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Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

Estoy muy (muy, muy) cansada

noviembre 16, 2012 | | |

María Matienzo Puerto

HAVANA TIMES — Había una vez un pueblo tan, pero tan miserable que su gente misma no se reconocía como tal. Al punto que Yo*, la protagonista del cuento, un día conversando con una compañera de aula de su clase de idiomas, quiso hacerle ver cómo nuestros salarios estaban por debajo de los índices de pobreza que señalaban algunas organizaciones mundiales y su compañera dijo que Yo era una exagerada.

Yo comentó para sus adentros lo difícil y doloroso que es para la gente reconocerse como pobres.

Y no estaba lejos de la verdad. Un día tuvo que visitarla a su casa y se dio cuenta por los adornos de la sala, que había sido acertada en sus reflexiones.

Por supuesto, la conversación no tuvo una segunda parte. Yo respetó la decisión de la otra de mantenerse en la más absoluta ignorancia.

Pero esas miserias son pasajeras. Eso cree Yo. Esas se resuelven, quizás, con un golpe de suerte. (Aquí nunca se resuelven solo con el trabajo.)

Pero las miserias del pueblo al que se refiere mi cuento, son las del alma, las que se han ido sembrando poco a poco, tras cincuenta años de paranoia cederística; tras las leyes no escritas de quién se merece más o quién no merece nada entre gente que trabaja como esclavos.

Las que hacen que un funcionario de emigración me diga que mi abuela, “a los efectos, no es cubana” porque tiene la residencia nicaragüense; y que me trate como a una “perra” porque yo sé mil palabras más que él y tengo “facha” de haber viajado medio mundo y él tenga que estar sentado en una silla ocho horas diarias “facilitando información”.

Mi cuento cuenta sobre la miseria de Laura, otra compañera de clases de Yo, que para lucir mejor ante los ojos de la profesora de alemán, diga que Yo “es lesbiana y  gusana”. (A los ojos de la profesora, no sé cuál de las dos cosas será mayor problema.)

Ni que fuera un escándalo para Yo eso de hablar lo que piensa sobre del sistema o decir que le gustan las mujeres.

Es que en ese pueblo están tan acostumbrados a esconder lo que piensan que Laura (la pobre) cree que con eso tiene alguna ventaja.

Pero Yo, la protagonista del cuento, está muy, muy muy muy cansada.

Y la entiendo. Es un cansancio espiritual. De esos que se sienten cuando se está rodeado por mucho tiempo de provincianismos y mediocridades. Cuando no se tiene la libertad de elegir sobre el destino propio.

(*) Yo, la protagonista, y yo, somos una misma persona, pero tener una personalidad fraccionada es consecuencia inevitable de las presiones psicológicas que provocan los horizontes tan limitados que me rodean.

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3 respuestas a “Estoy muy (muy, muy) cansada”

  1. Yuriorkis Brito dice:

    Refresca, hija, tomalo con mas suavidad… en terminos ibericos dales por culo a esas gentes y sigue en tu ambito; considera que ellos viven comiendo basura porque su vida es tan misera como la de tantos y requieren llenarla de alguna manera, no con cultura, no con informacion importante, no con valores, no con mejores actitudes, eso es dificil, asi que van por la facil. Que mas!

  2. Alfredo Fernández dice:

    Difícilmente exista otro gobierno en el mundo con más suerte que el cubano a la hora de reconocerlo como explotador de sus ciudadanos, la capacidad de la gente para no reconocer de manera justa lo que pasa en Cuba es rayana en lo demencial. El Gobierno cubano tiene tanto defensores dentro como fuera, gente que por nada del mundo aceptaría en su vida 24 horas lo que vivimos los cubanos hace 54 años, pero que se disgustan muchísimo cuando se topan un cubano como ellos.
    Vaya suerte la de los hermanos Castros, con los cubanos y resto del mundo, dios quiera y algún día termine.

  3. Marlene Azor dice:

    María, te felicito por este post.

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