de mi propio país que antes ignoraba. Descubrí que desconocía por completo el lugar donde había nacido y vivido, y emprendí la tarea de reorganizar esos descubrimientos, exponiendo a la misma vez ciertos pedazos de mi vida en La Habana bajo un prisma diferente. A través de la ficción, me propuse responder varias preguntas: ¿Cómo surgió la nación cubana? ¿Qué hechos ocultos o soterrados nos desviaron de nuestros objetivos? ¿Cuáles son las verdaderas claves psicológicas que nos mueven? ¿Por qué nos ha pasado lo que nos ha sucedido como país?

Esas preguntas dieron origen a mi ciclo de novelas titulado “La Habana Oculta”, en la que he fusionado elementos etnológicos, sociales, históricos, políticos, paranormales, eróticos y mitológicos, con los cuales pretendo mostrar las variadas facetas de una realidad demasiado surrealista para ser diseccionada por la literatura tradicional.

Hasta el momento, he publicado cuatro de estas novelas: Gata encerrada, Casa de juegos, El hombre la hembra y el hambre y La isla de los amores infinitos. La última saldrá dentro de unos meses. Con ella cerraré ese ciclo e iniciaré un nuevo campo de exploración dentro de mis intereses literarios, aunque sin abandonar los elementos narrativos que me han acompañado siempre.

HT: ¿Qué consejo le daría a los nuevos escritores que están emergiendo y les interesa la ciencia ficción?

DC: Es más difícil escribir ciencia ficción que literatura tradicional. Además de saber estructurar y construir una trama, la ciencia ficción requiere que maneje ciertos temas que no le son en absoluto necesarios a un escritor tradicional.

Por ello recomiendo que no solo traten de dominar el oficio de narrar, sino que exploren e investiguen algunas ramas especializadas del conocimiento. No se trata de que se conviertan en científicos, sociólogos o etnólogos, sino de que se mantengan al día en los temas extraliterarios que les interese desarrollar, llámese ciencia ficción dura, biológica, diacronía, distopía, ciberpunk, steampunk, y cualquier otra variante con o sin clasificar. Cualesquiera de ellas requiere de una preparación que va más allá del oficio de la escritura, que ya de por sí es bastante complejo. Así es que deben prepararse para investigar y estudiar el doble de lo acostumbrado para un autor tradicional.

HT: Por último, ¿qué significa para usted ser reconocida como una de las tres escritoras de este género más importante del habla hispana y la más importante en Cuba?

DC: No sé. La verdad es que no me interesa pensar en ese tipo de cosas. Estoy más preocupada por explorar temas y lugares nuevos, que me aporten información interesante, que especular sobre lo que otros puedan pensar o decir sobre mi trabajo. La vida se hace cada vez más corta y quiero aprovecharla al máximo.

Un comentario sobre “Detrás de La Habana oculta: Palabras de Daína Chaviano

  • Excelente entrevista y excelente pensamiento de la escritora.Felicidades a ambas por esta entrega.

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