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Daisy Valera: Hasta mediados del 2010 fui una estudiante universitaria. Hoy, con 22 años, soy Licenciada en Química Nuclear y engroso la fila de los trabajadores cubanos. Amo el cine, los libros y la arquitectura, incluso de los edificios que se derrumban. Me gusta hacer artesanías con hilos, piedras y metales. Le temo a la monotonía y estoy comprometida con el propósito de construir una sociedad mejor.

El diseño cubano y los negocios privados: Piscolabis

noviembre 19, 2013 | | |

Daisy Valera

Artesanias Piscolabis

Artesanias Piscolabis

HAVANA TIMES— Diseño cubano ═ Dificultades podría ser una relación útil y sencilla para describir el panorama de esta profesión en la isla.

Las estrategias de promoción y apoyo que la revolución de 1959 desplegó en muchos sectores de la cultura (música popular, ballet,…) fueron escazas en relación con el oficio de diseñar; hecho sorprendente si se conoce del uso intensivo que a inicio de los 60 tubo el cartel político para transmitir proclamas al pueblo, y el cartel de cine para presentarle al mundo “la nueva Cuba”.

Hay quizás solo dos momentos importantes en que se trató de hacer coincidir las políticas culturales del Estado con el desarrollo del diseño cubano; estos fueron la creación en 1974 de la Empresa de Producciones Variadas (EMPROVA) y en 1984 del Instituto Superior de Diseño (ISDI).

Cinco décadas de indiferencia  y desencuentros nos regala un panorama de desconexión entre diseñadores, falta de testimonio histórico del diseño nacional, ausencia de revistas y catálogos para el estudio o divulgación de esta actividad, escaza presencia  de diseñadores dentro de la industria, una industria incapaz de elaborar productos utilitarios de las décadas del 30, 40 y 50, y las dificultades de estos creadores para insertarse en las instituciones relacionadas con el arte.

La situación del diseño, tanto gráfico como industrial es un tema ineludible a la luz de las nuevas reformas económicas que desembocan en una Habana reconquistada por los carteles propagandísticos de los negocios privados.

La galería Factoría Habana es vanguardia en la discusión de este tema. Promueve en los martes de este mes de noviembre y de diciembre próximo el espacio Laboratorio de ideas sobre el diseño; intercambios y conferencias  que persiguen presentar la actualidad del diseño cubano así como las soluciones materiales y estéticas que propone.

El equipo Piscolabis, conformado por la comunicadora social Claudia Angurel y la arquitecta María Victoria Benito ha estado a cargo de mostrar la función que hoy cumple el diseño en el buen desarrollo de las iniciativas privadas.

Bazar Café Piscolabis

Bazar Café Piscolabis

Es justamente en el diseño tanto de los espacios como de los productos en el que estas nuevas empresarias hacen recaer el éxito del Bazar-Café Piscolabis, que ha recuperado en solo un año la inversión inicial realizada para ponerlo en funcionamiento.

Piscolabis es un oasis de modernidad en medio de un desierto de paredes desconchadas, fachadas desteñidas y balcones apuntalados. La agresividad comercial de sus dueñas le ha permitido acogerse a un plan experimental que promueve la Oficina del Historiador de la Ciudad para los nuevos negocios.

La Oficina ha arrendado hasta el momento solo 8 espacios para proyectos de tiendas de plantas ornamentales, restaurantes, peluquerías y otros. Estos espacios que se encontraban cerrados o subutilizados están ubicados en la Habana Vieja, principal área turística de la capital. Piscolabis se beneficia de establecerse en la calle San Ignacio, a pocos pasos de la Plaza de la Catedral.

Este Bazar-Café expone y comercializa piezas artesanales de factura nacional, fundamentalmente luminarias, bisutería y  textiles; dentro de estos últimos se destaca la elaboración de cojines decorados con motivos de los mosaicos tradicionales de La Habana.

Esta tienda que, según sus propietarias, pretende rescatar los valores estéticos de la Cuba de antes de 1959; se labra una identidad mediante el uso de colores, texturas y materiales que la distinguen: tonalidades ocres, botellas recicladas, papel alba texturizado, mezclilla.

Es un proyecto que desea convertirse en una opción alternativa en términos estéticos a los productos importados por el Estado para abastecer las tiendas de recaudación de divisas pero también a las propuestas artesanales estancadas en la elaboración de claves y maracas coloridas.

Piscolabis presume de un diseño sui generis que defiende, sin embargo, lucir la etiqueta de cubano.

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2 respuestas a “El diseño cubano y los negocios privados: Piscolabis”

  1. G. Cain dice:

    Algunos diseñadores chinos me cuentan aquí en el infierno de como se les abrieron las posibilidades con Den.

    Nuestro querido Raúl es chino, pero quizá no tanto, o quizás más bien es una tortuga china, por aquello de “sin prisa pero sin pausa”

    Sigue haciendo estos reportajes señorita Valera, se hechó de menos alguien así en aquel grupo de Lunes….

    Saludos desde el infierno… siempre suyo aunque escriba poco G. Caín.

  2. Isidro dice:

    Hola, Daisy:

    Muy bien por esta presentación.

    Que yo recuerde hubo dos momentos en nuestra historia reciente en que el interés estatal o paraestatal, según el caso, pareció propiciar un paso gigante en el diseño puesto en función de las demandas más urgentes del público. Uno fue en septiembre-octubre de 1978, cuando se abrió una gigantesca exposición temporal en lo que fuera la Casa de los Disfraces de la calle Galiano. Allí se mostró de todo lo que los cubanos de entonces, en especial los más jóvenes, podíamos ambicionar en términos de consumo. Junto a ropa, calzado, muebles y un sinfín de artículos primorosamnete concebidos, y muy a la moda, el sitio estaba custodiado por una tropa de diseñadores y encuestadores que nos comían a preguntas sobre lo que veíamos. Con nuestras respuestas llenaban unos formularios y no se cansaban de prometer que todo aquel paraíso del consumo estaría a disposición del cubano medio para 1979. Bueno, llegó el 79, el 80, el 81…y un águila por el mar. Yo aún lo espero…

    La segunda ocasión, que yo recuerde, se produjo a principios de los 90, cuando el ex canciller y por entonces secretario general de la Unión de Jóvenes Comunistas, Roberto Robaina, se comprometió (la UJC estaba en alza por aquel entonces y hasta administraba las hamburgueseras) con la diseñadora y modista Mercy Nodarse a producir masivamente los atractivos modelos de guayaberas, camiseros, camisas, camisolas, pantalones y sombreros, cuyos prototipos se acumulaban en la casa de la creadora allá por Fontanar. Imagino que para Nancy debió ser un bello sueño visualizar siquiera por un momento a media Cuba vestida con aquella ropa suya, que por partes iguales resultaba tan criolla, tan funcional, tan elegante y tan moderna. Pero sólo fue un breve sueño con brusco despertar. No sé qué pasó luego que todo aquello quedó en agua de borrajas. Otra vez…

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