Dos compatriotas y una aventura

abril 9, 2014 | | |

Jorge Gómez Barata (Progreso Semanal)

El restaurante Bistro Habana

El restaurante Bistro Habana

HAVANA TIMES — Dos cubanos, uno de los cuales reside en Estados Unidos y otro en Cuba, quisieron reunir sus discretos capitales para fundar en la isla una pequeña o mediana empresa. No pueden hacerlo: a uno se lo impide el bloqueo norteamericano, al otro la Ley de Inversiones recientemente aprobada.

Para solucionar el asunto, el que vive en los Estados Unidos decidió regresar a Cuba, recuperar su status y convertirse en lo que es el otro: un cubano residente en la Isla con todos sus derechos y deberes para entonces fundar la pequeña empresa. Tampoco pueden hacerlo, porque en Cuba todavía no se promueven las pequeñas ni medianas empresas privadas.

Es cierto que en Cuba hay negocios que en los hechos son pequeñas o medianas empresas, por ejemplo restaurantes con veinte empleados donde cada uno de ellos debe obtener una licencia de trabajador por “cuenta propia”, lo cual no refleja la verdad. En verdad se trata de un empresario y 19 trabajadores por cuenta ajena.

Debido a que esos negocios todavía no son reconocidos como entidades empresariales, no existen en ellos secciones sindicales ni otras organizaciones, no hay una legislación que establezca el salario mínimo, y los que allí trabajan, no están protegidos contra el despido o el acoso, aunque disponen de la seguridad social y otras prestaciones que les asegura el Estado.

La Ley de Inversiones pudo haber resuelto estos y otros entuertos, propiciar una legislación integral y coherente para las pequeñas y medianas empresas, promover su fomento y crear condiciones para ejercer alguna presión respecto a la eliminación del bloqueo norteamericano, y mientras ello no ocurra, luchar por romperlo.

Al margen de esas consideraciones, resulta difícil comprender la línea de razonamientos que llevó a los redactores y diputados a descartar a los pequeños y medianos empresarios foráneos y nativos, en beneficio del gran capital y de presuntas inversiones millonarias, cuando ambas cosas son compatibles.

En la realidad, debido a las escalas de la economía cubana, lo que parece más viable y sostenible es un comienzo más modesto que avance de lo pequeño a lo grande, y de las empresas simples a otras de mayor complejidad tecnológica.

Las grandes empresas requieren de considerables volúmenes de capital, lo cual conlleva a dilatados plazos de amortización, tardan años en realizarse y madurar y, frecuentemente, conducen a complicaciones políticas, porque se requiere la intervención de bancos internacionales, y el empleo de tecnologías o de licencias que a menudo tienen algún componente norteamericano.

Tampoco queda claro la insistencia en privilegiar las exportaciones, cuando entre las urgencias figura cumplirle al desabastecido mercado nacional y reducir las importaciones. Para no hablar de China, Cuba importa galletas de soda de Nicaragua y de México, panqués de Vietnam, confecciones de Centroamérica, yogur de España y Alemania, detergente de Irán, confituras y caramelos de varios países, y otras anomalías.

En cualquier caso faltan 90 días para la entrada en vigencia de la ley, que debe ser firmada y promulgada por el presidente, quien tal vez encuentre válidos algunos argumentos para proponer una nueva lectura. Allá nos vemos.

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2 respuestas a “Dos compatriotas y una aventura”

  1. 100 % Gusan@ dice:

    Con tanto negocio bueno que hay en el mundo hay que ser nostálgico pa ir a Cuba a meterse en la pata de los caballos a arriesgar el dinero.

  2. tony dice:

    Si algo nos queda de potencial como país es precisamente nuestro espíritu emprendedor. El cubano no puede ser mas innovador, empresarial e inventivo. Es mas, diría que es todo lo que nos queda. La única solución económica posible en la isla es precisamente darle alas a lo que llevamos en la sangre, no importa donde estemos. Esta ley es la ultima baraja para que el país se arregle, salga de una economía de escasez, pésimo nivel de vida y hasta la posibilidad de resolver el diferendo con EEUU. . Yo no se donde ponen “el oido para escuchar”. me imagino que es en las reuniones del partido, asambleas y “en la calle”, ( de Raúl y de Fidel) Pero no es ahí donde hay que ponerlo. Donde hay que ponerlo es en las “salas de casas” de los cubanos. Donde la gente habla con mas “naturalidad”. Lo que dicen, ( por si no lo saben ), tanto en Cuba como en el extranjero, es; – “Tony, si a los cubanos nos DEJARAN HACER”. Fulano, si a los cubanos nos dejaran hacer. Si, nos dejaran hacer, si nos dejaran hacer………….

    Hay una frase del ex Secretario de Defensa de los EEUU, Robert MacNamara, que la primera vez que la oí pensé que era una frase hipócrita para justificar una política de robo de “cerebros”. La frase dice: “Los corazones y las mentes van a donde son apreciado.” Si la Nueva Estrategia de Desarrollo no incluyen a los cubanos, entonce pienso que la frase tenia varios niveles de interpretación y que después de todo, no estaba tan equivocado y sabia bien lo que decía. Espero que se lleven lo que quiero decir.

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