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Erasmo Calzadilla: Cuento ya con 34 años sembrado en un barrio de retirados militares hacia el límite sur de la Ciudad de la Habana. Soy, no se por qué, un apasionado del pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia, la amistad, la música y en fin, de todo lo bueno que ha hecho ese arrebatado del hombre, la naturaleza, dios, o quien quiera que haya sido el autor. Realmente me gradué de Licenciado en Farmacia, pero trabajo como profesor de lo que pueda, allí donde me quieran y me crean. Es importante destacar que también estoy muy bien definido políticamente: soy un agrio opositor de los mandones, los abusadores, los impositivos, los que se creen con la verdad etc. pónganse estos el traje que se pongan. A ellos de vez en cuando dedico unas palabras airadas.

Una semana de vacaciones (A las montañas)

julio 11, 2012 | | |

Erasmo Calzadilla

HAVANA TIMES — A inicios de la primavera me fui con unos amigos a un Campismo Popular en Cienfuegos. Ya hice dos post contando la experiencia pero me faltaba la última parte: el tour a las montañas.

A la mañana del tercer día ya estábamos hartos de reggaetón, de escándalo y del campismo en sentido general. Preparamos las mochilas y arrancamos por un trillo entre lomas deshabitadas rumbo a las montañas que hacia el norte se veían.

Pasamos por un caserío muy humilde de animales famélicos y casitas destartaladas, que no recibe agua más que una pipa semanal. Del cielo no caía una gota hacía meses y el lecho de los riachuelos estaba completamente seco. Nadie se animó a tirar fotos.

Seguimos un caminito ascendente y solitario sin saber a dónde nos llevaba, y nos llevó directo al guardabosque. Sin bajarse de la mula, aquel señor, mezcla de militar y guajiro, nos pidió, amable, la documentación. “es que hay que tener control sobre todo el que entra y sale a la zona, porque, no sé si ustedes saben que las montañas son ¡el baluarte de la Revolución! ¿No?”

“Sí claro, cómo no.” Tomó nuestros datos y seguimos ascendiendo, dándonos por dichosos de que los amos del Escambray no nos echaran.

La subida era cada vez más empinada, la vegetación monótona y el sol nos lastimaban el pellejo; estuvimos a punto de regresar, pero la belleza de las montañas lejanas era un imán.

Y por el fin el premio; luego de horas entre matorrales espinosos todo cambió de repente.

Ante nosotros un precipicio y un profundo valle rodeado de majestuosas montañas; paisaje como para entrar en éxtasis, recordar la creación y de paso al creador.

Soltamos las mochilas, descansamos y tiramos muchas fotos. En medio del verdor del valle se distinguía un lunar de casitas; un pueblito que ya de lejos nos pareció raro.

No había manera de seguir subiendo, así que tomamos cualquier camino descendente. Por no hacer la historia larga, fuimos a parar a la entrada del valle, y por supuesto que pa’ allá cogimos.

En media hora hacíamos entrada triunfal a Yaguanabo Arriba; si raro de lejos, mucho más de cerca.

Es un pueblito de una sola calle, humilde sin llegar a la indigencia; nos pareció raro lo tranquilo, silencioso y ordenado. Y no estoy comparando con la capital, conozco los pueblos de campo y este lucía diferente.

Además, la poca gente que había nos echaba miradas torvas, y la densidad de consignas y símbolos revolucionarios era muy superior a la norma entre campesinos.

En el campo el control es mucho más fuerte que en la ciudad, a veces da la impresión de estar todavía en los 80′, pero aquel caserío pasaba de castaño oscuro.

No se hizo esperar lo que temíamos: se nos acercó un cabo-campesino y nos condujo a una “oficina” donde un sujeto sin identificarse nos interrogó y requirió nuestra documentación.

Obedecimos, tomaron nuestros datos y no hubo más percances, pero salimos de ahí un tanto molestos, medio humillados.

No habíamos cruzado ninguna cerca, nada indicaba que estuviésemos en un Parque Protegido; era una calle más de Cuba Libre, y nosotros solo estábamos transitándola.

Con pinta de turista nadie nos hubiera molestado.

Al campismo volvimos al caer la noche, y quiso el destino que nos cruzáramos en la puerta con un oficial de la Contra Inteligencia.

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3 respuestas a “Una semana de vacaciones (A las montañas)”

  1. luismi el campesino dice:

    “Ante nosotros un precipicio y un profundo valle rodeado de majestuosas montañas; paisaje como para entrar en éxtasis, recordar la creación y de paso al creador. ”

    buena oracion.

  2. bartolo dice:

    jajajaja “quiso el destino que nos cruzaramos con un oficial de la contra-inteligencia”!!! (es decir, lo contrario de la inteligencia). Buena oración también!

  3. Isidro dice:

    Erasmo:
    A este paso te vas a convertir en el primer habanero que abandona la Poma por decisión propia…

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