Dariela Aquique

Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras
y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad
de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve
excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y
el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de
coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la
ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.

Los Rolling Stones, los cubanos, la vista de Obama y Esperando a Godot

Dariela Aquique

Esperando a GodotHAVANA TIMES — Cuando en 1953 se estrenó en las tablas parisinas Esperando a Godot, del novelista, dramaturgo, poeta, guionista y director teatral irlandés Samuel Beckett, nadie imaginó que la obra del Premio Nobel de Literatura (1969) tuviera alguna equivalencia con una insurrección civil que tenía lugar ese mismo año en una isla del mar Caribe.

Se corrían los telones, se encendían las candilejas y Vladimir (Didi), Estragón (Gogo), Pozzo y Lucky, los cuatro personajes de Beckett, aparecían para quedarse en la historia del teatro universal.

Una mañana de julio, en la ciudad de Santiago de Cuba, un grupo de jóvenes asaltaban el Cuartel Moncada y comenzaba así la Revolución cubana para insertarse, también, como un hecho singular en la historiografía mundial.

Barack Hussein Obama es el cuadragésimo cuarto y actual presidente estadounidense. Nació en 1961, el mismo año que Cuba y Estados Unidos rompieron relaciones. Y ha sido justamente él quien ha restablecido los vínculos diplomáticos de su país con la Isla. Como si fuera poco es el primer mandatario estadounidense en ejercicio en visitar Cuba en cerca de 90 años.

En la lejana Inglaterra, en 1962, se fundaron los Rolling Stones, la banda británica de rock considerada una de las más exitosas de todos los tiempos.

Pero, ¿qué tienen que ver estas cuatro?, en realidad nada, salvo que desde mis perspectivas de ex-teatrista y mis pretensiones de escritora, acostumbro a hacer analogías.

En Cuba empezó la lucha armada para derrocar a Batista, pero aquello que parecía un necesario levantamiento social, no era más que un movimiento político que no tuvo tiempo de llegar a las urnas y resentido con quien por la fuerza le tomó la delantera le tenía que suplantar en nombre del  pueblo, las causas nobles y el bien común…

Desde 1953 hasta la entrada triunfante de los barbudos a La Habana, así como cada noche, durante incontables días Didi y Gogo, esperaban a Godot, el pueblo cubano esperó seis años y medio la victoria de los rebeldes que “figuraba” un futuro mejor.

Durante muchos  años, algunos fanáticos creían una utopía presenciar un concierto de los Rolling. Durante más de medio siglo, los cubanos han esperado que la circunstancia Cuba versus Estados Unidos y viceversa cese de una vez.

Hubo una Reforma Agraria, nacionalizaciones en la industria, la banca y los servicios. Se estatalizó la economía. Se acabó con el mercado estadounidense…, sin embargo predominaba una sensación de aguardo, había que esperar…  Había que esperar derrocar a los bandidos, esperar armados y despiertos al enemigo invasor, esperar a con la Victoria de Playa Girón tener el pretexto para declarar el carácter socialista de la Revolución.

Vino la espera angustiante de los días de la crisis de los misiles.  Se esperó “la epopeya” de la Zafra del 70, pero los 10 millones no llegaron nunca.

También hubo que esperar  las noches, para escondidos y bien bajito escuchar discos de rock o cualquier música en inglés. Hubo que esperar el veredicto de los censores para saber qué se debía publicar, qué se debía proyectar o estrenar, qué se podía leer, de qué  se podía hablar.

Luego se esperaba por lo que venía del campo socialista y se subsistía en una entelequia de cotidianidad armónica. Pero la gente esperaba algo más, y ya por los 80 con el Mariel, el segundo éxodo masivo después de Camarioca, muchos demostraron que la espera empezaba a ser desesperante, mientras otros estoicos, comprometidos, aún crédulos siguieron esperando.

Esperaron las madres, las esposas y los hijos a los hombres que regresaban de la guerra de Angola; bien estrujados por los combates, mutilados o cadáveres.

Ante la caída de los mentores soviéticos, esperaron (los que no se fueron) que pasara el nefasto Período Especial, y las tantas y tan erradas fórmulas que en sus desesperados intentos el Estado implantó para paliar la crisis económica.

El nuevo siglo trajo nuevos escenarios. El pragmatismo se impuso.  El Gobierno cubano sabía que tenía que cambiar de estilo ante la opinión pública internacional. De ahí la ola de “cambios”, que se han venido sucediendo en la Isla, nuevas tácticas, nuevas promesas, nuevas esperas….

Los católicos y no católicos, esperaron las visitas de tres papas que dejaron la Navidad y el Viernes Santo como días feriados y dos amnistías.

A cuenta gotas se han esperado la abolición de prohibiciones absurdas, la permisión de derechos por años suprimidos.

Después de 53 años, el 17 de diciembre del 2014 algo cambió en la historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Atónitos quedamos muchos ante las alocuciones simultáneas de Barak Obama y Raúl Castro.

Se intercambiaron presos, se abrieron embajadas. Se ha conversado mucho. Y se esperó la visita de Obama.

Desde la llegada misma del presidente estadounidense a la Isla, se vislumbraban las insuperables aptitudes histriónicas del Gobierno cubano y de su sequito, ahora también llamado Sociedad Civil. Pero la puesta en escena fue superior a la buena fe, al discurso inteligente o a la estrategia del señor Obama. Su soflama al pueblo de Cuba no pasa de ser un incentivo para seguir esperando aquello que quizás muchos no llegarán a ver. Porque han estado aguardando un cambio que solo nosotros podemos hacer, aunque aún haya quienes no lo tengan claro.

Dentro de unas horas The Rolling Stones tocarán en La Habana. Se puede ser públicamente gay o lesbiana, santero, bautista o testigo de Jehová. Viene el Papa, el patriarca Kiril de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Presidente francés, viene Barack Obama. Sin embargo la sensación de espera no se pasa, es como un mal congénito, un daño antropológico.

Beckett dijo: … que Esperando a Godot era una obra -horriblemente cómica-, todo lo horriblemente cómica que puede resultar, a fin de cuentas, la angustiosa situación límite de dos seres cuyas vidas y grotesca solidaridad se forjan en la absurda y vana espera de ese quién sabe qué (o quién) al que llaman Godot…

Sin entender que los cambios reales solo serán efectivos en la Constitución, en la mentalidad de los cubanos que se entienda que debe prevalecer el derecho ciudadano y no la voluntad gubernamental.  Mientras seguiremos poniendo curitas en la espera por el concierto de los Rolling Stones, con la visita de Obama y seguirá siendo tan absurda y vana la esperanza como si esperáramos por Godot.

 

 

 

2 comentarios sobre “Los Rolling Stones, los cubanos, la vista de Obama y Esperando a Godot

  • creo que en general,te has expresado muy bien,falta algo,siempre ha faltado algo ,algo mas profundo que miserias materiales.Yo creo que falta aire,falta libertad.Nadie sabe el desasosiego que produce la falta de aire(solo ls asmaticos).Gozar de libertad en su tierra…..eso han esperado los cubanos hace mucho tiempo !!!!

    Nota: con permiso de la autora y de,por supuesto el Sr.Beckett

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  • Me gusta tu post Dariela, desde muy joven en Cuba siempre senti que lo que el gobierno nos vendia como modelo de sociedad no podia ser el final de la pelicula, y es que la sociedad siempre esta a la espera de los planes y proyectos del gobierno , el individuo y la familia no tienen proyectos de vida autonomos.

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