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Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.

Experiencia Hospitalaria en La Habana. ¿Se salva el gato del agua?

mayo 21, 2014 | | |

Regina Cano

Policlinico.  Foto: Juan Suárez

Policlinico. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Tres personas tenían sus manos encima de mi cuerpo, prestas a evitar cualquier movimiento que yo no había dado muestras de realizar.

Les aseguro que este cuadro represivo no era producto de mi imaginación y sí mi experiencia al efectuarme una Endoscopía en un Departamento de Gastroenterología de un Hospital General en la Habana, como estudio complementario de otro, sin síntomas aparentes y con consulta previa.

Pues gentes, para alguien que padeció de Giardias por años y haciéndose exámenes gástricos de introducción de tubos y mangueras por el esófago, no parecía que una Endoscopía fuera a hacer la diferencia, lo que no fue así.

En algún momento, les pedí una pausa para respirar como ellos me indicaban y moví una mano de arriba hacia abajo, lo que tan solo logró que me apretaran más y me conminaran a gritos: “No te muevas!”.

Las palabras iniciales de esta prueba -de quien supe después era un estudiante sin prácticas- fueron: “…es un examen no doloroso y rápido” e inmediatamente después de la anestesia (bucal) y ponerme la boquilla comenzó a pasar el aparato sin hacer pausas, ni esperar mi acondicionamiento o hacer tiempo para cada respiro nasal como me pedían que hiciera.

Mientras, el muchacho ensayaba algunos movimientos erráticos que hacían notar la Especialista y el Médico, quienes le rectificaban de si “más hacia atrás” o “más hacia adelante”, y con exclamaciones asombradas de “…mira una úlcera ahí!” y “qué grande es!”.

Les confieso que salí de allí nerviosa, asustada y con los ojos húmedos de la impotencia, como animal violado y humillado que fue llevado al veterinario, donde todo ocurre fuera de su voluntad, porque siempre hay justificación para un mal trato.

Cuatro días después, en consulta, le contaba al médico los dolores que al tacto externo del estómago padecía y él asombrado de lo traumático que había sido para mí la prueba me confesaba: “…que tenía 2 estudiantes bajo su tutela hacía 18 días, los que necesitaban cumplir sus prácticas…” -porque muchos Especialistas en materias medicas están cumpliendo misiones internacionalistas-, pero nunca hubo unas disculpas o muestra de humildad ante el violento hecho.

Igual le sugerí que cada integrante de su equipo debía pasar por esta prueba en carne propia, para ganar en elementos evaluativos del paciente durante ella y orientarle mejor sobre el comportamiento durante la misma.

Tampoco creo que esta manera de actuar –médico y asistentes- sea determinada por el cinismo, ni por mala intención, creo que los médicos en Cuba padecen de las mismas condiciones de vida y comportamiento social que el resto de la población, donde existen muchas ausencias dentro de La Ética, Humildad y Respeto al otro –fundamentales en esta profesión-, y donde lo mal aprendido no está presente en la consciencia activa, pero tampoco considero que esto justifique que a uno lo maltraten con esta falta de Responsabilidad.

Tal vez en algunos casos: Clínicas, Institutos Investigativos u Hospitales dedicados a ciertas Especialidades se note en menor grado, pues hay una heredad profesional que “salva al gato del agua”, aunque esta manera de actuar es una actitud más bien del propio individuo.

También hay un nivel de permisibilidad poblacional por ser el médico uno de los profesionales más demandados, ya que se trata de la salud de uno y donde la gran mayoría de los pacientes, en Cuba, no esperan –hoy por hoy- una consulta extra o mejor si no vienen acompañados de un obsequio –lo que no creo determina la atención en algunos casos.

Mientras tanto los galenos dan poca información –unido al tratamiento puntual que necesitas- u orientaciones de cómo lidiar con su enfermedad o cómo evitar su posible reaparición.

Pues señores, que te descubran dos úlceras duodenales puede convertirse en algo dramático en la vida de cualquier cubano que viva en la Isla, pues como muchos saben, garantizar una base alimentaria con productos neutros -lo cual incluye la leche que ahora vale 6.65 CUC (aprox. 7.50 USD) en las tiendas- no siempre es algo fácil de conseguir si no tienes un ingreso monetario acorde a los precios.

Pero que te traten como animal a punto de perder la cola o parte de tus orejas o pico o que te quiten parte del pelaje, porque luces más bonito, o que el médico te atienda con indolencia, me hace sentirme más sensibilizada con esos seres que los humanos ven por debajo de su status, aunque este tema tiene mucha tela por donde cortar.

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3 respuestas a “Experiencia Hospitalaria en La Habana. ¿Se salva el gato del agua?”

  1. Miranda dice:

    Verónica cuanto lo siento, y se que es verdad porque no es la primera vez que oigo una de estas historias de horror del campo medico cubano.

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