Samuel Riera apuesta por un arte diferente

Samuel Riera
Samuel Riera

 

Por Irina Echarry

HAVANA TIMES — Desde hace año y medio Samuel Riera comparte su vida con personas que hacen un arte diferente; hablamos del Art Brut Project Cuba, que funciona en su propia casa-galería Riera Studio (Martha Abreu No. 202 entre 20 de Mayo y Enrique Villuendas. Cerro. La Habana).

Graduado de la Academia de Bellas Artes San Alejandro y actual profesor de la institución, Samuel quiso alejarse de la metodología tradicional para crear artistas y se dedicó a buscar fuera de la Academia, dirigiéndose a la realidad pura y, por consiguiente, hacia un arte de carácter puro, con creadores que priorizan el instinto y la espontaneidad.

Riera Studio ha explorado varios caminos: arte periférico, alternativo, vertientes que se crean fuera de los centros culturales, pero que son aceptadas dentro del arte contemporáneo. Así, Samuel descubrió que había un sector, con problemas sociales específicos, que era “permanentemente excluido pues su arte refleja una realidad visual que funciona como un espejo: hace recordar lo que no queremos, lo que fuimos antes de llegar a este momento”; y decidió enfocarse en el Art Brut.

HT: ¿Existe un trabajo previo en este sentido?

SR: El antecedente más directo está relacionado con Samuel Feijóo, historietista, escritor, gran antropólogo de aspectos culturales. Él se dirigió al francés Jean Dubuffet para hablarle de las características del grupo Signos, de Santa Clara: no eran artistas graduados, venían de las calles, tenían una preocupación popular.

Dubuffet había definido en 1945 el término Art Brut, que es una tendencia, no un movimiento. Después de ver el trabajo que realizaba Signos, él explicó que no eran Brut, sino artistas Singulares. Luego, más nadie ha tocado el tema. El Art Brut siempre navegó aparejado al arte popular, naif, y a lo que la vanguardia define como arte alternativo.

Dibujos de Misleidis y esculturas de Ope
Dibujos de Misleidis y esculturas de Ope. Dibujos de Misleydis, quien tiene una enfermedad cerebral con alto nivel de aislamiento. Ope es síndrome de Dawn, hace esculturas policromadas.

HT: ¿Qué separa al Art Brut de estas otras tendencias?

SR: Según Dubuffet, en el Art Brut, el pensamiento más puro relacionado al arte radica en personas alienadas de la sociedad o que padecen alguna enfermedad sicológica sufren stress o tienen algún aspecto degenerativo a nivel biológico por una incapacidad determinada; después, la vida o la historia demuestran que no son incapacidades, sino capacidades que cada individuo tiene.

HT: ¿También se contemplan los inadaptados sociales?

SR: Sí, pero los inadaptados sociales con cierto aislamiento y presión de orden sicológico. Quien se autodefine como un inadaptado social está adoptando una postura política; o sea, no está acorde con las normativas sociales y navega al margen de la sociedad, aunque es consciente de esa realidad. No es lo mismo si una persona por condiciones mentales extremas se convierte en un alienado, pues su enfermedad no le permite ser socialmente activo.

Como artistas Brut se incluyen también los Visionarios: individuos que por alguna razón ven espíritus que les dicen qué deben de trabajar, cómo deben hacerlo. Y en ese mismo caso hay otras personas que creen en naves espaciales, avistamientos, han tenido experiencias de contacto con extraterrestres o alienígenas, han sido abducidos. Sus testimonios quedan en el plano especulativo de la realidad, porque todo es muy subjetivo. El otro grupo está compuesto por personas bajo presión carcelaria, justamente ese momento de encierro e incomodidad, los ayuda al desarrollo de una actividad artística; generalmente cuando salen de la cárcel y se incorporan a la vida social dejan de crear.

Y el último grupo es llamado Ser Humano Común. Es la persona que está fuera de los límites, vive casi siempre en la periferia, se construye una realidad paralela, ni siquiera conoce qué es arte, no ha visitado nunca un museo ni tiene un padecer mental, su propio aislamiento lo ha condicionado a la actividad artística. Lo hace por pura intuición, como una necesidad de expresión.

HT: ¿Esa es una característica de todos los grupos?

SR: Sí, todos desarrollan esa actividad creativa como una forma de comunicación, de expresión. La mayoría son individuos segregados por la sociedad, que encuentran espacio dentro de este mundo. Algunos empiezan trabajando en pequeñito y cuando los estimulamos su obra crece. Hay otros que mantienen un nivel lineal en el proceso de trabajo constante, según el tipo de “discapacidad”. No me gusta el término “discapacidad” que utilizan los médicos.

Fábrica de juguetes horripilantes.
Fábrica de juguetes horripilantes.

HT: ¿Ellos se reconocen como artistas?

SR: Es uno quien les da la categoría, les impone una condición, les brinda acercamiento y los ubica en una posición determinada dentro de la comunidad de los “cuerdos”. Eso ayuda a que la gente los vea de otra manera. O sea, antes eran locos, alienados, pesados, etc.; cuando ya empiezan a trabajar con el proyecto, esa categoría de artista redefine su condición social y les da respaldo. Puede afectarlos o no, a veces les crea superioridad, se sienten sobrevalorados, etc. Aun así les cuesta mucho trabajo adaptarse a la comunicación social, al enfrentamiento diario entre individuos.

HT: Concretamente ¿en qué consiste el proyecto?

SR: Además de la ayuda de carácter social, destinada directamente a los artistas, creamos la primera colección de Art Brut en Cuba. Es también el primer espacio donde existe un taller para que los artistas convivan y trabajen, aunque no todos tienen la condición física para trasladarse de su casa hasta aquí. Somos Centro de Referencia para quien quiera investigar sobre el tema: catalogamos, guardamos, fotografiamos, archivamos, exponemos, etc., entre otras muchas funciones que tiene una galería como tal.

También hacemos trabajo social, por ejemplo, en escuelas que están cerca de casa y en otras de estudiantes con problemas mentales, nos interesa mucho el tema de la creatividad. Por lo general, se estructura mucho el pensamiento de los pequeños y se descuidan demasiado los aspectos creativos, incluso, se condiciona hasta el tema que el niño debe trabajar.

Nosotros no estamos de acuerdo, hay que hacer que ese cerebrito funcione, que sepan que sus ideas tienen valor, no hay que modular la expresión del niño. Lo que debemos es capacitar a más profesores en función de ayudar a la creatividad, tan necesaria en momentos como estos que estamos viviendo; necesitamos entes creativos que funcionen creativamente.

HT: Imagino que ustedes no persiguen la obra, sino al artista. ¿Cómo es esa búsqueda?

SR: Los referentes no existen, buscamos fuera de los centros de arte, preguntando en las calles; mucha gente coopera: “Sí, fulanito, el loco que pinta” o “vi a uno que está un poco raro que dobló en la esquina con un cuadro”. Lamentablemente la sociedad todavía funciona así, utiliza términos peyorativos para clasificarlos. Luego, hay que motivar a los artistas para que participen en el proyecto, la mayoría no se convence muy fácil, hay que crear confiabilidad, hacer un trabajo de orden social.

De la colección de juguetes horripilantes

HT: ¿Cómo reaccionan las familias?

SR: En muchos de los casos muy positivamente; otras, reticentes, y algunas ni siquiera aportan. Recuerda que hasta que nosotros encontramos un beneficio de carácter económico para su obra, la familia los considera incapacitados, sobre todo, si han sido una carga social. Cuando ese fenómeno se revierte, ya vuelven a formar parte de la familia; desgraciadamente es así en muchos casos. Hay excepciones, gente a las que no les interesa lo que hagan o ganen, lo que priorizan es la felicidad de su familiar: “Lo queremos así, si se siente bien con lo que hace, mejor”.

HT: ¿Hay diferencia entre Art Brut y outsider Art?

SR: El outsider Art es un término creado en 1975 por Roger Cardinal, un crítico de arte estadounidense. Lo que plantea es: ¿por qué cerrar el Art Brut a personas que no hayan estudiado (autodidactas) o que no tengan referencias relacionadas con el arte? Los estadounidenses redefinieron el Art Brut como outsider Art e incorporaron otros elementos. Resumiendo: para ellos outsider art, con todo un abanico de actividades donde incluyen los artistas naif, etc. y para los europeos Art Brut. A nosotros nos interesa el Art Brut en específico.

Hay muchos artistas contemporáneos que podrían considerarse outsiders; ahora, el outsider Art —como indica su nombre es un arte que está fuera de lo establecido y la alternatividad cubre ese esquema, esa realidad.

Me parece que es mucho mejor reenfocarnos en el Art Brut para ayudar también a separar los límites entre arte popular y arte naif, pues son diferentes sus necesidades e, incluso, el mercado al que están destinados.

El Art Brut es un arte sin referentes; es difícil encontrarle parecido con algún artista de la modernidad o la vanguardia. Nuestro proyecto no se dedica a transformar el pensamiento del artista, al contrario, nos interesa tal y cual piensen. La idea del Art Brut es proteger ese estado, que nadie influencie su trabajo.

Cuando ellos agarran seguridad, no permiten que otro venga y quiera modificar esa realidad, porque les gusta lo que hacen, se sienten identificados. Si vamos a hablar en materia de arte, me parece que estamos frente a un nuevo escenario del arte cubano y nadie quiere ver esta parte, ni historiadores ni críticos.

Obra de El Sirio
Obra de El Sirio. El Sirio tiene un acercamiento social fácil, habla mucho, fluido y con todo el mundo. Esa misma dinámica la impregna en sus dibujos.

HT: ¿Nadie se ha interesado por el proyecto?

SR: Muchos amigos nos ayudan a promoverlo, pero investigadores, historiadores del arte que se acerquen interesados en el tema, no. Estamos ante un fenómeno interesante, pues son verdaderas expresiones de la realidad cubana: no coquetean con el mercado, no trabajan para que su obra sea vista y comprada, hacen su trabajo, porque es su propio compromiso.

No trabajan el día a día por un mejor sofá o el último adelanto tecnológico, ni por dejar un nombre para la posteridad; a veces ni lo firman, uno los identifica por su sello personal. Sería genial que alguien de la Facultad de Arte enfocara su tesis sobre este trabajo.

Nosotros hacemos bitácoras, que no son un diario, pero sí tenemos textos, catálogos. Estamos realizando un análisis de impacto en la comunidad, una evaluación de lo que se ha hecho hasta el momento. Ahora mismo necesitamos fondos para seguir desarrollando otros aspectos, porque el proyecto tiene muchas raíces, ya no tratamos solo con el artista, sino que hemos encontrado grupos sociales.

Nos hemos dado cuenta que hay un mundo Brut, no solo desde el punto de vista artístico, sino que puede ser visto desde el análisis científico, sociológico, etc.; y no están atendidos. El apoyo que necesitamos no es solo monetario, sino de materiales, para la publicación de libros y catálogos. Urge crear la documentación necesaria que sirva de referente, al final los proyectos pasan y eso es lo que va a quedar para la historia.

HT: El Art Brut que se hace en Cuba ¿tiene algo particular?

SR: Es difícil explicar a los coleccionistas sobre el Art Brut en la realidad cubana. Al estudiar la Historia del Arte y el Art Brut en particular, encontramos grandes maestros con trabajos hermosísimos, ellos tuvieron las condiciones para desarrollarse. Imagínate, si los niños en nuestras escuelas carecen de materiales… la mayoría de estos artistas también: unos no tienen el dinero para comprar lo más elemental, las familias a veces no son conscientes de cuán importante puede ser eso, y otras veces no pueden mantener el ritmo de gasto que implica. Todas esas carencias se ven reflejadas al final en los artistas Brut, algunos utilizan cajas de colores chinas y cuando cambian a Pelikan o Faber Castle, la redimensión de los colores es increíble.

HT: ¿Cómo combinas la vida doméstica con el trabajo?

SR: Es bien complejo, por suerte tengo una familia que me ayuda. Mi madre, Clara, es seguidora de mis ideas y amante del arte, debe ser por el amor que me tiene que aceptó la idea de convertir la casa en un espacio de exhibición que es al mismo tiempo mi taller.

Siempre digo que esto no es una galería, es un espacio, un estudio que tiene una actitud doméstica en la forma de exhibir. No puedo exponer aquí obras gigantes, sino más bien intimistas. Las inauguraciones tienen ese carácter popular, amistoso.

En la cotidianidad, pues compartimos almuerzo, merienda o desayuno —depende del horario— con los que están aquí trabajando; pasamos el día juntos, ellos en lo suyo y yo en lo mío. Hay riesgos, son personas que en muchos de los casos, por su propia condición mental, no aceptan la realidad en sí misma y a veces están contrariadas, pero con paciencia y algunas normas podemos convivir.

Un problema afectaría a mi familia y a todos los que vienen a trabajar por eso establecemos cierto orden básico. Es un gran ejercicio intentar comprender a cada uno.

Coto trabaja con cemento y uñas acrílicas
Coto trabaja con cemento y uñas acrílicas. En la Obra de Coto hay antropología urbana. Él trabaja con desechos, elementos crudos como el cemento, pero le suma lo que la mujer va desprendiendo: sus uñas acrílicas.

HT: ¿Hay más personas en el proyecto?

SR: Sí, mi primo Derbis Campo, que es mi asistente. Los demás son colaboradores que, si los sumamos, pueden rebasar la centena. Un colaborador es alguien que me da las primeras referencias para encontrar a algún artista o me apoya con cualquier otra cosa necesaria.

Hasta ahora, los que se sensibilizan con el espacio no son gente del mundo del arte, sino la sociedad: quien pasa, ve el cartel y pregunta o quien aporta algún dato. Eso es muy importante, porque a veces criticamos las carencias espirituales o la poca sensibilidad de las personas, pero aquí captan perfectamente lo que está sucediendo, y son partícipes.

He compartido lo que hacemos con personas de la “alta cultura” y cuesta trabajo que vengan, que se interesen. ¿Será que la “alta cultura” está tan lejos de la realidad que no nos ve? Hay mucho que cuestionar.

HT: El proyecto ocupa mucho tiempo ¿No estás pintando?

SR: No, no estoy pintando, no tengo espacio; ellos me han expulsado de mi propia casa… en el mejor sentido de la palabra. Estoy experimentando con otros medios, siempre he tenido demasiadas preocupaciones con relación a los soportes y materiales que utilizo; nunca me he casado con una técnica. Lo que he hecho ahora es posponer, este proyecto es una extensión de mi propio trabajo. Poder armar un grupo, visionar un arte totalmente diferente, es parte de mi preocupación diaria relacionada con mi propio quehacer artístico.

HT: ¿Alguna reflexión respecto al Art Brut y las instituciones del Arte en Cuba?

SR: Esta Isla es suficientemente creativa y los especialistas se pierden demasiadas cosas al enfocarse solamente en objetivos muy básicos. Los teóricos del arte deben complejizar sus investigaciones, no basarse únicamente en lo que brindan las estructuras oficialistas, también en lo que está aportando la sociedad. Creo que no muchos han entendido esa capacidad que tiene el arte de nacer directamente de la vida cotidiana. A nuestro alrededor ocurren numerosos fenómenos sociales.

Aquí mismo, además del Art Brut Project desarrollamos otro proyecto: la Fábrica de Juguetes Horripilantes. En el Período Especial surgió un mercado de objetos (la mayoría de plástico) confeccionados de manera casera para suplir la ausencia de productos fundamentales.

El Diseño captó en esencia todo eso, hizo una introspección, analizó y sacó muchísimas cosas; las Artes Plásticas, enfocadas en el mercado internacional, ni siquiera lo notaron. Todavía están ahí esos objetos y no se hace una investigación suficientemente grande, profunda.

Hay un sector de la sociedad elaborando juguetería para niños con materiales altamente tóxicos, que cumplimentan una función social (son una alternativa a los altos precios estatales) y, por suerte, hasta ahora no he escuchado ningún caso de muerte infantil por esa toxicidad.

Claro, habría que ver dentro de 10 años cuál ha sido la afectación, tanto en los niños como en los propios fabricantes. Viéndolo desde otro punto de vista, estamos hablando de un juguete cubano, algunos copiados de un original, de diferentes procedencias, y que muchas veces corresponden a otras generaciones y han sido extrapolados a esta época.

A través del análisis nos preguntamos hacia dónde va nuestra economía, si estamos cubriendo realmente las necesidades que tanto el arte como la sociedad están demandando. Eso solamente es un punto dentro de todos los fenómenos sociales que están ocurriendo hoy y el arte contemporáneo se pudo ver en esta Bienal, no ha sido muy capaz de expresar o reflejar. Deberíamos redirigir la mirada, apoyar las iniciativas independientes, que a veces se aceptan, pero sin darles el crédito necesario.

HT: ¿Exposiciones futuras?

SR: En agosto-septiembre la de Stefan, un ex alumno mío alemán que toca el tema de las ciudades; algo muy interesante para Riera Studio, una minuciosa investigación social urbana, una observación de alguien que vive fuera sobre nuestra propia realidad.

Para diciembre tendremos una de Art Brut. Ahora hay tres síndromes de Down en el proyecto: Ope, dibujante y escultor; Darien, pintor y dibujante de Pinar del Río; y Lien, una sensible y amorosa escritora visual, muy romántica. Queremos hacer algo con ellos tres, con sus emociones.

Gracias, Samuel por abrirnos las puertas de Riera Studio y suerte en todas las ideas futuras.

 

 

Un comentario sobre “Samuel Riera apuesta por un arte diferente

  • Perdonen mi ignorancia en el arte “popular”, pero eso me parece un gran kistch. Ahora ?los desechos y la chapucería son considerados arte? !Por favor!

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