Sobre el discurso de Raúl Castro

agosto 7, 2012 | | |

Por Grady Daugherty

Raúl Castro ante la National Assembly. Foto: cubadebate.cu

HAVANA TIMES — El discurso pronunciado por el presidente cubano Raúl Castro el 23 de julio de este año en el Centro de Convenciones de La Habana, reveló una falta grave en el fundamento teórico de las políticas económicas del gobierno.

De no modificarse, es muy probable que esto destruya la perfección del modelo cubano del socialismo, y puede conllevar incluso a la pérdida del poder del Estado. Es conveniente, por lo tanto, discutir esta falla de manera fraternal.

Me refiero a la errónea comprensión de lo que constituye “la propiedad socialista.” Si se malinterpreta este tipo de propiedad, toda la construcción socialista tendrá como base un terreno poco confiable.

Raúl dice que se aprobó “una política para la creación experimental de cooperativas en actividades no agrícolas, de acuerdo al lineamiento 25.” Estas son muy buenas noticias. No se mencionó la gran necesidad que hay de iniciativa empresarial cooperativa, pero al menos se reconoció la necesidad de cooperativas no agrícolas.

Además, según dijo el Presidente, se autorizó también rentar locales para empresas como por ejemplo restaurantes, con un personal de hasta cinco personas, “de manera similar a la utilizada, en un momento determinado, con otros proveedores de servicios personales, como barberos, peluqueros y reparadores de calzado, por citar sólo unos pocos”

La decisión para tales cambios, continúa diciendo, “permitirá al Estado dejar de administrar una serie de actividades productivas y de servicios secundarios, para poder concentrarse en el perfeccionamiento de medios de producción fundamentales, mantenidos como empresas estatales socialistas, que, como se expresa en el lineamiento 2, son los elementos principales de la economía nacional. ”

En otras palabras, el Estado socialista no quiere gastar ni el trabajo ni el valioso tiempo de los cuadros en la administración de pequeñas empresas, sino centrarse en las más grandes, que son los “elementos primordiales de la economía nacional.” (Esto incluiría las empresas del azúcar, el níquel y el turismo.)

Estas son palabras de aliento. La división histórica  entre la pequeña clase empresarial y el proletariado  comenzó en 1848, después de que el Manifiesto Comunista prometiera la nacionalización de “todas” las fuerzas productivas por parte de cualquier futuro estado socialista, ahora esto podría resolverse significativamente en la Cuba moderna.

Por supuesto, esto sería un golpe a todos los pueblos del mundo. El socialismo podría convertirse ahora en lo que debería haber sido todo el tiempo, una alianza estratégica entre el proletariado, la pequeña burguesía y los intelectuales, bajo el poder del Estado socialista, para construir y cruzar el puente socialista hacia una sociedad sin clases.

Pero existe un lado oscuro y siniestro rodeando esta nube de plata.

Con sus palabras, Raúl traiciona el hecho de que todavía él y el PCC sigan considerando que la propiedad socialista sea eso, y sólo lo que es propiedad estatal. Este es un error teórico profundo. Esto llevará a la continua dependencia de la administración burocrática de dicha empresa y va a asegurar la falta de dinamismo de la economía socialista.

Si el transformador Partido cubano continúa malinterpretando la propiedad socialista solo como  la propiedad estatal, trazando entonces una línea conceptual entre el Estado y las empresas privadas, entonces continuarán, y posiblemente se profundizarán, el estancamiento, demostrado históricamente, e incluso la corrupción de los elementos principales de la economía.

Ninguna crítica o autocrítica futura podría eliminar los efectos negativos de la propiedad monolítica, monopolio de Estado. Los socios de estas entidades estatales no tendrían aún los incentivos productivos, o la satisfacción laboral, que llegaría con la propiedad cooperativa de la gran estructura Mondragón (en España), corporación cooperativa de gran éxito.

La respuesta a este problema es bastante simple. No sólo las más pequeñas empresas deben estar en manos de individuos y familias y, en ocasiones, de cooperativas de trabajadores asociadas, sino que los “elementos principales de la economía” también estar en las mismas condiciones, es decir, no en poder del Estado principalmente, sino en el de cooperativas.

Esto permitiría que empresas aún más grandes se beneficien del probado eficiente modelo Mondragón, y aseguraría gran satisfacción a varios millones de trabajadores de empresas más grandes.

Por supuesto que algunos sectores y algunas empresas deben seguir siendo 100% propiedad del Estado.

No obstante la mayoría de las industrias y comercios deben pasar a una forma híbrida de trabajo conjunto y copropietario estatal. Sectores como el del azúcar, el níquel y el turismo deben dividirse en cooperativas asociadas más pequeñas, que mantengan contracto con el estado, de acuerdo con el Plan Nacional, con el objetivo de garantizar  máxima eficiencia y productividad.

A primera vista parece existir un problema con este tipo de rediseño socialista. Si los individuos y los asociados son los principales dueños de la mayor parte de la propiedad productiva, ¿cómo el Estado socialista podría obtener los ingresos necesarios para financiar sus muchas responsabilidades, tales como la administración pública, la defensa nacional, educación, salud, servicios legales, y otras tantas necesidades del pueblo que sólo el Estado puede y debe suministrar?

La respuesta es que el Estado socialista debe compartir la propiedad de la mayoría de las industrias y el comercio, pero de forma suficiente, silenciosamente y sin controlar. Esto lo liberaría de todo tipo de funciones administrativas, pero le permitiría recibir beneficiosas distribuciones cada trimestre, mientras los individuos y los asociados cooperativos  distribuyen los beneficios para ellos mismos.

De todas formas la empresa podría y sería chequeada y regulada por el Estado, pero la gerencia recaerían en los propietarios principales que realizan el trabajo y deben beneficiarse o sufrir por los resultados de sus actividades productivas.

Esto significaría, por supuesto, que el partido gobernante debe ser capaz de condicionar y utilizar las fuerzas naturales del mercado para la construcción del socialismo.

Este tipo de acuerdo le permitiría al Estado librarse de la mayoría de las leyes de impuestos y de las costosas burocracias recolectoras de impuestos. (Un impuesto sobre las ventas nacionales, recogido automáticamente en los puntos de venta, se podría mantener tanto para los ingresos como para la recopilación de datos económicos y sociales.)

Para que este modelo sea posible, Raúl, Fidel y el PCC tendrían que reexaminar y cambiar la idea de lo que constituye  la propiedad productiva “socialista”. El viejo concepto de que sólo la propiedad estatal es socialista tendría que ser reconsiderada.

Debería aceptarse el concepto nuevo y más socialista de que: Toda la propiedad productiva bajo el poder del Estado socialista es socialista, si esta desempeña un papel productivo en el macro-plan y no se contradicen los valores socialistas ni los objetivos nacionales e internacionales.

Tal redefinición lo cambiaría todo.

El viejo prejuicio contra los “incentivos materiales”, también debe ser reconsiderado. Los socialistas no son burgueses ni moralistas utópicos. Se debe respetar la saludable combinación de incentivos materiales y morales. Los beneficios no son inmorales en sí mismos, son inmorales solo si los capitalistas se apropian de ellos de manera injusta.

La historia nos ha demostrado que el principio del total monopolio de la propiedad por parte del estado es falso en términos científicos, pero cierto en parte. El problema de la perfección del modelo cubano es rediseñar el mecanismo económico, procediendo con cuidado y de manera experimental, para poder mantener los enormes logros obtenidas bajo el marco del monopolio estatal, pero deshaciéndose de los muchos aspectos negativos experimentados.

Cuando, sobre una o dos generaciones bajo un modelo cooperativa de co-propiedad estatal disminuyen las diferencias económicas, sociales y culturales a través de un proceso económico y cultural, entonces sí se podría decir que se han disminuido o eliminado por completo las clases durante el período de puente socialista cubano, y que una sociedad sin clases, por fin, está a la vista.

Lo bueno de este tipo de estrategia es que si tiene éxito, los pueblos del mundo serán testigos de un modelo muy visible de socialismo práctico y le seguiría la rápida transformación de las naciones.

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