¿Tenía razón Sirley Ávila?

noviembre 13, 2012 | | |

Haroldo Dilla Alfonso*

Sirley Avila Leon

HAVANA TIMES — La historia de Sirley Ávila es bien conocida. Sirley era una delegada del Poder Popular de Majibacoa, el municipio menos poblado de Cuba.

Sus electores habían logrado en años anteriores que el Gobierno estableciera una escuela primaria para los pocos estudiantes del poblado, los que, de otra manera, tenían que viajar varios kilómetros diariamente para acceder a un centro educacional.

En la presente coyuntura esa orden fue revocada y Sirley comenzó todo un proceso de gestiones y reclamos, pero fue sometida a un régimen de silencio donde nadie la recibía y ningún órgano de prensa se hacía eco de su demanda.

Solo pudo escapar a este confinamiento compareciendo ante la prensa extranjera y lanzándose a buscar la reelección como delegada municipal.

En lo primero, ocupó cintillos por muchos días. Pero en lo segundo fue derrotada tras un tétrico ejercicio de gerrymandering que la colocó en una desventaja absoluta. “Ahora —dijo– me siento como una ciudadana más de este país, con derecho, por la Constitución, a ir a donde tenga que ir reclamando los derechos del pueblo”.

Sirley Ávila ha sido una mujer muy valiente. Solo ella, sus allegados y verdugos conocen la cantidad de presiones, amenazas y zancadillas que debió sortear en un sistema de vocación totalitaria y en uno de los lugares más recónditos del país.

Por todo eso merece honor, más aún, si como ha declarado, continúa su trabajo de base con la misma dedicación y coraje. Y probablemente por todo ello es que Sirley ha conseguido aplausos desde todas las esquinas razonables —extremistas y fundamentalistas a un lado— del nuevo tablero político cubano.

Me uno a esos aplausos. Y luego quiero, con toda la modestia a que obliga la estatura de esta mujer, derivar tres conclusiones.

La primera es que las fisuras del sistema totalitario siguen produciendo lo que un día el Granma llamó “situaciones inusuales” ante las cuales el sistema no tiene capacidad de reacción, o lo hace cada vez con más deficiencias.

La sustitución de los procesos judiciales contra los opositores por extenuantes arrestos exprés; la tolerancia ante fenómenos como la ocupación de espacios públicos por grupos religiosos y “tribus” urbanas y la difusión de un clima en que la gente dice lo que piensa sin los temores ancestrales, son todos indicadores de un cambio en la relación entre estado y sociedad.

Sirley —que en su condición de delegada tenía un pie en la sociedad y otro en el Estado— supo aprovechar las fisuras y tocar los nervios más sensibles del sistema. Hace solamente seis años, Sirley hubiera sido degradada hasta los sótanos de la estación de policía más cercana.

La entrada al municipio de Majibacoa, Las Tunas.

La segunda cuestión es la terrible fragilidad del sistema. Es como el hielo: duro, frío, pero muy quebradizo. Y por eso percibió como un peligro que una mujer que se proclamaba “revolucionaria”, que no enarboló consigna política alguna y que recurrió a la prensa internacional cuando torpemente le cerraron todos los caminos, quisiera ser delegada del Poder Popular.

No de una circunscripción central de la capital, sino de una pequeña, de un municipio alejado de todo, que en total no debió tener más de 600 electores. Y reaccionó, ante lo que vio como una amenaza, con una maquinación demencial: alteró las circunscripciones y las listas electorales.

En esto tampoco se equivocó Sirley: obligó al sistema a desenvainar sus peores instintos y a revolcarse sobre ellos.

Pero hay algo en que a Sirley solo le asiste parte de la razón. La idea de que es posible mantener una escuela para cuatro niños es errónea.

Las estadísticas oficiales que indican que durante años se mantuvieron escuelas funcionando para menos niños que los dedos de una mano hablan de una situación insostenible.

La pose gubernamental que sugiere 1.455 escuelas para solo 4.588 niños es un ejemplo del despilfarro y la demagogia que ha convertido al hermoso sueño de la educación para todos en un servicio caro y de baja calidad.

Cuando Sirley defendía el derecho de los niños a asistir a la escuela, daba un paso adelante en el futuro de Cuba. Cuando defendía una escuela para cuatro niños, se ubicaba en un pasado que no volverá.

Lo que el estado cubano está obligado a garantizar es el acceso universal. Si este acceso se consigue con escuelas/internados en poblados mayores, o con un sistema de transporte de tracción animal o motorizada, es otra discusión en que la comunidad debe participar y asumir responsabilidades, como sucede en muchos lugares de América Latina.

Casos como el que han vivido los habitantes de Limones en Majibacoa son parte del drama del millón y tanto de cubanos que viven en poblados menores de 200 habitantes o en asentamientos dispersos.

Constituyen lo que se denomina en demografía la “franja base” de la población nacional, engrosada por obreros agrícolas y sus familiares.

Un segmento poblacional que siempre fue pobre, pero nunca más que ahora cuando la inmensa mayoría está perdiendo “los logros revolucionarios” que les permitieron una vida más holgada en los últimos cincuenta años: ya no hay alimentos subsidiados suficientes, los servicios sociales se constriñen y los empleos son cada vez menos.

Muy raras veces aquí se encuentran familiares emigrados, ni oportunidades de pequeños negocios. Y aunque es previsible que algunas de estas personas se estén beneficiando con los repartos de tierra, esto, sin capitales ni tecnologías, es por el momento un beneficio solo potencial.

Son parte, en resumen, del contingente de los perdedores de la actualización, y junto con los pobladores marginales urbanos, los nuevos pobres e indigentes de una revolución hipotecada que los dirigentes cubanos quieren prolongar en un discurso que ya se ha convertido en puro vaho ideológico.
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(*) Publicado originalmente por Cubaencuentro.com.

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Una respuesta a “¿Tenía razón Sirley Ávila?”

  1. Liborio dice:

    Haroldo, tu enfoque es muy tecnisista y bien discutible. Con Shirley quedo al descubierto que la cacareada democracia “socialista cubana” es una farza, pues se violaron muchas leyes y reglamentos del propio sistema del poder popular, que solo esta en papeles para que Alarcon demuestre ante la opinion publica mundial que nuestro sistema democratico es superior. La maquinaria totalitaria del PCC-Gobierno en vez que velar porque la justa peticion de Shirley transitara por lo canales establecidos, solo se dedico a tratar “eliminarla” como representante legitima de sus electores. Alarcon debio ser cuestionado y hasta sancionado por no responder a un pedido o “planteamiento” de una delegada de base, que incluso fue hasta las puertas de su oficina a entregarle el documento y hablar con el.

    Nadie del PCC-Gobierno a los altos niveles se tomo el trabajo de responder y llegar hasta Limones para discutir con una comunidad rural las razones para cerrar una escuelita. El mismo periodico Granma, el unico organo de los “revolucionarios” le nego el derecho de expresion a Shirley y Limones. Los cubanos con acceso a Internet hemos conocido a Shirley gracias a los medios “ilegales” de la oposicion politica interna de la Isla gracias a censura de Granma. ¿donde quedo nuestra “legalidad socialista”?

    Recordemos que hasta hace poco habia una politica seguida por el propio Fidel Castro de instalar escuelas en los rincones mas alejados del sector rural. Se invirtieron grandes recursos como paneles solares, videos, televisores, construcciones, etc. Este programa se publicito hasta la saciedad por los medios de comunicacion nacional e internacional diciendo que la Revolucion priorizaba al ser humano por encima de los calculos economicistas.

    Shirley con una claridad politica da unos argumento de mucho peso para no cerrar la escuela: ¿como van a llegar los niños a la escuela de Calixto si le queda a algunos a 6 km? ¿como se puede implementar la nueva politica de repoblamiento con campesinos del sector rural si no tienen un facil acceso a la educacion de sus hijos?. Yo pregunto si siguiendo esa misma logica economicista ¿van a cerrar los consultorios de los medicos y enfermeras de las familias en los asentamientos aislados?

    Con Shirley y la comunidad de Limones debieron negociar una solucion ante un cambio de direccion de la politica oficial como bien resalta Haroldo y jamas tratar de silenciarla y aplastarla politicamente

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