Estudiantes newyorkinos en La Habana

diciembre 23, 2012 | | |

Por Regina Cano

Maya Anderson

HAVANA TIMES — Felizmente conocí a la residente y Directora alterno del Programa Académico de Sarah Lawrence College con la Universidad de La Habana, al cual asisten estudiantes norteamericanos.  A continuación nuestra entrevista.

HT: Maya, Sarah Lawrence y Cuba?

Maya Anderson: Tengo 27 años. Vine por primera vez a Cuba en 2005 siendo estudiante de la universidad Sarah Lawrence College.

Como muchas universidades norteamericanas, ésta permite que sus estudiantes pasen un semestre estudiando en el extranjero. Pero como pocas, manda cada año un nuevo grupo a Cuba.

Desde el principio me gustó Cuba. Quedé un poco “enganchada” y triste. Podía volver legalmente, porque también soy ciudadana francesa, pero seguía siendo muy caro para una estudiante sin ahorros ni empleo. Pude volver una vez con ayuda de una Universidad francesa para exponer en el Primer Congreso Iberoamericano de Antropología 2007.

En 2006, después de graduarme empecé a estudiar Literatura Cubana, tema al cual me sigo dedicando en cuerpo y alma. En 2009, la Directora del programa académico “Sarah Lawrence College en Cuba” -una historiadora y reconocida especialista de Cuba, la Revolución Cubana y Latinoamericanas- me dio la oportunidad de trabajar como su asistente y al año siguiente empecé a dirigir el Programa.

HT: ¿Cómo funciona el convenio?

MA: En el 2000 lo firmaron el Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la Universidad de La Habana y Sarah Lawrence College. A partir del 2001 empezaron a mandar pequeños grupos cada año, de Agosto a Diciembre. Raras veces llegan a ser más de veinte alumnos bajo nuestra supervisión.

Hay años en que solamente vienen estudiantes de Sarah…, pero también llegan estudiantes cuyas universidades no tienen permiso para mandarlos directamente y se integran al grupo bajo la responsabilidad de Sarah Lawrence. Traemos a jóvenes de todo EEUU con perfiles diferentes e intereses variados.

Desde 2010 han venido varias delegaciones:  directivos de Sarah Lawrence College y de otras universidades, para fortalecer la cooperación con la Universidad de La Habana.

Ya que parecía haber más apertura, se estaba hablando de organizar intercambios de profesores y encuentros científicos, además de otro Programa Académico para mandar más estudiantes norteamericanos en el segundo semestre.

HT: ¿Cuánto los enriquece y si es bilateral?

MA: Cabe precisar que estos Programas no permiten que ningún estudiante cubano vaya a Nueva York.

Para cualquier estudiante es enriquecedor estudiar en otro país, un privilegio. Para estos, imprescindible. Aprenden sobre su propia cultura y valores siendo alejados de ellos. Queriendo descubrir al otro, acaban descubriéndose a sí mismos.

Cuba representa algo prohibido para los gringos, quienes están acostumbrados a ir a donde quieren en el mundo. Como no pueden viajar libremente a Cuba se crea una especie de mística en su derredor, un aura tentadora.

Ven el Programa de Sarah… como una forma de burlar esa prohibición. Incluso, muchos hablan del viaje a Cuba como una de las razones que los incentivó a asistir a esa universidad del todo.

En mi época Sarah Lawrence… tenía un lema:  “You are different, so are we”. Este Programa es parte de esa “diferencia” que tanto atrae.

Hoy diría, que entre 10 y 15 universidades norteamericanas tienen programas académicos en Cuba. No es mucho, considerando las miles de universidades que existen en EEUU.

Su relación con Cuba hace que estas pocas universidades sobresalgan y les garantice una reputación de élite. Mientras, comercializan muchos conceptos de izquierda, “alternativos” y “revolucionarios”…

Todas esas linduras que venden el producto académico a los estudiantes, a la familia que tiene valores y se sienten identificados y van a estar de acuerdo en pagar tanto dinero, porque lo ven como una inversión social, tanto como financiera.

En este caso, asociadas con la imagen de Cuba. Lo que buscan es armar un buen negocio.

Y para ser sincera, debo agradecer al mismo sistema que critico, permitirme descubrir esta realidad.

Al final, tal vez sin darse cuenta, Cuba ayuda a esas universidades norteamericanas a mantenerse -en un período económico critico para muchas de ellas–, a ganar más dinero.

HT: ¿Qué recibe Cuba?

MA: Cuba también hace buen negocio. No es secreto que los estudiantes extranjeros pagan la matrícula de cada asignatura que cursan en la Universidad de La Habana.

El convenio estipula, que cada Facultad reciba lo que corresponde de las asignaturas matriculadas y el Centro de Estudios, entidad anfitriona y responsable del convenio, recibe un porcentaje de estas.

Los programas de estudiantes extranjeros, también aportan económicamente a los Organismos que tienen viviendas apropiadas para albergarlos. Los reciben un semestre o todo el año.

HT: ¿Asignaturas?

MA: Los estudiantes no matriculan las asignaturas de una Carrera, sino varias de distintas Carreras y hasta en distintas Facultades.

Teóricamente tienen libertad de cursar cualquier asignatura. En la práctica, las Facultades donde más cursan son Filosofía e Historia, Biología y, recientemente, Economía. Hay quienes han tomado Física, Literatura Cubana, Sicología Infantil, Historia del Arte, etc.

Además, reciben una clase semanal en el CEDEM:  “Cuba. Población y Desarrollo”. Diseñada específicamente para estudiantes norteamericanos. Tiene un componente sobre Demografía y Sociedad Cubana, Salud, Educación y Economía.

También Sarah… tiene convenios con otras instituciones:  el ISA y la Fundación de Nuevo Cine Latinoamericano, para estudiantes más especializados en disciplinas artísticas.

HT: ¿Relación con el mundo Cuba?

MA: Tengo los correos de los muchachos desde antes. Les envío cosas de la Prensa para más o menos actualizarlos. Muchas se repiten, pero si uno sabe reconocerlas…Es como fomentar un diálogo, preparándose de esa forma.

Se albergan en una Casa de Visita. Todo el año reciben estudiantes norteamericanos. Los muchachos están contentos y privilegiados -según mi criterio- de estar ahí.

Siempre tuvimos buenas experiencias en estos lugares. En muchas ocasiones los trabajadores se convierten en segunda familia. Se crean vínculos y amistades bonitas que funcionan como un puente entre ellos y la sociedad cubana, que puede parecerle un poco hermética en principio.

HT: ¿Qué es Sarah Lawrence College?

MA: Fundada a finales del 1920. En sus inicios fue solamente para mujeres. Empezaron a admitir estudiantes de ambos sexos en 1968.

Hoy es conocida por sus valores de tolerancia hacia la diversidad de todo tipo, sobre todo sexual -diría yo.

Recuerdo, en mi época, hubo gran controversia sobre la falta de diversidad étnica/racial que afectaba el cuerpo estudiantil. Después de algunos actos de vandalismo hechos por estudiantes, se organizaron charlas, manifestaciones, discusiones entre alumnos, profesores y directivos, para ver cómo solucionar ese problema de forma consensual.

En esa época había muchos estudiantes blancos, porque era y sigue siendo una de las universidades más caras y exclusivas del país. Excluye a muchos de niveles sociales más bajos que no cumplen con el doble requisito de excelencia académica y suficiente dinero.

Los criterios de entrada son rígidos, pero de estándares académicos altos. Uno puede ser rechazado o aceptado, a un nivel bastante alto de rechazo.

Afortunadamente han trabajado sobre la integración y diversidad socio-económica, y han abierto más posibilidades para que gente de menos recursos obtenga ayuda y becas. Los demás -somos miles- pedimos Préstamos Bancarios.

Una de las ideas pedagógicas principales es la interdisciplinaridad. En vez de cursar una carrera, los estudiantes pueden matricular las asignaturas que más corresponden a sus intereses, aunque sean de diversos campos académicos.

Pueden mezclar ciencia y teatro, por ejemplo, y después de 4 años se gradúan con un Bachelor of Arts (BA) -diploma general de estudios universitarios. Muchos recién graduados necesitan especializarse después.

Mirando este sistema de forma crítica, pienso que está diseñado para que la gente siga estudiando -por ahí,10 años- y siga endeudándose con los Bancos -una forma muy hábil de engancharnos- para después integrar el mundo laboral con una preocupación:  obtener un buen sueldo para vivir, pagar la deuda, y endeudarse de nuevo.

Yo lo hice para asistir a esa Universidad y no me arrepiento en nada, pero fue demasiado cara la inversión. Ahora el dinero se ha vuelto importante para mí, porque si no consigo trabajo, no podré pagar los plazos y pondría en riesgo la casa de mis padres, quienes firmaron el contrato como respaldo.

Es una forma hábil de orientar a una sociedad, de formar a una generación y asustarla muy temprano. Van marcando cuales son las normas.

HT: ¿El trabajo y vida para Maya?

MA: Como directora del Programa me empleaban cinco meses al año -24 horas al día, 7 días a la semana- para coordinarlo logística y financieramente.

Era responsable de los muchachos, de su desempeño académico tanto como social. Coordinaba todas las actividades del grupo, les propiciaba encuentros culturales, charlas extra-curriculares, etc.

Es importante mantenerlos activos, sobre todo porque siempre hay algunos que necesitan más que otros un pequeño empujón para involucrarse con los cubanos. Lo único que no hacía era enseñar. No soy profesora.

Como muchos trabajos, este no llevaba contrato, ni garantías de ningún tipo, ni seguridad laboral. Me escribían una carta cada año, precisando mi cargo, fechas de trabajo, salario, y que cubrirían los gastos del pasaje aéreo, del seguro médico, hospedaje y comida, mientras estuviera en Cuba.

En un principio, el salario me convenció de que podía afrontar lo demás, una vez que se acababa el programa y me tocaba salir de Cuba.

Por suerte, como estudiante, podía conseguir seguro médico por ese medio. Pero después de dos años de llegar a mi país sin casa, sin garantía de empleo al otro año y sin seguro médico, decidí que la tercera iba a ser la vencida.

Este trabajo me separaba de mi pareja. Cuando uno está sólo, la inestabilidad puede procurar cierta sensación de libertad, pero una vez que lo comparte todo con otra persona, ya no se puede sostener ese ritmo de vida.

Una vez logramos ir a Cuba los dos. Sarah Lawrence ayudó con el pasaje. Estuvimos 6 meses. Él escribiendo su tesis doctoral. Yo trabajando, pero cuando consiguió irse para Francia, ya no podía viajar sin perder el permiso de residencia allá y se complicó todo.

Maya Anderson

HT: ¿Tu experiencia con los cubanos?

MA: Cuando era más joven, era muy idealista. Para mí, como para muchos jóvenes del mundo, Cuba representaba un modelo social y económico alternativo, atractivo por su diferencia, por la independencia que supuestamente tenía del modelo socio-económico capitalista.

Deseaba ver los ideales del igualitarismo en práctica. No los vi como esperaba, pero no me desalentó, me animó a querer indagar más, en el sentido personal y académico, pues antes de venir había estudiado un conjunto de cosas que no iban en una dirección concreta hasta que llegué a Cuba y me metí en la Literatura Cubana, y fue lo que me impulsó a seguir estudiando “mi Especialidad”.

Me encariñé con muchas personas. Se sentían afectadas por determinados problemas que eran para mí insospechados:  la comida, la vivienda, la doble moneda, etc.

Me sentí comprometida con quienes conocía. Quería ayudar, entender, identificarme y también los admiraba -y admiro- por la vida que llevan; distinta a la mía. Pienso que me enseñaron muchas cosas, sobre todo con respecto al valor que tiene la familia y la amistad.

Después me di cuenta año tras año que los grupos de estudiantes viven un proceso parecido de descubrimiento y de compromiso intelectual, emocional, personal y social.

Aunque podía ser un poco repetitivo, también era bonito verlo, porque significa que sigue funcionando la inmersión cultural para crear mayor entendimiento entre ambas partes, no para todos, pero sí una gran mayoría de nosotros. De eso estoy convencida.

Esto pude verlo en las relaciones durables y provechosas que se crearon entre varios Proyectos Comunitarios y algunos de nuestros estudiantes. Nunca faltaban los estudiantes a sus encuentros semanales con niños y ancianos vinculados a estos proyectos.

Esos contactos no solamente ayudaron a los jóvenes a percatarse de las realidades cubanas por sí mismos, sino que también hicieron que los cubanos compartieran con los jóvenes norteamericanos en un ámbito saludable y creativo, por medio de la música, del arte o del aprendizaje.

Son esas personas las que hacen que estos programas valgan la pena para ambas partes.

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