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Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

La muerte y mis amigos en el Yuma

noviembre 5, 2012 | | |

María Matienzo Puerto

HAVANA TIMES — Yo he percibido a la muerte cerca. A veces, cuando cruzo la calle, la he visto reflejada en el capot de un carro, o la he visto en los bajos de mi edificio, o en la cara de otro que me pasa por el lado.

Pero lo jodido de estas percepciones es cuando la viven los amigos. Cuando no sabes si la noticia es cierta porque te lo ha dicho una amiga que se lo dijo otra amiga que se enteró por el facebook mortecino e intermitente que nos llega a nosotros.

Y entonces no hay manera de verificar si la noticia es verídica o si es una de esas bromas pesadas que juega la vida y que nunca corroboras personalmente.

Es que mi amigo Francois desde que tenía uso de razón quería irse “pa´l Yuma”. Lo logró en junio del año pasado, cuando menos él se lo imaginaba y por la vía menos esperada.

¡Coño! ¡Qué cabrona la vida si al cabo de un año y tanto se muere! Así, sin explicaciones, sin historia clínica de gente que ya sabe que se va a morir, sin prepararnos, sin señalarse como posible amigo ausente para siempre.

Porque aún cuando esté en el Yuma, siempre cabe la posibilidad de que venga de visita o que uno se de un brinquito por allá y lo vea.

Toda una vida en Cuba, queriendo salir de la Isla, jugándole cabeza al sistema para sobrevivir. Soñando con una visa, con una comida decente, sin miserias ni peleas imaginarias contra un enemigo omnisciente, sin presiones políticas.

Las aspiraciones de un cubano promedio. Y que de repente la muerte llegue a los treinta y tantos años.

(Aquí viene una frase que mi editor no me publicaría.)

Ojalá que sea solo un rumor y que Francois esté en cualquier lugar disfrutando de un buen filete de carne res y que cuando se entere de mi diario, se ría y me escriba.

Este es el único miedo que le tengo a la muerte. La que me llega a través de los amigos y no sé si creerla y llorarla; o desmentirla y reírme.

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Una respuesta a “La muerte y mis amigos en el Yuma”

  1. Eduardo Fernandez dice:

    Como murió?

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