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Daisy Valera: Hasta mediados del 2010 fui una estudiante universitaria. Hoy, con 22 años, soy Licenciada en Química Nuclear y engroso la fila de los trabajadores cubanos. Amo el cine, los libros y la arquitectura, incluso de los edificios que se derrumban. Me gusta hacer artesanías con hilos, piedras y metales. Le temo a la monotonía y estoy comprometida con el propósito de construir una sociedad mejor.

Sacrificio Familiar

julio 11, 2012 | | |

Daisy Valera

Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Mi madre me llama al teléfono del trabajo y me dice que no la quiero.

Que ha estado enferma, que no me vio el pasado día de las madres.

Que hace más de seis meses que no voy a la casa y que un día de estos se muere y no me entero.

Que mi hermano dentro de un año entra a la Universidad y también se larga.

Me pregunta cómo estoy. Se molesta un poco con mi angustia y mis rabietas.

Ya saben: el salario, la jornada laboral, el alquiler del piso, la persecución de la comida.

Médico al fin me pronostica un infarto a los cuarenta.

Le digo que la quiero, que el pasaje en Yutong cuesta 6 CUC y mi salario mensual no llega a los 13.

Me habla del tren, ese que me cuesta solo 13 pesos en moneda nacional.

Ese mismo tren que me aterroriza y se demora más de 12 horas en recorrer los 365 km que me separan de Sancti Spíritus.

Mi madre me pide sacrificio y me recuerda instantáneamente a los líderes de esta Revolución.

“Eres joven y puedes sacrificarte”.

No entiende de motivos. Fui yo la que quiso vivir en La Habana. Ya veré cuando tenga un hijo.

Le recuerdo que en el apartamento familiar del edificio Yugoslavo de Sancti Spíritus yo y Eddy tendríamos que dormir en el Balcón.

Le aclaro, no tendré ningún hijo en este círculo vicioso de penurias donde un día nos salvará de la miseria el Noni y al otro la Moringa.

Se entristece entonces ella, me pregunta si alguna vez he pasado hambre.

Por supuesto que no le hablo de aquellos siete días que lo único que tuve para comer fue fufú de plátano burro.

Me dice que está bien, que no vaya a verla, que compre comida.

Ahora duda. No es que no la quiera, es que no tengo ni un peso.

Le digo que nos vemos pronto y sabe que siempre cumplo mis promesas.

El diálogo me ha amargado, también dentro de lo familiar se escurre esa palabra: Sacrificio.

Y mi mamá a sus 46 se ha sacrificado como la primera.

Ya me voy haciendo la idea del tren. Un día en la Terminal para conseguir el pasaje, y unas doce horas luchando contra el calor, las cucarachas voladoras y los tipos que me miran las tetas.

Veré a mi madre en unos días. Veré si puedo convencerla.

Trataré de dilucidar la relación cariño-sacrificio.

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8 respuestas a “Sacrificio Familiar”

  1. Carlos Gonzalez dice:

    Realmente es duro para los padres cuando los hijos se van de su lado,tu estas en la Habana a solo unas horas,te podras imaginar lo que sentimos los padres que nuestros hijos se marcharon a otro pais en busca de otras posibilidades y futuro,sin nioni ni moringa?
    Por suerte eres joven y para cuando decidas tener hijos lo mas seguro es que no exista ni noni ni moringa.
    Si puedes visita a tu mamy y llamala con frecuencia pues el dia que te falte te vas a dar cuenta que vas a desear llamarla cuando es imposible.
    Gracias por tus escritos

  2. luismi el mamitis dice:

    si si daisy me parece muuy bien que te dieras cuenta de la importancia de la como tu le llamas “sagrada familia” el socio de arriba tiene razon, cuando falta es entonces cuando se quiere tener de continuo al lado.

    es cierto el presagio biblico cuando dice que la prole ha de separarse para formar su familia propia. pero no por ello hay que abandonar a los progenitores, en tu caso, tu mama.

    otra cosita sobre no tener hijos: el mundo, siempre en su medida y su epoca en relacion a ambas ha sido revuelto y convulso. la poblacion crece vertiginosamente aun asi. eso es un signo daisy, quiza no es que copular sea la cumbre, sino que cuando el hombre mira para atras -padres- y no tiene nadie -raiz- y mira para adelante y tampoco tiene nada -hijos- la sensacion de vacio y soledad debe de ser sobrecogedora. a lo mejor ahi decidas hacerte una extensión. quiza esa sea la verdadera razon de tanta gente en este planeta. yo sin embargo, no tendre hjios por la misma razon que afirmas arriba, pero luego habra que tener testiculos/ovarios para enfrentar la responsabilidad -respuesta-

  3. Rose dice:

    Este post me apretó el alma, con pocas palabras has dicho miles de cosas sobre nuestra querida Cuba. Excelente, compañera

  4. bartolo dice:

    Compañeraaaaaa!!! La botaste del parque. Suerte con el tren!!! Y, por favor, entiéndete con tu mamá, no cortes la comunicación. Salvar la familia es salvar a Cuba!!!

  5. Raul Domingo dice:

    Y la guajira tendiendo el hilo desde la Habana cada semana, a veces cada quince dias, no mas, vivir en la casa de la tia siempre era vivir dentro territorio enemigo, urgia acabar la jornada laboral el viernes para ir a buscar alguna guagua de unos pesos que pintara hacia la loma, daba lo mismo aguardar tres, cuatro horas en la carretera, lo mismo importaba si habia lluvia o sol quemante, mejor era eso y dormir una noche “en casa” para recargar la bateria y soportar una semana o una quincena mas en casa ajena, bajo esa penumbra desde tarde hasta el alba… poco o nada que juzgarle en cuanto amarro al octagenario gachupin y cruzo para donde ahora se las ven de verdad, donde se bajaron del sueño de primer mundo a golpe de realidad… ella y cientos de miles mas estan curtidas a punta de pizca… contra, se les pudo haber olvidado ya!

  6. Javier dice:

    Daysi,

    He conocido casos como el tuyo y tambien como el que relata Raul Domingo. Entiendo todas tus dificultades, que por demas son la regla mas que la excepcion. Sin embargo, tambien debes pensar que nuestros padres se van envejeciendo y un dia no estaran con nosotros, asi que tal vez debas hacer un sacrificio y pasar un poco de tiempo con ella. Yo he aprendido a apreciar eso desde que vivo en el extranjero. Ciertamente, vivimos situaciones diferentes (tu mama vive en Sancti Spiritus y tu en la Habana; mi mama vive en La Habana y yo en Sydney, Australia). Tu pasaje cuesta 6 CUC en un viaje de 6 – 7 horas, el mio cuesta miles de dolares y casi dos dias de viaje en avion), sin embargo, hago el sacrificio de irla a ver cada vez que la economia y el tiempo me lo permiten porque cada dia que pasa es una oportunidad menos de disfrutar su presencia. Te pongo mi ejemplo para que reflexiones…

  7. Arroyo naranjo dice:

    Gracias a dios que por primera vez todos los comentarios hablan de reflexiones y no de machacar a Daisy por la falta de interes a su familia, obviamente Daisy no tiene un peso. Me gustaria ilusionarme con la idea de que pronto puedas ver a tu madre y que un dia puedas tener hijos. Te deseo lo mejor Daisy, sobre todo esperanzas de un futuro mejor.

  8. Esteban Pérez dice:

    Daysi: cuando no tenemos un peso es dificil ir a ver a nuestra madre en el tren infernal. Si encontramos un exitoso empleo que nos dé los pesos que hoy nos faltan entonces no tendremos ni un minuto para emplear los pesos en el Yutong. Cuando crecemos y elegimos nuestro propio camino, es cada vez más dificil ocuparnos de los seres queridos que no forman parte de nuestra lucha cotidiana. Siempre encontraremos las razones que nos impiden ser mejores hijos, hermanos, amigos, de los que nos importan pero ahora están lejos como consecuencia del camino que hemos elegido. Esa es una angustia existencial que de un modo u otro todos llevamos dentro. Si conseguimos tomar el tren de vez en cuando, nos sentimos aliviados. Yo estoy a 9000 km de los que quiero, tampoco me abundan los pesos, de vez en cuando me invento las variantes más parecidas que puedo de tu tren, pero me sigo sintiendo insatisfecho. No nos queda otra que cargar con esa angustia que pesa al otro lado de la balanza cuando pesamos la vida que hemos elegido. También ayuda que nuestras madres, hermanos, amigos, de vez en cuando tomen el tren en dirección nuestra, es decir, que dejen de juzgarnos y hagan más por acortar la distancia. Claro que eso no nos libra de la responsabilidad que se deriva de haber sido los que nos fuimos y, por tanto, los que tenemos que tomar el tren a casa siempre que podamos. Suerte.

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