Cuba y su nueva Ley de Inversiones: del desarrollo sostenible al neoliberalismo (2)

Mayo 5, 2014 | | |

Yasser Farrés Delgado*

La planta termoelectrica de Tallapiedra.  Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Continuando mi anterior entrada sobre la centralidad del ‘desarrollo sostenible’ como justificación de las políticas económicas cubanas actuales, propongo ahondar un poco más en las trampas que el concepto lleva implícitas así como sus potenciales para promover el neo-liberalismo.

Para ello, debatiré su inconsistencia conceptual, y dejaré para otro momento el esbozo de las alternativas existentes que los economistas y políticos cubanos parecen desconocer.

Comienzo exponiendo la apreciación que hace Serge Latouche en “Sobrevivir al desarrollo” (Icaria editorial, Barcelona, 2004) en cuanto a que el concepto ‘desarrollo sostenible’ es un oxímoron o antinomia; esto es, dos palabras cuya unión pretende expresar lo inexpresable (‘la oscura claridad’, etc…).

¿Por qué un oxímoron? Porque si la palabra “sostenible” quiere expresar durabilidad, persistencia, el concepto “desarrollo” en su significado histórico y práctico es esencialmente contrario a la durabilidad.

Para comprender la contradicción bastaría reconocer que vivimos en una sociedad donde el “desarrollo” sólo es posible siguiendo la lógica de “Comprar, tirar, comprar” o de la obsolescencia programada (véase este documental de TVE).

Comenta Latouche, el oxímoron es una figura retórica que inventaron los poetas pero cada vez usan más los tecnócratas y políticos para hacernos creer lo imposible. Podemos agregar, su uso es bienvenido en Literatura porque abre posibilidades a la libre interpretación, pero difícilmente sea útil en política y economía: ¿acaso es posible establecer diálogos fructíferos cuando cada quien entiende las palabras a su antojo e interés?

Foto: Juan Suárez

Existen muchas concepciones de ‘desarrollo sustentable’ —en el Informe Brundtland (World Commission, 1987) aparecen 6 acepciones, y dos años después John Pezzey (“Economic analysis of sustainable growth and sustainable development”, World Bank, Environment Department, Working Paper no. 15, 1989) reseñaba 37—; pero todas pueden clasificarse en dos grupos:

1. la de intelectuales humanistas que entienden el desarrollo sostenible como un desarrollo respetuoso con el medio ambiente

2. la de industriales, políticos y casi totalidad de los economistas para quienes lo importante es que el desarrollo pueda durar indefinidamente.

Sin embargo ninguno de esos grupos cuestiona si ambos objetivos (desarrollo y medio ambiente) son compatibles. Más bien dan por cierto que lo son, o que la tecnología permitirá que lo sean.

Aparece así “la exaltación de la tecnología” en la que caen tanto liberales como marxistas, una posibilidad muy teorizada: se habla de ‘moder¬nización ecológica’ (ecological modernization) y de ‘economización de la ecología’ (economizing ecology).

Estos dos conceptos terminan tergiversando el significado de ‘ecología’ para que no resulte contradictorio con la expansión capitalista. De hecho, como expone Latouche:

“Podemos afirmar que, si tras la conferencia de Estocolmo (1972), las cosas no han evolucionado mucho en el buen sentido, y que la situación planetaria se ha agravado considerablemente al hilo de las diferentes conferencias, los industriales, al contrario, han aprendido a enfrentarse a ello” [Latouche, 2004].

¡Tanto han aprendido que incluso teorizan! Como indica Latouche, Stephan Schmidheiny, animador de una asociación de industriales sensibles con el medio ambiente y consejero de Maurice Strong, presidente del PNUMA para la orga¬nización de Río 92, escribía: “El funcionamiento de un sistema de mercados libres y competitivos, en los que los precios integran el coste ambiental a otros factores económicos, constituye la base de un desarrollo sostenible.”

Otro ejemplo de que no hay contradicción entre ‘desarrollo sostenible’ y capitalismo, son docu¬mentos del Business Action for Sustainable Development (BASD) citados por Latouche según los cuales:

“El desarrollo sostenible se realiza mejor gracias a una competencia abierta en el seno de mercados correctamente organizados que respetan las ventajas comparativas legítimas. Tales mercados alientan la eficiencia y la innovación, factores necesarios para un progreso humano sostenible.”

Puesto de viandas. Foto: JuanSuárez

La ambigüedad del ‘desarrollo sostenible’ ya se dejaba ver en el Informe Brundtland. Si en sus primeras páginas exponía que el desarrollo sostenible sólo puede tener lugar si los poderosos adoptan un modo de vida que respete los límites ecológicos del planeta, más adelante afirmaba:

“A consecuencia de la tasa de crecimiento demográfico, la producción manufacturera tendrá que aumentar de cinco a diez veces sólo para que el consu¬mo de artículos manufacturados en los países en desarrollo pueda atrapar al de los países desarrollados”.

La contradicción está aquí: si los modelos de los países “desarrollados” no son ecológicos, ¿cómo aceptan que los países “subdesarrollados” sigan esas vías para alcanzar el nivel de consumo que los poderosos?

La receta del informe Brundtland era que necesitamos una nueva era de crecimiento y un crecimiento vigoroso. En esos mismos términos plantean hoy los políticos capitalistas la salida a la crisis.

¿No es este mismo el discurso cubano? ¿No es eso lo que expone el Dr. Omar Everleny Pérez a Fernando Ravsberg?, cuando dice: “Si no se invierte en la economía cubana será imposible llegar a tasas de crecimiento superiores al 5% o 7%, para poder duplicar el PIB en 5 años. (ver aquí).

Curiosamente el Informe Brundtland propone una tasa de crecimiento anual del 5 al 6%.
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(*) Arquitecto (La Habana, 2003). Profesor de la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico “José Antonio Echeverría” (La Habana, 2003-2007). Doctor en Urbanismo, Ordenación del Territorio y Medio ambiente (España, 2013)

 

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7 respuestas a “Cuba y su nueva Ley de Inversiones: del desarrollo sostenible al neoliberalismo (2)”

  1. Pedro Campos dice:

    La única economía que puede ser sustentable es la que se base en la producción para el consumo de las necesidades racionales y garantice la conservación y reproducción del medio ambiente. Y esa no podría ser nunca una economía que pretenda la producción para obtener ganancias, esencia de la economía capitalista, esa basada en el trabajo asalariado y la obtención de plusvalía, sea para un capitalista o un estado capitalista. Una economía sustentable solo será posible cuando predominen formas de producción autogestionarias, que no busquen el lucro sino la sustentación racional de los productores. Eso desde luego será la sociedad post-capitalista, a la cual se llegará y por la cual hay que luchar y trabajar. Y el mecanismo, el medio, el método fundamental, será el paulatino predominio, progresivo, natural y no impuesto de esas formas de producción autogestionarias, sobre las formas de producción explotadoras que buscan el lucro.
    Ahora bien, otra cuestión fundamental es que esas formas autogestionarias, para imponerse, necesitan desarrollarse a partir de contar con posibilidades, libertades y recursos para predominar exitosamente sobre las formas asalariadas capitalistas y demostrar en la práctica que son más humanas, productivas y ambientalistas. Y será por eso que se impongan, no por ley, ni por expropiación forzosa de los capitalistas.

    • Estimado Pedro:
      Suscribo tus palabras. Sólo agregaría que necesitamos una sociedad post-capitalista pero también post-socialista. La idea del “socialismo” está contaminada desde sus orígenes por esta lógica desarrollista y modernizadora. Engels ya decía en su ” Dialéctica de la naturaleza”, que “el hombre” está destinado a dominar la naturaleza. Esa idea quedó en la mentalidad del socialismo -en todas sus ramificaciones- y del comunismo. Por ello el “socialismo del siglo XXI” sigue atrapado en la misma lógica y arremete contra “la naturaleza” (comunidades indígenas incluidas).
      Es preciso generar otros conceptos fuera de la estructura binaria capitalismo/socialismo. Es por ello que algunos autores hablan de una sociedad post-desarrollista, post-industrial; aunque utilizan el prefijo “post-” con cierto recelo. Incluso, algunos no están muy seguros que esa sociedad llegue antes de que la necesidad consumista acabe con el planeta.
      Otra cosa: es necesario discernir que no es lo mismo “sostenible” que “ecológico”.
      Saludos.

  2. Francisco A. Dominguez dice:

    Mientras los Estados sigan facilitando las gratuidades, tanto para empresas como para individuos, no hay racionalidad económica posible. Los costes, y en consecuencia los pagos, son reflejos de la escasez, y la necesidad de trabajo. Cuando las cosas son gratis producen una sensación de abundancia irreal que lleva al abuso… y a la vagancia.

  3. Isidro dice:

    Si entiendo bien, Latouche es el defensor mundial por excelencia del decrecimiento, teoría que supone una estocada directa al corazón de la sociedad de consumo y al concepto de la “obsolescencia programada”. Y entonces me pregunto: dónde cabe su prédica en un país en el que como Cuba la sociedad de consumo está a años luz de llegar, y donde no noto la obsolescencia ni programada ni sin programar, porque seguimos montados en los Chevrolets de 1951 y reutilizando las botellas de Cola después tres meses de compradas y a veces no hay ni papel higiénico. O sea, que según este llamado deberíamos ser “posindustriales” antes de ser siquiera “industriales” (y nada que ver con la pelota).

  4. Armando Perez dice:

    Hasat ahora nadie ha logrado sustituir al mercado como agente del desarrollo. Los intentos del socialismo ya sabemos ha donde han ido a parar (El camino mas largo e ineficiente del capitalismo al capitalismo).

    No es posible eliminar el desarrollo, pues es parte de la naturaleza humana. Lo que sí es posible es lograr tecnologías que impacten menos o nada al medio ambiente. Esto sucederá cuando surjan métodos ecológicos que sean a la vez económicamente viables. Esa dirección de desarrollo va tomando mas fuerza cada día, lo que no sabemos es si llegará a dar fruto a tiempo.

  5. El bobo de Abela dice:

    En mi opinion la humanidad necesita una catastrofe ecologica de grandes dimenciones para que los politicos de una vez entiendan que se necesita cambiar toda la matriz productiva y energetica. Las tecnologias existen desde hace rato. El dinero tambien existe lo que se utiliza en cosas menos importantes como son los gastos militares.

    Paul Hawker en su libro “La Ecologia del Comercio” (hay una version en español en Cuba) afirma que con el presupuesto militar desde la guerra fria a la actualidad se pudiera haber sustituido nuevamente toda la infrastructura existente en el Mundo, incluyendo vias, casas, industrias, absolutamente todo nuevo con tecnologias amigables con el ambiente.

    http://www.revistafuturos.info/resenas/resenas8/ecol_comercio.htm

  6. luis dice:

    Agregar mas miseria a la miseria, repartir flechas y taparabos por la libreta. Lo que Cuba necesita es una agroindustria que mediante cualquier capitalismo le permita producir 10 millones de toneladas de azucar o maiz o soya o trigo o todas juntas, que sirva de tronco a la economia ,respetando el medio ambiente. Digo cualquier capitalismo, porque es el sistema capaz de producir el excedente en recursos materiales para emplearlos en benficios sociales, ademas de que la tecnologia libera fuerza laboral para ser empleadas en labores improductivas , pero necesarias. Y desde ya , crear una cultura, tecnlogia e industria del reciclaje, crear una cultura , tecnologia e industria de energia renovable y ambientalista,( no crear consignas). Y lo mas importante, que sea responsabilidad de todos los ciudadanos , porque cualquier plan en manos de funcionarjos publicos esta condenado a fracasar. La relacion de los poderes politicos con respecto a la economia tienen que cambiar.

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