Réquiem por Coppelia

julio 23, 2012 | | |

Por Verónica Vega

Cuando Coppelia ofrecía 26 sabores de helado y 24 combos.

HAVANA TIMES — Me ha pasado ya tres veces que, al entrar a la heladería Coppelia, me prometo: ¡Nunca más vuelvo! Pero otro día paso, y si hay poca cola, empiezo a desconfiar de mi memoria, o a confiar en esa eterna relatividad de los acontecimientos y me expongo al riesgo de otra decepción.

Sin embargo, la más reciente visita puede clasificar seriamente como definitiva. Me decidí a entrar porque, a causa de las rachas de lluvia, no había la más mínima cola, y en la pizarra, entre los tres escasos sabores, podía leerse: CHOCOLATE. Esto bastó para barrer cualquier rescoldo de resistencia.

Aunque estaba sola, se sumaron a la mesa que elegí un hombre y una mujer, al parecer también tentados por la oportunidad. La joven empleada, al tomarnos la orden, nos informó que ya se había acabado el helado de coco y también el dulce. “Y eso que abrieron hace unos minutos”-pensé. Pero a mí sólo me importaba el chocolate, todavía a salvo.

Se alejó la muchacha y yo, como siempre hago (tal vez por mal hábito) me abstraje en mis pensamientos. Pero mis compañeros de mesa, muy atentos al proceso que seguía nuestro pedido, me hicieron reaccionar con sus observaciones:

-Mira eso, no se han cubierto la boca y están hablando sobre el helado. ¡Qué falta de higiene!

-¡Miren, miren eso!, -exclamó el hombre- la muchacha cogió un puñado de galletas, empezó a comérselas y como la otra la llamó soltó las galletas donde las había cogido… ¡No piensan que son las mismas que le van a servir al público!

El hombre suspiró.

-Menos mal que ya a mí no me entran ni las balas –dijo.

La mujer movió la cabeza disgustada:

-No sé ni para qué vengo.

-Por inercia, por nostalgia –dije yo–. Por no querer aceptar que Coppelia ya no es lo que fue. A mí me pasa lo mismo.

Lo que queda.

Y por supuesto, hablamos de lo que fue Coppelia. De las bolas redondas, “Yo nunca podía comerme una ensalada completa”, dijo la mujer. De la larga lista de sabores, de cómo costaba elegir, de las variantes de chocolate, de los Jimaguas enormes, del Turquino, de la Copa Lolita, del montaje con crema, galleta molida y caramelo, de los bizcochos, del ambiente, de que la gente venía a exhibir la última moda, de los jóvenes con motos, de las “gasolineras”, de los gays… ¡del helado Coppelia!

-¿Adónde fue a parar el helado Coppelia?-preguntó de pronto la mujer.

Los tres nos miramos con idéntica duda. Llegó la empleada. En la bandeja, las canoas con semi-bolas? Cuasi bolas? Lánguidos bultos de una sustancia no compacta y un color que, como chocolate, no parecía muy convincente.

La prueba del paladar me lo confirmó.

¡Esto no sabe a chocolate! –me dije. Las galletas dulces carecían de dulzura. El caramelo vertido no sabía a caramelo. Y algo rasposo quedaba en la garganta, al final, con cada sorbo de helado.

Pero por extraño que parezca, no sentí deseos de preguntar, de inquirir, de cuestionar. Miré los toldos que ahora cubren las áreas que antes estaban al área libre y que matizan las mesas de un resplandor azul.

Los jóvenes empleados en jean y pulóver rojo, las canoas plásticas, todo un silencioso despliegue de “modernidad”. Hace apenas unos días, vi un reportaje en la televisión sobre Coppelia donde promovían una nueva modalidad incorporada: la ensalada “especial”.

Conozco la tibieza del término pero, ¿importa?, me pregunté.

En un país donde los obreros, que no pueden vivir de sus salarios desfilan en tupidas marchas celebrando el Primero de Mayo, donde en las escuelas se compra el aprobado, donde los ancianos, sin una vejez “digna”, “segura”, venden jabitas de nailon en cualquier esquina, donde la gente se va como de una embarcación que zozobra, donde ningún maquillaje basta para la decadencia… el que una bola no sea redonda, que el chocolate no sea chocolate, que lo “especial” active recuerdos tristes o que Coppelia haya muerto por más que lo transfundan, es prácticamente insignificante.

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6 respuestas a “Réquiem por Coppelia”

  1. Isidro dice:

    La gloria de Coppelia apenas duró un quinquenio. Cuando abrió, en el verano del 66, era un verdadero emporio del buen helado y de la moderna arquitectura criolla. Valía la pena la cola con tal de sentarse en aquel palacio, frente a una corpulenta copa de refulgente cristal doble, en cuyo fondo yacía invariable la sorpresa del sirope concentrado bajo la crema helada…El soldado de chocolate (el más sencillo de los helados) y una Coca-Cola en botella por 60 centavos….

  2. Moises dice:

    Las tradiciones del pasado a menudo desaparecen, y lo mismo le ocurre a nuestros recuerdos que se desvanecen con ellas. Normalmente, a cambio de la disminución en el tamaño y el sabor de una bola de helado, llegan avances tecnológicos o medios de comunicación o de transporte más rápidos. La gran tragedia de Cuba es que a medida que se desvanece el Coppelia, no existe una mejoría compensadora en algún otro aspecto de la vida cubana. Por el contrario, los edificios, en lugar de ser más altos y cómodos, se están cayendo. Los carros son cada vez más viejos y lentos, no más eficientes en cuanto al uso del combustible y con GPS. La buena noticia es que nadie vive para siempre, ni siquiera los dictadores.

  3. NobodyO dice:

    Yo no culparía al gobierno por eso. Porque si los trabajadores son tan haraganes que, incluso, no pueden ofrecer unos cuantos helados de sabores diferentes y de buena calidad; simplemente es una falta de respeto a los demás trabajadores que no hagan su mayor esfuerzo. El helado en los comercios particulares cubanos es tan malo como en el Coppelia. Supongo que no saben que le pueden echar frutas frescas al mismo y usar, además, sabores químicos. Fuera de Cuba los niños preparan mejor helado que los que han vendido los cubanos en los últimos 20 años.

  4. Luis dice:

    “Normalmente, a cambio de la disminución en el tamaño y el sabor de una bola de helado, llegan avances en la tecnología o medios de transporte y de comunicación más rápidos.”

    Relacionar la calidad del servicio de una heladería con la tecnología está más allá de la lógica.

    • Moises dice:

      Luis, la conexión se realiza fácilmente. En todas las sociedades, el cambio debe producirse y así sucede. La esperanza es que podamos intercambiar la pérdida de algo bueno por algo mejor. La pérdida del buen helado puede parecer que no es gran cosa cuando se toma solo. Pero en la vida de un cubano, es sólo un sacrificio más ¿a cambio de qué? Ciertamente, se puede decir que los cubanos ahora tienen DVDs y teléfonos celulares e Internet. Esto puede ser gran cosa para un país tercermundista, y quizás estos pequeños adelantos son suficientes para satisfacer a la mayoría de los cubanos. Las calles más seguras equilibran con la escasez de alimentos; el bajo costo de energía eléctrica justifica el hacinamiento en las viviendas; el ron barato es un buen intercambio por la leche cara; quizás los cubanos dicen que estos intercambios tienen sentido, tal vez no.

      • Yanetth dice:

        The American government’s emrabgo of Cuba is hypocritical (to say the least). How long does it take a country to realize that a policy is not working? I was disappointed that Clinton didn’t lift the embargo. It doesn’t take a rocket scientist to realize that the embargo (in addition to being inhumane and hypocritical) has the opposite effect that Kennedy thought that it would have fifty years ago.

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