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Yenisel Rodriguez Perez: Viví en Cuba hasta el 30 de Marzo del 2013. En la actualidad resido en la ciudad de Miami junto a mi padre. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

Regresa el Caballero de París a la Habana Vieja

julio 25, 2012 | | |

Yenisel Rodríguez Pérez

HAVANA TIMES — El Caballero de París ha retornado a manera de estatua viviente. Regresa para atenuar esa nostalgia de personajes fabulescos que padecemos los habaneros.

Su vida es un oasis quijotesco en la rígida historia colonial del Centro Histórico de la Habana Vieja.

El Caballero de París fue un hombre que cultivó su cotidianidad en los espacios públicos de la ciudad. Algunos lo recuerdan mendigo, pero no lo fue. Siempre retribuyó con sus artes los dones que los transeúntes le ofrecieron.

Es recordado por sus parábolas, sus sentencias y especialmente por esos títulos aristocráticos que aseguraba haber ganado en venturosas estancias por Europa.

Con el pasar de tiempo su legado fabulesco alcanza un equilibrio mágico entre contracultura, sabiduría cínica y locura.

Por eso coexisten muchos modos de construir y reconstruir su mito: como un loco que murió en el hospital psiquiátrico a causa de la indolencia estatal, como un profeta salvador de la cubanidad o como un hippie surrealista del socialismo real.

La estatua viviente del Caballero de París sale cada mañana a las calles del Centro Histórico a consumar su arduo destino: inmortalizar la imagen vivaz de un provocador mito urbano.

Ha venido para sustituir a esa otra estatua del Caballero. Una estatua fallida. Esa que petrifica y deforma el espíritu virtuoso del Diógenes habanero.

Visitémosla.

Habita en las calles del Centro Histórico junto a otras estatuas vivientes. Allí nos espera para intercambiar arte por dones de transeúntes.

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6 respuestas a “Regresa el Caballero de París a la Habana Vieja”

  1. lagiraldilla dice:

    Yo le tenia panico terror al caballero de Paris ero una nina y lo veia siempre sentado debajo de los portales del edificio que esta en la esquina de 12 y 23 siempre sucio con las ropas rotas pobrecito cada vez que lo veia me escondia detras de mi mama o de mi abuela

  2. Armando Chaguaceda dice:

    Muy buen post y excelente noticia, un saludo al autor

  3. Isidro dice:

    Ojo con los asertos rotundos: El Caballero de París fue vagabundo por propia elección, en virtud de las alucinaciones con que acompañaba su manía de grandeza, y que le hacían rechazar y escapar de cualquier centro asistencial. De hecho, fue casi el único mendigo autorizado a deambular por las calles de La Habana cuando se eliminó la mendicidad a principios de los años 70. En los expendios gastronómicos que quedaban a su paso había órdenes de brindarle alimentos sin costo alguno. Y cuando enfermó de muerte, tuvo a su disposición asistencia médica de la mejor. El que lo dude que revise la prensa de la época, en especial los reportajes especiales de la revista Opina, donde sus médicos ofrecen declaraciones. Cuando alguien le daba limosna, o le trataba con amabilidad, respondía entregando unos papelillos en los cuales se leía: “Dios, paz y Fidel”.

  4. josue dice:

    es cierto lo conoci y lei los articulos de esos dias cuando enfermo. No por gusto tiene esa estatua de recordacion. Era un pesonaje muy querido en la habana. Como sera tambien recordado un senor ciego que a la entrada de la tienda Carlos Tercero todos los dias antes de su apertura hace cuentos y chistes con el agrado de todos los presentes.
    Pero amigo Isidro esos papelitos que decian ” amor, paz y Fidel” no le gustaran a los que van a hacer en Miami una estatua al borracho de Panfilo. Si a ese cara dura que dice “jama, jama”.jaja.

  5. huronazul69 dice:

    Excellente articulo. Blog perfecto.

  6. reyhavana dice:

    Otros personajes famosos de las calles de La Habana: La China y La Marquesa. La China metia tremendos chistes mientras que La Marquesa iba cargada de libros de filosofia y metia tremendas disertaciones

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