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Dariela Aquique: Recuerdo mis años de estudiante como Bachiller, aquella profe que interrumpía la lectura de obras y con histrionismo sorprendente hablaba de las posibilidades reales de conocer más la verdad de un país por sus escritores, que por crónicas históricas. De ahí mi pasión por las letras, tuve excelentes profesores (claro, no eran los tiempos de maestros emergentes) y la improvisación y el no dominio de la materia quedaban descartadas. Con humildes pretensiones y la palabra de coartada quiero contribuir a mostrar la verdad de mi país, donde la realidad siempre supera a la ficción, pero donde un estilo novelesco envuelve su existencia.

El transporte público o las disco móviles

abril 22, 2014 | | |

Dariela Aquique

Foto: Juan Suárez

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Es cierto que los cubanos somos casi todos melómanos. Es como si lleváramos la armonía en la sangre. Inconscientemente movemos los pies si sentimos un tambor y dar palmadas o percutir con los dedos o las manos cualquier objeto cercano para seguir el compás de la música que oigamos, es casi un reflejo incondicionado.

Somos así, nos gusta marcar el ritmo y tararear las letras de las canciones. Todo eso está bien, si lo hacemos en una fiesta o en nuestras casas. Pero, ¿alguien sabe cuántas personas caben en un transporte público en Cuba? Ni idea verdad.

Pues imagínense ustedes, a ese número incalculable de compatriotas metidos todos juntos en una guagua, apretados como sardinas en latas, sudando a mares por el tórrido verano de la isla, exhalando disímiles y lamentables olores, cuidando la cartera de los cuatreros y por demás, oyendo reguetón o bachata a decibeles extremos.

Y es que, no sé, a quién se le ocurrió “la brillante idea” de poner música en los trasportes públicos. Donde estamos obligados a viajar tantas gentes, tan diferentes.

En las guaguas van viejitos a los que la música excesivamente alta puede molestar. También van enfermos, con padecimientos como la migraña que hace no tolerar el ruido. Van madres con sus bebés, en fin…

La peor parte de la historia es que todos estamos obligados a soportar la música que nos impone el chofer (casi siempre de un gusto estético fatal) y para colmo de males no faltan los entusiastas melómanos que cantan, corean, gritan y para hacer el bullicio de más alto calibre golpean las ventanas, las barandas y los asientos del carro.

Pero esto no pasa solo en las guaguas, también en los almendrones, camionetas, taxis ruteros y todo tipo de transporte de pasajeros.

Como no es posible comprarse un Peugeot en la isla [cuestan $230,000 CUC], tenemos que sufrir a Romeo Santos y su detestable vocecita de castrati en un tema cursi (con perdón de sus fanáticos), o un vulgar reguetón, o al ritmo constante de la música house que el jovencito que viaja al lado tuyo lleva puesto en su celular.

Nada, que después que te bajas de un transporte público, llegas al lugar de destino algo así como aturdida como si hubieras salido de una Disco móvil.

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3 respuestas a “El transporte público o las disco móviles”

  1. Miranda dice:

    Dariela, eso lo que es una gran falta de respeto y una indisciplina total.
    Como nadie se puede comprar un Peugeot, todo el mundo debe ir callado sin molestar a nadie, y mucho menos que sea el guaguero quien poca la música .
    Es que en Cuba las únicas leyes que hay que respetar y obedecer son las de ser incondicional al regimen y mas ninguna?. Que clase de incivilization es esa?. Despues uno dice que eso solo se ve en la Cuba de ahora y levantas ronchas, Como es que no exista una autoridad que prohiban esto?. Increible! Tiene que pasar otro medio siglo para que en Cuba entren en caja.

  2. Isidro dice:

    Jaja…y eso que los chinos las mandaron para Cuba sin las pantallas de TV y el Wi-Fi que suelen incluir esos ómnibus. Habrá que sugerirles que tampoco les pongan reproductor de audio y bocinas…

  3. Esopo dice:

    Dariela en las ciudades brasileiras que estado he vista en los ómnibus, en los metros y trenes un cartel que dice que no se puede poner música o hacer otros tipos de ruidos y junto a la información el numero de ley que prohíbe tales comportamientos, la gente respeta ya sea por educación o por tenor a la ley a pesar de ser los brasileros melómanos igual que los cubanos. Ahora con el uso masivo del teléfono celular una gran parte de los pasajeros usan también masivamente los audífonos para escuchar música sin molestar a los demás.

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