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Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

Volver bobos a los niños: una pasión de adultos

septiembre 4, 2010 | | |

Yenisel Rodriguez

Foto por Sonia Kovacic

Cuando visité el parque de diversiones  La Isla del Coco, me sorprendí al ver como los  adultos saboteaban a los niños su día de esparcimiento.

Niños cogidos de la mano, mandados a callar, sentados a la fuerza, etc; y así, un parque de diversiones como La isla del coco, se convirtió de un momento a otro en La isla del Cocotazo.

Por eso no me molesté cuando llegada la hora de las meriendas, los almuerzos y el recogimiento campestre, los niños iniciarán el contraataque:

-mamá estoy cansado,

- papá no tengo hambre,

-ese globo es mío.

Los niños cobraban caro la sobreprotección al convocarla cuando mamá no la esperaba.

Caos total en la cafetería del parque. No querían estarse quietos. Les quedaba mucha energía por consumir.

Los adultos no entendieron el mensaje de los pequeños. Nuevamente llovieron los cocotazos. Alarmados se apoyaban atragantando de comida al los niño.

Me resistía a opinar que la perreta y la mimería formarán parte de la “naturaleza” de los niños. Más bien, pensé, es una estrategia de resistencia que reproduce la intolerancia y el egoísmo de los adultos. La malacrianza es el reciclaje del mimo; es favorecerte temporalmente del arma que hasta hace poco te dominaba.

Después de almorzar, me decidí a dar un paseo por los alrededores del parque. Sin buscarlo di con la celebración de un cumpleaños. Fue más de lo mismo.

Los niños agasajados eran invisibilizados por los padres. Éstos se esmeraban en la dramatización del cariño omnipresente. Sólo permitieron a los niños crear su propio espacio festivo, después de sentirse reconocidos como dadores de amor por el resto de los adultos que asistieron al cumpleaños.

Un niño sin libertad, sin un contexto cultural propio, donde la interacción con el adulto sea sólo una parte de su comunicación con el universo; será un niño-cosa, un niño-mercancía del afecto, un niño bobo o mejor dicho: un niño embobecido.

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Una respuesta a “Volver bobos a los niños: una pasión de adultos”

  1. Isbel Díaz Torres dice:

    Acabo de llegar del primer día del curso escolar, pues fui a llevar a mi sobrinito que por primera vez llega a su escuela primaria. Más de lo mismo vi allí. Sé que hay quien dirá que no es lo mismo un parque de diversiones que una escuela… Yo no estaría tan seguro, pero en lo que sí coincidiremos todos es que el niño sí es el mismo…

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