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Verónica Vega: Por años me fue difícil elegir entre escribir, pintar o danzar. Escribir resultó lo más rentable e inmediato. Vivo en Alamar, un proyecto de ciudad abortado, que sólo respira por lo que queda de la naturaleza, por la alternatividad cultural, y sobre todo, por la voluntad infinita del alma humana. No me considero periodista. Escribir en Havana Times ha sido sólo una oportunidad para decir lo que creo que se puede mejorar en Cuba.

El País del Alzheimer

mayo 5, 2014 | | |

Verónica Vega

El Dolor. Illustración por Yasser Castellanos

El Dolor. Illustración por Yasser Castellanos

HAVANA TIMES — Porque me ha tocado palpar los estragos de ese mal misterioso y devastador, después de ver el filme “Away from her”, una conmovedora película sobre el Alzheimer, no consigo dejar de cuestionarme si todo en nuestro destino es tan fatal e inevitable.

Esta enfermedad neurodegenerativa se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. A medida que mueren las neuronas y se atrofian diferentes zonas del cerebro, ocurre la pérdida progresiva de la memoria y otras capacidades mentales. En pocas palabras: la personalidad se despedaza. El proceso, que dura años, arrasa con la voluntad del paciente, paraliza la vida del cuidador, y a veces la de una familia.

En el filme vemos el conflicto que esto representa para una pareja que ha convivido por 44 años; cómo el esposo ve alejarse a su esposa, (Julie Christie en una actuación memorable), no tanto hacia el hogar de ancianos en que la visita a diario, sino hacia un país mental adonde él ya no tiene acceso.

Tan lejos está prodigando atenciones a otro paciente, que él llega a dudar si su amnesia es una farsa para castigarlo por viejos adulterios.

Aunque “Away from her” concluye con un rapto de lucidez súbito de la enferma, no es un happy end sino una pausa en la caída. Ya el atribulado esposo había sido advertido de que esos retornos eran flashazos aleatorios antes de la oscuridad total.

La constante referencia del invierno en paisajes desolados, en la quietud del confortable sanatorio que igual impacta con el espectáculo de la gradual parálisis de la vida, nos muestra la estación final, esa en la que nadie quiere pensar, hasta que llega.

Y sin embargo se filtra la esperanza. En la resistencia del amor, en la espera paciente del esposo por ese despertar de conciencia que une a los amantes al final, aunque sea como una despedida.

Razones para no rendirnos

La medicina ortodoxa plantea que las causas del Alzheimer no han sido completamente descubiertas. Propone (¿o afirma?) tres principales hipótesis para explicar el fenómeno: el déficit de la acetilcolina, la acumulación de amiloide o tau y los trastornos metabólicos.

Otras fuentes enfocan a la mente como el generador de todas las enfermedades (físicas y psicológicas), considerando éstas manifestaciones psicosomáticas de determinados patrones de pensamiento a veces no conscientes, y autodestructivos.

Para Louise Hay, autora del best seller: “Usted puede sanar su vida”, el Alzheimer es la expresión del rechazo subconsciente a vivir, por insatisfacciones profundas, miedos, resistencia a la experiencia del dolor. En esa huida se aletarga la conciencia evitando todo lo que lastima.

La dificultad en desprenderse de viejas ideas acumuladas inhibe la generación de nuevas, y puesto que la atención está mucho más centrada en el pasado que en el presente, la memoria a corto plazo se vuelve deficiente y se atrofia, sin aportar nada nuevo ni creativo.

Entonces se produce el doble viaje: al pasado, a la niñez, reafirmado por un comportamiento egoísta e infantil; y a la muerte, para la que todo el cuerpo se prepara acelerando el proceso de envejecimiento. Es como si se comprimiera un ciclo de vida, uniendo los dos extremos de la experiencia de existir.

Las propuestas de medicina alternativa se reciben generalmente con gran escepticismo. Son responsables de esto, además de los prejuicios materialistas o la inercia de la tradición, el inmenso monopolio de la industria farmacéutica. Al parecer no importa que personas beneficiadas con métodos no académicos intenten difundir su testimonio.

La misma vida de Louise Hay es un ejemplo práctico de lo que predica. Con sus métodos superó traumas de abuso sexual en la infancia, y un cáncer de útero sin intervención quirúrgica ni quimioterapia. No es un caso aislado y hay historias registradas de estos ejemplos de cáncer disueltos “misteriosamente”. La ciencia, sin una explicación para el fenómeno, lo llama “remisión espontánea”.

Para Louise Hay, Jaques Martel, y otros terapeutas englobados despóticamente en el término New Age, el Alzheimer, puede revertirse con terapias de autoaceptación, de aceptación del presente. Louise afirma:  “El cerebro es el ordenador del cuerpo. La sangre es júbilo. Las venas y las arterias son canales por donde circula esa alegría. El pensamiento negativo produce atascos en el cerebro.”

En un país como Cuba, sin acceso a internet, es decir, sin derecho a la investigación por vía individual, podrían y deberían aprovecharse terapias que no demandan recursos económicos.

La dura realidad de los ancianos incapaces de correr tras una guagua, desplazados por generaciones feroces, que carecen de un sillón de ruedas para ser llevados a un policlínico, que ni sueñan con condiciones de higiene como los carísimos pampers, las conoce quien las ha vivido.

Un amigo que estuvo en un hogar de ancianos de Centro Habana, me contaba que pacientes con incontinencia urinaria a veces permanecían desnudos por falta de ropa limpia; que aquella acumulación de cuerpos fláccidos y escuálidos le hacía pensar en el Infierno de Dante.

Las enormes deficiencias en la atención al adulto mayor en la isla incluyen tardíos o ausentes diagnósticos de Alzheimer y seguimientos especializados. ¿Cuesta tanto imprimir esta literatura que la gente descarga de internet y circula digitalmente?

Manuales como “Usted puede sanar su vida”, “Diccionario de las dolencias”, o aproximaciones al Ayurveda, deberían venderse a precios módicos, o permanecer accesibles como libros de alquiler en bibliotecas de clínicas y hospitales. Que sea el posible paciente quien elija si apuesta o no por la fe, mientras es aún dueño de su voluntad e inteligencia.

Y puesto que la ciencia no ha podido solucionar el problema de la demencia senil, por qué no adentrarse en el universo mental del que sabemos tan poco y en el que vamos a vivir, de todos modos, porque nuestra existencia está en el pensamiento.

Ignoro el promedio de personas afectadas por el Alzheimer en Cuba, pero basta una mirada alrededor para deducir que es alto y muy probablemente, en triste ascenso.

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3 respuestas a “El País del Alzheimer”

  1. Pepe Pan dice:

    Magnífico. Gracias.

  2. Isidro dice:

    Vero:

    Tú como siempre, tan sensible a los problemas de los escogidos por el infortunio. Aquí también tienes buen material para tus ficciones. Me recordaste la desgarradora historia del filme francés Amour, de Michael Haneke.

    Saludos de un aspirante al Club Alzheimer

  3. El Jimmy dice:

    Y al sinvergüenza gobierno castrista no se le ocurre instalar una fábrica de diapers /pampers. Es inhumano lo que pasa en Cuba con los adultos mayores. Los encierran en sus propias casas, los maltratan, descuidan, golpean y algunos mueren de inanición o aspiración pneumonia simplemente por desconocimiento.
    La última vez que visite Cuba vi muchos casos de ancianos en paupérrimas condiciones, algunos trabajando, otros desahuciados. Horrible.

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