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Dmitri Prieto-Samsonov: Me defino por mi origen indistintamente como cubano-ruso o ruso-cubano. Nací en Moscú, en 1972, de madre rusa y padre cubano; viví en la URSS hasta los 13 años, aunque ya conocía Cuba, pues veníamos casi todos los años de vacaciones. Habito en un quinto piso de un edificio multifamiliar, en Santa Cruz del Norte, cerca del mar. Estudié Bioquímica, Derecho (ambas en La Habana) y Antropología (en Londres). He escrito sobre biología molecular, filosofía y anarquismo, aunque me gusta más leer que escribir. Imparto clases en la Universidad Agraria de La Habana. Creo en Dios y en la posibilidad de una sociedad donde seamos libres. Junto con otra gente, en eso estamos: deshaciendo muros y rutinas.

Fusión nuclear: ¿tan segura como se piensa?

noviembre 4, 2013 | | |

Dmitri Prieto

HAVANA TIMES — Me parece que no tenemos suficiente percepción de riesgo en torno a una tecnología que está a punto de emerger. Obtener energía nuclear útil por fusión de núclidos ligeros (como el deuterio o el tritio, por ejemplo, que son isótopos pesados del hidrógeno) es el sueño de muchos físicos y tecnólogos.

Es el proceso que tiene lugar dentro del Sol, las estrellas y las bombas de hidrógeno, pero de lo que se trata es de “domar” la reacción termonuclear para que, por un lado, el reactor no explote (como la Zar-Bomba de 50 megatones que lo soviéticos lanzaron en 1961 en el Ártico) y, por el otro, que el proceso se mantenga estable a una temperatura en la que los núcleos pueden fusionarse y se genere energía.

No existe aún ninguna central electronuclear de fusión.

Las que hay son de fisión, y me refiero a esas que trabajan con uranio o plutonio: por ejemplo, las de Chernobyl o Fukushima.

Desde niño yo –hijo de ingenieros eléctricos y amantes de la física- escucho que “pronto” aparecerá el primer reactor de fusión. He leído historias de complejas máquinas Tokamak que utilizan el campo magnético para mantener controlado el plasma ultra-caliente donde debe ocurrir la reacción termonuclear, o de reactores que aprietan y calientan los isótopos utilizando rayos láser.

Incluso, en los ‘80 hubo quienes dijeron que podían hacer fusión en frío, lo que resultó ser un bluff.

Ya casi que me estaba aburriendo de esperar tanto (bastante me han dicho que el “sol en la tierra” está “al doblar de la esquina”)… cuando en el Granma del 18 de octubre apareció la noticia que remite a la BBC [Nuclear fusion milestone passed at US lab By Paul Rincon] de que en la National Ignition Facility de California unos científicos lograron por vez primera en condiciones estrictamente controladas y usando 192 láseres, que una “pastilla” [pellet] de hidrógeno produjera por fusión nuclear más energía de la que le era provista por los láseres.

Es decir, por vez primera la fusión controlada es un hecho. Está demostrado: se puede construir una instalación que produce energía fusionando núcleos de hidrógeno.

Por supuesto, no se trata de una central termonuclear en operación, sino de la posibilidad –en principio- de algún día tener una.

A propósito, el Granma repite lo que ha sido ya un lugar común para quienes escriben (o leemos) sobre los propósitos de estudiar la fusión nuclear:

“La llaman “el santo grial” de la energía, por ser limpia, más barata e inagotable… ya que puede alimentar la demanda energética sin la amenaza de proliferación nuclear o daños al medio ambiente… [Mientras la] fisión… arroja residuos altamente contaminantes, de larga vida y difícil eliminación [, en la] fusión… el residuo producido es helio, un gas inofensivo y con valor económico.”

Da la idea de que la fusión es buena en tal medida, que además de resolver para siempre el problema energético de la humanidad serviría también para producir helio, útil por ejemplo para llenar globos en fiestas de quinceañeras. Todo muy limpio y seguro.

Sin embargo, creo que (una vez más) estamos peligrosamente exagerando.

La fusión nuclear produce neutrones.

El neutrón es una partícula neutral, como su nombre lo indica, por lo que no tiene demasiados problemas para interactuar con los núcleos atómicos (cargados +). La radiación neutrónica es capaz por tanto de transformar un determinado núcleo en un isótopo más pesado, que suele ser radiactivo.

Esto nos conecta con el “problema de la primera pared”: en cualquier instalación de fusión nuclear, debe haber un recipiente interior formado por una “primera pared” que da la cara al espacio donde ocurre la reacción.

Esa pared estará expuesta a la radiación neutrónica. No podrá durar demasiado sin volverse radiactiva e irse erosionando. Con el tiempo deberá ser sustituida por otra si se quiere mantener el reactor de fusión en operación.

¿Adónde irán a parar los recipientes desechados? Esas “primeras paredes” estarán cargadas de radiactividad. Al expandirse la tecnología de fusión, esto puede ser un problema.

Se puede alegar que las cantidades de radiactividad producida son pocas, y el riesgo, menor, en comparación con las ventajas que supone la energía producida. Pero lo mismo nos decían cuando fueron generalizándose los reactores de fisión. Y después, ya sabemos lo que ha pasado.

¿Tendrán los científicos alguna propuesta al respecto?

 

 

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Una respuesta a “Fusión nuclear: ¿tan segura como se piensa?”

  1. Gabriel dice:

    Dmitri,

    Para tu tranquilidad la fusión nuclear no es una tecnología “a punto de emerger.” Será una tecnología del futuro durante muchos años. Yo no creo que vaya a verla en vida, aunque tú tal vez seas capaz.

    Cuando llegue el momento habrá que sopesar si los peligros compensan las ventajas.

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