El Teatro Alemán en Cuba

noviembre 11, 2012 | | |

Encuentros en una semana teatral

Por Aimelys Díaz

HAVANA TIMES — Celebrada con frecuencia, la Semana de Teatro Alemán crea siempre un espacio de polémica e intercambio productivo para los teatristas.

En esta ocasión, del 20 al 28 de octubre los teatros y otros espacios habaneros, nos llevaron un programa de estrenos, reposiciones, acciones performativas, mesas teórico-prácticas, presentaciones de libros y documentales.

A ello, se sumó la presencia del taller impartido a jóvenes estudiantes de actuación en el ISA por Roland Schimmelpfennig, actualmente uno de los autores alemanes más representados.

La semana se convirtió en el espacio idóneo para la presencia de los jóvenes directores en la escena. Ello fue evidencia de la prolífera creación teatral en la actualidad.

Mediante una mezcla de diversas formas expresivas como la música en vivo, las proyecciones audiovisuales y las formas plásticas, amalgamados con los cuerpos actorales, generaron un discurso en el cual, la subversión de la realidad y el choque con los espectadores resultaron esenciales.

En ese sentido, apreciamos Perros que jamás ladraron, del dramaturgo y también director Rogelio Orizondo. Una escena donde lo nacional y lo alemán, se unen en una cultura de machofúcker. La línea entre actores y personajes se confunde mediante un carácter lúdico, a mi entender, uno de los mayores aciertos del montaje.

A partir de la subversión de los cánones dramáticos se generó la puesta presentada por el teatrólogo, dramaturgo y director William Ruiz quien versionó la pieza de George Buchner Woyzeck. En esta ocasión, la historia alemana sirve de pretexto para establecer en la escena un juego con el sujeto y su estado irracional y ridículo.

La frialdad y el desequilibrio, el sofocante calor y el sobresalto, recrean la atmósfera de la pieza de la dramaturga y directora Lilianne Lugo Entropía. Dos historias en dos espacios diferentes se recrean en la escena de manera meticulosa. A través de la ironía trágica de la acción, los actores pueden penetrar la pupila de cada asistente a la sala.

Sin dudas, el uso de espacios y escenarios múltiples, resultaron de especial atención en la Semana de Teatro Alemán. Otras muestras, como el performance La hora de la Política, crearon una secuencia de imágenes y textualidades en diálogo estrecho con los espectadores.

Nuevamente los jóvenes creadores ocuparon el vórtice del evento. Pienso que tal hecho evidencia el momento de creación inmensa del panorama teatral en la actualidad, síntoma de la necesidad de un nuevo diálogo en nuestra escena.

De esta manera, aconteció la Semana de Teatro Alemán, donde el intercambio volvió a consolidarse como una de las mejores maneras para aprender y decantar estéticas creativas. Los cruces entre teatristas, mostraron más su eficacia al presentar resultados concretos de tales vínculos.

Sin dudas, la confluencia de diversos modos artísticos siempre será una fuente esencial para el desarrollo cultural. Esperemos pronto otros siete días dedicados al teatro alemán y al cubano.

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