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Leonid Lopez:Me llamo Leonid. Mis padres me nombraron así porque nací en Cuba el mismo día que visitó La Habana el expresidente de la antigua Unión de Republicas Socialistas Sovieticas Leonid Brezhnev. Ahora es un nombre fuera de moda. Viví en Cuba 34 años, Llevo 5 meses en Japón. He cambiado algunas ideas pero sigo creyendo en dos: Creo en lo imprescindible de la posibilidad de elección, pero tambien que la felicidad es responsabilidad de cada quién y nadie puede otorgarla o negarla. Cuba me pareció un buen lugar para crecer, luego comenzó a ser como una madre que devora a sus hijos. Hay quien cree en la Patria, yo creo en la bondad. Donde esté esta puedo tener mi nido. Ahora es aquí con mi esposa, mañana no sé.

De cómo ser actor sentado en el público

febrero 11, 2013 | | |

Leonid López

leonid1HAVANA TIMES — Fue el 31 de diciembre, año 2009. Supongo un mundo lleno de gentes con grandes expectativas para el nuevo año. ¿Será esto cierto? No sé, en algún puerto perdí esa carga. Hago lo que tengo que hacer cada día, como puedo, como siempre.

31 de diciembre, año 2009. Un autobús enorme, un viaje largo. Mi novia y yo fuimos a Nagano, donde viven sus padres. Me gustan los viajes largos en autobús.

La ciudad se estira hasta que de golpe ya no está. Kilómetros de pequeños pueblos y autopista. Entre estos, campos de cultivo. No suena divertido pero mis ojos agradecían abandonarse a esa caravana de imágenes predecibles.

Sin sorpresas, descansaba.

El campo de Japón me pareció, a primer ojo, grandes y pequeños sembrados sin mala yerba, casas espaciosas y en buen estado, autopista y grandes almacenes. En cada casa un auto. Para comprar lo que sea hay que ir en auto a varios kilómetros. Sin garantías de variedad no se veían posibilidades de cultivar el gusto.

Internet, aunque extendido, llegó tarde y se usa mucho menos que en las ciudades. El mundo sigue siendo lo que está al alcance. Todo lo demás no tiene mucho valor.

El viejo Japón, pensé, está en el campo. Las familias siguen sintiéndose budistas o sintoístas. Todavía se guarda el recuerdo de los familiares muertos y el venir de una rama de shogun, samuráis, comerciante o campesinos. El dueño de tierra sigue siendo alguien de respeto y los negocios pequeños se suceden en heredad al hijo mayor.

Los padres de mi esposa no tienen realeza de fondo. Se levantaron como pudieron y mandaron a sus hijos a la universidad. Ellos son la generación de un Japón que trabajó sin descanso y disfrutó de una prosperidad que les permitió pagarse una casa grande y una buena jubilación.

Son los japoneses que idealizamos con una cámara en cualquier rincón del mundo sonriendo y tirando fotos como locos. A la generación de mi novia no le tocaron muchos viajes. Los jóvenes de esta ya no sueñan con viajar. No tienen como ejercicio el soñar mismo. Ser un empresario de dinero es la máxima meta.

leonid2Un día deberé pensar seriamente en escribir todo lo que veo de parecido entre Japón y Cuba. Hoy no, desvarío y los recuerdos se escapan. Nagano. Nieve por primera vez. Tardé en comprender que había de bello en la nieve. Algo resbaladizo y que dota al ambiente de la sensación de un frío y abandono insalvables. Luego sería otra cosa.

Ese abandono traería gratos placeres, pero por ese entonces solo frío. Mi novia vive hace años en Osaka donde estudió y trabaja, así que ella también estaba de visita. Mis suegros fueron amables. Querían hacer sentir bien a su hija y lograron que yo me relajara.

Sigue siendo raro e incómodo que una japonesa case con un extranjero. Al extranjero le espera no encontrar empleo, no tener espacio dentro de la sociedad donde parece que se viera como un objeto raro para coleccionistas. Los niños señalan y huyen temerosos. Despierta risa y sonrojo en los adolescentes En el tren la gente evita sentarse a su lado.

Pero los suegros quieren la felicidad de su hija por arriba de todo. Así que por el momento todo esto no saltó a la vista.

La cena de fin de año consistió en una sucesión de comidas de formas y colores diversos. Se sigue un orden y se puede sentir que en este orden hay un poco de tradicional y otro de valoración de la salud.

leonid3No me gustó especialmente ningún plato y ahora prefiero menos ceremonia a la hora de comer. Pero era mi clase del Japón de las películas que vive en algún sentido y no la pasé nada mal.

Luego casi he olvidado las comidas, las ceremonias y las frases que para expresar lo mismo varían según la edad o el sitio que se ocupe en sociedad.

Sin embargo aún no olvido que fue al anochecer de aquel día cuando me percaté por primera vez que aquello era real, ya no estaba en Cuba.

Desperté en la madrugada y caminé por la casa. Miré una a una las fotos familiares colgadas en las paredes. No sabía entender lo que me decían esos rostros, no entendía sus poses, su supuesta armonía o donde iban montados en su vertiginoso adelanto económico. Estaba allí. ¿Alguna vez colgaran una foto mía aquí? me pregunté.

De ese momento conservo mi primer abrigo. La primera posibilidad de cambiar más que mis ropas. Comenzar a dar un sentido otra vez. Dar cuerpo a lo que antes eran solo fragmentos de ideas dispersos.

Ese día aprendí el frío, que la comida puede ser más que comer, que las familias pueden sobrevivir bien a la desmembranza. Pero lo más importante es que decidí que todo esto sería mi futuro escenario.

A partir de ese día vería moverse un montón de personajes aunque, sospechaba, solo desde el público. Lo mismo podría decir mucha gente.

Bien, si estoy en primera fila, está bien.

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2 respuestas a “De cómo ser actor sentado en el público”

  1. Isidro dice:

    ¡Bien por la crónica, Leonid! En especial tu mirada al campo japonés. Si bien el despegue del país obedeció sobre todo a la ingente y acelerada industrialización emprendida en el siglo XIX, no hay que ignorar la sabiduría con que sus labriegos se han dado por siglos a subsanar las carencias de la naturaleza, hasta sacar, por así decirlo, leche de las piedras.

    Y algo más: Uno de los aspectos que sigue intrigando a muchos historiadores aún hoy es cómo un pueblo pacífico y tolerante en sus esencias budistas y sintoístas – como bien mencionas-, pudo devenir invasor tan cruel y xenófobo en su etapa de expansión militarista, a partir de los años 30 del siglo pasado y hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. En China y Corea, y en menor medida en Filipinas, VietNam y Birmania todavía no se recuperan de las secuelas sicológicas que les dejó la política de tierra arrasada, llevada a extremas consecuencias por las tropas imperiales de Hiroito. Una contradicción digna de estudio. Ojalá nos ilumines.

  2. Eduardo Fernandez dice:

    Muy interesante la historia que cuentas Leonid.

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