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Verónica Vega: Por años me fue difícil elegir entre escribir, pintar o danzar. Escribir resultó lo más rentable e inmediato. Vivo en Alamar, un proyecto de ciudad abortado, que sólo respira por lo que queda de la naturaleza, por la alternatividad cultural, y sobre todo, por la voluntad infinita del alma humana. No me considero periodista. Escribir en Havana Times ha sido sólo una oportunidad para decir lo que creo que se puede mejorar en Cuba.

Estrellas que apagamos

abril 18, 2014 | | |

Verónica Vega

HAVANA TIMES — Aunque no veo mucha televisión, creo que de la cultura de la India lo que más se promueve aquí son los productos de Bollywood que repiten una y otra vez la misma fórmula: canciones pegajosas, una belleza ultra estandarizada y todo tipo de clichés figurativos en un vértigo visual alucinante.

Cuánto me gustaría que las ofertas indias fueran películas como una que me ha dejado pensando durante días: “Taare Zaamen Par”, título que traducen como: “Estrellas en la tierra”.

El filme cuenta la historia de un niño que está repitiendo el tercer grado y aún tiene serios problemas de aprendizaje. Criado en el seno de un hogar armónico, hijo menor de una familia de la clase media, mimado por su madre, su inadaptación al mundo parece ser su único conflicto.

Las puntuales canciones donde no hay bailes sensuales ni bellezas exóticas, expresan los pensamientos del protagonista o insertan reflexiones profundas y cáusticas. Es un filme para pensar y para compartir; debería ponerse en las escuelas y tiene mucho que enseñar a las familias.

La historia de Ishaan, que no está precisamente basada en hechos reales, nos muestra a un niño tan tangible que cualquiera de los acusados de “raros” podemos tomar como personal.

Me recordó mi agonía en los primeros años de la primaria, cómo me orinaba en mi asiento sólo porque una niña más fuerte no me dejaba nunca pasar al baño. Las cosas que me robaban: juguetes, lápices, prendas… Las que yo misma regalaba (no por generosidad sino a cambio de ser aceptada), acarreándome regaños al volver a casa. Coacciones, humillaciones…

Uno de los temas más bellos de la banda sonora (“Maa”, premiado por letra e interpretación), dio forma a un pensamiento instintivo, remotísimo: esa aspiración a que la madre sea un aliado tácito, omnipresente, alguien capaz de percibir no tanto lo que mostramos sino lo que nos esforzamos en ocultar.

Los abismos que se abren ante la mirada de un niño cuya sensibilidad no es detectada a tiempo o es ignorada, ¿quién puede valuar cuántos desgarros implica y cuánto se sacrifica en la “adaptación” a un férreo canon de educación o a las brutales leyes de la supervivencia y la competencia? Esas “curas de caballo” pueden llevarse lo mejor de un ser humano.

Creo que hay países donde la pedagogía se toma muy en serio y se estimulan y apoyan proyectos experimentales que intentan respetar al individuo desarrollando entes auténticos, indóciles, cuestionadores. Pero temo que incluso en esas tentativas se pierde parte de esta red delicada y compleja que forman la percepción interior y los sentimientos.

Más que un sistema se necesita algo vivo, que sea capaz de mutar no sólo con las circunstancias sino con ese microcosmos único, intransferible, que es un individuo.

Usando la misma metáfora que sugiere el título de la película, no puedo dejar de preguntarme cuántas estrellas-niños se estarán apagando ahora mismo (¿y en Cuba?!), en la lucha por adaptarse a este desquiciado mundo.

Películas como “Taare Zaamen Par” demuestran que el arte, tal como previó Schopenhauer, “es un estado de contemplación desinteresada, donde las cosas se muestran en su pureza más profunda. Nos habla en el idioma de la intuición, no de la reflexión… Es una vía para escapar del estado de infelicidad propio del hombre”.

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3 respuestas a “Estrellas que apagamos”

  1. Miranda dice:

    Pues sí Verónica, que un niño tenga la cierta seguridad de que su madre es su cómplice al grado de que aunque no esté con El esa seguridad lo sustente seria un avance ya para su futura adultes, el mismo bien le hace al niño cuando tienen maestros que invierten en desarrollar tanto la parte académica como la interpersonal, toda esa clase de sentimientos van nutriendo esa pequeña alma como alimento espiritual, tan importante para el desarrollo humano. Quien no siente una sensación de felicidad al recordar una maestra querida?

    El libro de Daniel Goldman “La inteligencia emocional” habla de como esta tiene que estar presente y quizás mejor afianzada en el humano para que la otra funcione, yo soy partidaria de que el ser humano esté bien equipado con la emocional primero, especialmente ahora como bien dices, en este mundo tan desquiciado.

    Ojalá que cada día surjan más mentes que mediten en esto y se esfuercen para que en las escuelas se les de al niño a que aprendan música, y que los padres, por lo menos los de la parte de acá que tienen más facilidades de darles tecnología, que limiten a sus hijos el tiempo que pasan en ella, y que los pongan a estudiar un instrumento musical.
    Como bien dices Veronica, el arte es una vía para escapar del estado de infelicidad propio del hombre.

    • luis dice:

      Asi es Miranda, si no fueramos capaces de convertir los simbolos del lenguaje en emociones, no existiria la conciencia . Nuestro cerebro tiene que desarrollar complejisimas emociones para el basto espectro de juicios , conceptos , palabras y simbolos, sin ellas , nada tendria sentido. La musica es la mejor herramienta para el desarrollo de la emocionalidad y esta a su vez debe abrirle las puertas al cerebro a las teorias mas complejas. Referente al articulo, parece que esta de moda ser conformista, ver peliculas monotematicas, oir musica con el mismo ritmo, sonoridad, armonia e incluso tonalidad, leer novelitas monotematicas, y consumir por toneladas repeticiones de lo mismo, como si fuera necesario llenar la cabeza de cualquier cosa menos de tus propios pensamientos.

  2. el_yoyo dice:

    Volviendo al tema de las peliculas de la India, recomiendo que vean “My name is Kahn” un filme protagonizado por la superestrella de Bolliwood Shah Rukh Khan.
    Una historia que cuenta cómo le cambió la vida a una familia musulmana después del ataque del 11 de septiembre. El mensaje central es conmovedor:
    MY NAME IS KAHN AND I AM NOT A TERRORIST!

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