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Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.

Mi ciudad, ocupada por la UNITA

junio 23, 2014 | | |

Dmitri Prieto

La bandera de UNITA

La bandera de UNITA

HAVANA TIMES — Mi mamá me había pedido que comprara tomates para el almuerzo, pero en el estadio de beisbol detrás del edificio acababa de aterrizar un gran helicóptero de combate.

Era soviético, de camuflaje, y portaba insignias que no se usan acá en Cuba; me di cuenta de que eran de la aviación de guerra de las FAPLA (Fuerzas Armadas de Liberación de Angola). Haciendo ruido con su motor y su hélice, la máquina voladora engulló personal militar en el estadio y despegó, para ponerse a dar vueltas sobre mi ciudad.

Más arriba, Santa Cruz del Norte era sobrevolada por cazas supersónicos. Después me enteré que varios tejados rústicos de casas en mal estado se derrumbaron ese día por el impacto sonoro de los jets.

Los tomates –maduros, rojitos, como me gustan y como gustaban a mi mamá- se vendían en el agro a unas cuadras de casa, entre edificios de cinco plantas, “de microbrigada”. Me adentré entre los edificios.

Me sorprendió de repente un camión militar verde olivo, que dobló por la callejuela y se perdió dentro de la pequeña selva de hormigón que es la “zona de desarrollo” de nuestro pueblito costero.

A lo lejos, se distinguían ya los campesinos pregonando los frutos de la tierra.

Pero, cuando doblé para acercarme a ellos, vi decenas de robustos hombres negros. Barbudos y de camuflaje, portaban fusiles y otras armas automáticas. Mientras caminaba entre la tropa hacia los tomates, alcancé a notar que su arsenal de rifles de asalto no sólo incluía AK, sino también M-16.

Los tipos tenían aspecto de cansancio mientras entre ellos caminaban apresuradamente otras personas, de civil, de colores de piel diversos y vestidos al estilo que se usa en Cuba, que a veces les dirigían breves palabras a los uniformados.

Los negros barbados no hacían mucho caso a simples compradores de tomates, como yo mismo. Pero tuve la oportunidad de fijarme en las insignias situadas en las mangas de sus camisas.

Santa Cruz del Norte

Gallo negro con un sol amaneciendo al fondo. Nunca había visto tal emblema. Pero sabía por los cuentos que era el logotipo de la UNITA. Unión Nacional por la Independencia Total de Angola: guerrilla rebelde de Jonas Savibmi que –con apoyo del Zaire de Mobutu, de China maoísta, de Sudáfrica del Apartheid y de la CIA- combatió enérgicamente a los FAPLA y a las tropas cubanas durante la guerra en aquel país.

Aliviado, me di cuenta de que los de UNITA hablaban perfecto español, a veces con el acento oriental de nuestra Isla. Fueron sentándose entre los árboles a la espera de órdenes. Mientras yo regresaba con la misión cumplida acomodada en mi jaba, fueron arribando unos camiones con grandes cámaras de filmación.

El par de jets de FAPLA y el helicóptero volvieron a sobrevolar varias veces mi ciudad, con la particularidad de que sus adversarios no parecían demasiado interesados en abrir fuego contra ellos.

Después me enteré de que el ejército cubano se disculpó por los techos derribados y hasta pagó por su reparación. Al otro día, nuestro pueblito amaneció completamente desmilitarizado. Los guerrilleros enemigos ni siquiera dejaron latas vacías de TropiCola regadas por las calles de Santa Cruz; de hecho, se portaron muy bien con nosotros.

La película cubana “Sumbe” salió a las pantallas unos meses después. Siento no haberla visto aún.

Mi mamá se fue a vivir al otro lado de la realidad como al año de aquel acontecimiento… pero la recuerdo cada vez que dan en la tele noticias de aquello que –hasta un día- fue el país suyo y mío.

Ni ella, ni yo, ni nadie que conozco han tenido que confrontar experiencias de ocupación militar o de combate urbano. Sé que no hay comparación…pero al ver imágenes actuales de Ucrania, o de Iraq o de Siria o quién sabe de qué país, mi corazón empieza a latir fuerte de la tensión, porque no puedo evitar sobreponerlas al recuerdo vivo de aquella vivencia breve –tan políticamente ficticia pero tan cinematográficamente real- de caminar por una ciudad ocupada…y mía.

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Una respuesta a “Mi ciudad, ocupada por la UNITA”

  1. El bobo de Abela dice:

    Historia muy bien contada, pero vacia. Esperaba una opinion politica del autor sobre los conflictos belicos actuales que menciona al final, especialmente el de Ucrania. Ojala regrese con una segunda parte.

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