Mientras llegue al huracán a Guantánamo, Cuba

By Rosa Martinez

Mapa de oriente cubano.
Mapa de oriente cubano.

HAVANA TIMES — Hace cuatro años exactamente experimentamos algo similar a lo que se nos avecina, aunque el meteorólogo en jefe, Dr. Rubiera, dijo alto y claro que Guantánamo nunca se ha enfrentado a algo similar, pues Sandy, que apenas nos rozó, fue solo categoría tres y el Flora, que dejó muchos muertos y gran destrucción en el territorio, ni siquiera fue un evento de gran intensidad.

Así que si entonces (27 de octubre de 2012) muchos fuimos los afectados de una manera o de otra en cuanto a lo económico, todo el mundo en la ciudad de Guantánamo está consciente de que el monstruo que viene hacia nuestro territorio (afortunadamente el ojo está yendo ahora un poco más al este)  puede dejar mucha destrucción y muchas familias sin viviendas, sin nada.

De ahí que sea inevitable que la gente sienta miedo, no solo de sus propias vidas, sino de la de los familiares que viven al otro lado de la ciudad o en otros municipios, incluso de los vecinos de al lado cuyas casas están en peores condiciones que las suyas.

Yo fui afectada cuando Sandy, el meteoro  se llevó la mitad del  techo de mi morada, aunque vivo bien alejada de la provincia de Santiago y me vi obligada a correr para la casa de mis padres, que afortunadamente viven en mi misma cuadra.  Pero les digo, que aunque fue una experiencia bien desagradable,  una cosa es contarla y otra bien distinta en sentirla: se aflojan las piernas del más valiente, la cabeza se siente grande, el corazón late rápido no tanto por uno como por los hijos, que en mi caso son dos…

Cuatros años después, mi domicilio aunque pequeño y sin mucha comodidad es uno de las más seguros del barrio, pues dedicamos todos los ingresos de un quinquenio a prepararlo para caso de huracán. Mi esposo dijo cuando Sandy: “Ningún otro ciclón me va a coger con una casa en tan malas condiciones”, y luchó y luchó para eso y lo logró.

Ahora mi residencia sirve de refugio a dos familias vecinas, cuyas moradas difícilmente aguanten los primeros embates de Matthew.

Son dos familias pequeñas, pero de todas formas son cinco personas más conviviendo con nosotros.  No me molestan mis vecinos, a los que conozco desde que nací (incluso la pareja de ancianos me vieron nacer y me cargaron y cambiaron mis pañales) pero por ser la casa tan pequeña es engorroso a la hora de ir al baño y o de servir la comida, pero nada que no se pueda soportar.

La fiesta la tienen armada mis dos hijas, que tienen una compañía más para inventar travesuras y jugar. Para ellas el ciclón es una especia de fiesta, primero porque no van a la escuela, segundo porque con el ajetreo de todos de aquí para allá,  ellas aprovechan para hacer lo que les da la gana.

Pero para los adultos de fiesta nada. Aunque en el barrio varios hombres están bebiendo ron desde ayer, no es cuestión de celebración ni nada por el estilo. Según dicen lo hacen para quitar un poco de estrés (es decir aliviar las penas) o para olvidarse de lo que viene encima de nosotros. Otros dicen que hay que beber hoy, porque solo Dios sabe lo que tendremos mañana.

En mi casa, cuatro habitantes y cinco refugiados, esperamos tranquilamente, al menos en apariencia, la llegada de Matthew.

2 comentarios sobre “Mientras llegue al huracán a Guantánamo, Cuba

  • Mucha suerte a mi provincia y a mi familia de Baracoa. Aunque no haya fe que pueda cambiar el rumbo de Mathew al menos orando por la vida y seguridad de cada persona desde Canadá

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