Un editor en Cuba

enero 15, 2014 | | |

Ernesto Pérez Chang

Foto: Juan Suárez

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Me reservo su nombre porque él no quiere que lo escriba. No será necesario. Pudiera ser sustituido por cualquier otro. Solo diré que es editor. Quizás uno de los mejores de Cuba. Tiene sesenta y cinco años y más de la mitad de su vida la ha dedicado a publicar libros de todo tipo.

Ha hecho su trabajo con pasión, a pesar de las circunstancias terribles que lo rodean: un salario que apenas le alcanza para comer y una casa vieja, corroída por la humedad, a punto de venirse abajo totalmente. Lo agobian los problemas del día a día pero él no se queja, es incapaz de hacerlo, tiene miedo.

Hace unos días, mientras conversábamos por teléfono, lo sentía agitado, con la voz apagada. Me dice que había pasado la noche paleando los escombros de la sala de la casa. Con las lluvias otro pedazo de su vivienda se había desplomado y estuvo en peligro de perder la vida.

Entre el agua y los derrumbes lo ha ido perdiendo todo: los muebles, los libros de tantos años, las ropas. Ahora vive arrinconado en una esquina de lo que fuera la cocina familiar. Las cosas que ha logrado rescatar se acumulan inútilmente en un espacio mínimo.

Bien sabe que en cualquier momento también les llegará la hora. Las lluvias en Cuba no se detienen jamás por estos meses y no hay esperanzas de obtener otra casa porque mi amigo no es dirigente del Partido, ni militar, solo es un simple editor de literatura.

Me dice que en sus años de trabajo para editoriales del Estado ha aprendido a obedecer. Si de “arriba” le ordenan “boca abajo”, él debe apresurarse a dar la vuelta, sin titubeos. Ha podido comprobar en carne propia que nadar contra la corriente es sumamente arriesgado. Eso lo sé.

Me ofrece el consejo con la bondad de un padre sin reconocer que ha sido una víctima entrenada a golpes. Ese es su secreto para una mediana sobrevida en un país de sobrevivientes pero no se da cuenta de que apenas ha vivido los sesenta y cinco años que tiene.

Su vida transcurre detenida en una misma escena interminable donde cada año que transcurre es el mismo, bajo el asedio de iguales temores. La salud que se agota, una vida que termina, una casa que no soportará las próximas lluvias, los últimos días en un albergue de tránsito, sus libros bajo los escombros, su oficio despreciado por una ola de entusiasmo mercantil y maquillaje.

Ante la crisis económica que afecta todo, incluido el sistema editorial cubano, la mayoría de los editores han perdido sus trabajos y se encuentran subsistiendo a merced de los contratos que no abundan y que jamás pagarán lo suficiente para llevar una vida decorosa.

El oficio que tanto ama le ha enseñado que en Cuba la palabra escrita es un terreno pantanoso. En él ha visto hundirse a colegas que no advirtieron el mensaje subliminar de algún poema o por no haber interpretado “debidamente” el pasaje de una novela, la moraleja subversiva de un cuento, el verbo corrosivo de un ensayo.

La literatura en Cuba, la cultura en general, se hace bajo el asedio de los funcionarios suspicaces. No se puede arriesgar lo poco que se tiene y el oficio de editor es, en Cuba, leer con cuidado, siempre dudando, poner bajo sospecha. Las liebres saltan desde cualquier lugar.

Se pudiera pensar que una labor tan arriesgada rinde buenos dividendos pero el de la edición literaria, en Cuba, es un oficio relegado. Los salarios, extremadamente bajos, ridículos, se han mantenido invariables por más de veinte años y ya, por último, en esa política de “sálvese quien pueda”, puesta en marcha para reflotar cierto buque herrumbroso y hundido, se ha reducido el mercado laboral a niveles ínfimos.

Ante la crisis económica que afecta todo, incluido el sistema editorial cubano, la mayoría de los editores han perdido sus trabajos y se encuentran subsistiendo a merced de los contratos que no abundan y que jamás pagarán lo suficiente para llevar una vida decorosa.

La industria editorial no es constante, los ingresos de las empresas del libro dependen de unos mecanismos de distribución insuficientes y divorciados del productor, y abundan los tiempos muertos donde el editor y el corrector (otra especie en vías de extinción), que no dominan otro oficio y expuestos a la vorágine de desempleos y restricciones en todos los sectores más rentables de la economía, sencillamente se paralizan y son condenados a vivir en la peor miseria.

Si antes el salario no alcanzaba, al menos era una cantidad mensual, fija, que aliviaba la presión mientras servía para pagar los servicios de agua, gas, electricidad y teléfono cada día más caros y tarifados a espaldas de un ingreso medio.

Foto: Juan Suárez

Foto: Juan Suárez

Ahora la realidad es un abandono a la suerte de cada cual y no valen la destreza ni los años de experiencia, sino factores de otro tipo como estar en el lugar y el momento adecuados para obtener una contratación o una plaza vacante, disponer de una computadora en buen estado (un simple editor no puede darse el lujo de adquirir una máquina que le costaría treinta veces el monto neto de su salario mensual, muchos menos mantener sus piezas y actualizarla), dominar los programas de edición digital, aceptar las escuálidas tasas de pago y, luego de realizado el trabajo, esperar meses por que haya dinero en la cuenta de la empresa para saldar las deudas con los contratados.

Tengamos presente, además, que la edición no se puede ejercer por cuenta propia y que no está permitida la iniciativa privada en el sector editorial.

Bajo esas circunstancias, la vida de cualquier editor en Cuba se ha vuelto aún más tormentosa y no existe una organización gremial, especializada, que los proteja y esto, en gran medida, ha contribuido a que las medidas institucionales que los afectan se tornen irrevocables e incuestionables, porque nadie mejor que ellos para intuir los efectos negativos de la palabra escrita bajo el lente de un funcionario suspicaz.

Mientras escribo estas líneas, en La Habana llueve a cántaros. Las manchas de humedad en los techos de mi casa crecen por día y sé que no faltarán muchos años para que yo comience, como mi amigo, a replegarme en los rincones, evadiendo los derrumbes. Llueve sin señales de una breve escampada y mi amigo, que teme a tantas cosas, continuará en silencio.

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9 respuestas a “Un editor en Cuba”

  1. Ein zuverlaessiger Freund dice:

    ¿Es que realmente vale la pena vivir asi?

  2. lector dice:

    Hace algun tiempo en la tienda Fin de Siglo por San Rafael, habia un montaje en una de sus vidrieras, con un escrito arriba. El escrito decia: Tenemos la solucion a sus problemas y debajo habia un cuadro, con un barco hecho de hilos, y una soga bien gorda puesta por encima, como al descuido. A lo mejor lo recuerdan, pero no lo interpretaron. Interpretelo ahora amigo Ernesto y trasmitelo al editor.

  3. Ernesto, disfruto mucho de tus escritos espero que las manchas de humedad que crecen en tu casa o el posible húmedo futuro no te ahuyente de escribir por aca. Creo que tu amigo editor debió hacer lo mismo que haces tu. Los problemas se enfrentan y luchando se resuelven de una forma u otra pero uno no puede arrinconarse y aislarse. Comunicar ideas y situaciones que para Uds son el pan de cada dia es de extrema importancia para que los que leemos y no tenemos acceso directo a tu realidad podamos captar algo de ella.

    • Podemos culpar al gobierno de represión, de usar métodos mafiosos, de corrupción pero no creo que podemos culparlos de que nos falte la libertad, esa culpa la llevamos nosotros. Ellos aprovechan el silencio de todos para decir que Uds y Nosotros todos estamos de acuerdo con lo que ellos han hecho y con lo que hacen con Cuba. Por eso es tan importante que hablemos. Y no solo debes hablar tu que estas en el fuego sino nosotros que ya nos salimos de el.
      Entre todos podemos hacer una diferencia muy grande en la vida de Uds y de nosotros mismos.
      Cuba me duele, porque yo estube en la misma situacion que tu y nadie hablo por mi. Yo tenía miedo también y no hable por mi. Hay que vencer los miedos y a la autocensura. Para que no puedan decir que permanecimos en silencio. Para que no puedan decir que nuestro silencio es de aprobación. Sino para que vean como nuestras voces suenan altas y los demas que aun tienen algo de miedo se unan también a nosotros y comiencen también a hablar lo que piensan en libertad. La libertad no es gratis tiene un costo. El costo de la libertad es vencer cada uno de nuestros miedos. Creo que aprendí eso con Yoani Sánchez.
      Tienes a Raul Castro que dice que la inmigración es económica y no política. Aun asumiendo que se pueda separar la economía de la política algo que es imposible, todavía tenemos como prueba que es falso lo que el a dicho los millones de comentarios bien argumentados en contra de las barbaridades del gobierno cubano escrito por cientos de miles de Cubanos en el exterior y algunos en Cuba que no les tenemos miedo. Solo hay que echarle un vistazo a los comentarios en este mismo sitio o en los miles de blog que como este permiten los comentarios aun cuando son totalmente opuestos a lo que el gobierno dice.
      Por todo esto que menciono no puedes permanecer en silencio como tu amigo el editor y ya es hora que tu amigo el editor también hable. Pues en realidad no tiene nada que perder y una libertad que ganar.

  4. Jose Luis dice:

    Solo el que ha vivido en cuba sabe lo que es vivir perennemente con miedo:Miedo a qudarte :”disponile” a que el que le compraste la libra de carne de res lo coja la policia y te denucie,miedo al apagon que te heche a perder los frijoles de la semana que guardas en el refrigerador,miedo a que se te rompan los zapatos ahora que no tienes dinero para reponerlos,miedo a que la guagua se atrase,llegues tarde y te pasen la raya roja,miedo a unirte a ese grupo de disidentes por que tu hijo quiere ir la universidad,miedo a que te hayan visto saludando a uno de ellos que se crio contigo,miedo a que el dinero solo te dure 15 dias y no puedas inventar hasta el proximo cobro,miedo a que la tia de Miami se muera y no te envie la ocacional ayuda,miedo a que te digan que la patente que pagas para vender croquetas en tu casa,ahora no sirve..esos o parecidos miedos y otros tanto los sufri en carne propia,fue tal que pedi un bote”prestado” al gobierno,di la vuelta a la isla y llegue a USA,aqui los familiares y amigos me preguntaban: sentistes miedo a los tiburones y a las olas? y yo les contestaba,si pero sentia terror a que me capturaran y tener que vivir alla el resto de mi vida….Cuando voy a ver a mi familia,los amigos me preguntan,lo volveria a hacer,les miro y veo mi miedo antiguo y les digo:Mil veces mas!..Se pude vivir con hambre toda una vida,pero no sin libertad y con miedo.

  5. Marlene Azor dice:

    Ernesto, excelente tu post. Muchos de esos miedos del editor y los tuyos, también los viví, pero sobre todo como no tenía miedo a hablar, y me sentía con todo el derecho ciudadano a hacerlo, pues me salvé de la depresión, el aislamiento, y la angustia. También tenía pesadillas cayéndose el techo de mi casa y yo anciana con un bastón en la más absoluta indefensión.
    No se dejen acorralar, actúen frente a esa realidad angustiante.
    Todo lo que cuentas de tu amigo editor es exactamente así y hay otras profesiones que han corrido la misma suerte. Hasta ahora el gobierno no permite que los profesionales se conviertan en cuentapropistas o para ser más exactos, aquellos graduados universitarios de antes de 1964, si pueden incorporarse al cuentapropismo, pero el ejercicio de la profesión está prohibida entre las actividades permitidas, un disparate económico que expulsa a los profesionales fuera del país.

  6. david dice:

    Muy bueno este articulo,me hace recordar a una amiga editora que pasa por exactamente lo mismo

  7. daniel dice:

    Como dice el propio articulo, muchos editores de la literatura cubana pueden verse reflejados en esta situacion, conozco casos en los que no se ha tenido en cuenta si conviven con personas mayores, si tienen hijos, condiciones en que viven, nada de nada. los mandaron a su casa a esperar algun que otro contrato y no le importo ni al director de la editorial, ni al Instituto cubano del libro ni al Ministerio de Cultura El Estado:

    Dice la constitucion que el Estado, garantiza

    que no haya hombre o mujer, en condiciones de trabajar, que no tenga oportunidad de obtener un empleo con el cual pueda contribuir a los fines de la sociedad y a la satisfacción de sus propias necesidades;

    Son unos desvergonzados por no decir otra cosa

  8. chong dice:

    Ernesto, què bueno es no recurrir al “arte de morir a solas…” sino acompañada por la imagen ante el espejo de tu texto. Gracias por dejar que fueran tus manos. Impecable tècnica, inmejorable contenido.

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