La muerte del rey de Inglaterra y Marianao

junio 8, 2012 | | |

Samuel Farber*

Marianao.

HAVANA TIMES — Este junio se cumplieron 60 años desde que Isabel II ascendió al trono británico sucediendo a su padre, el rey Jorge VI, que murió en febrero de 1952. Yo tenía 12 años en aquellos días y era alumno de primer año de bachillerato del Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao – institución que hoy lleva el nombre de Manolito Aguiar, un compañero asesinado por la policía batistiana en 1958.

A esa edad, ya comenzaba a interesarme por la política. En mi casa se leían los periódicos El Mundo (matutino) y Prensa Libre (vespertino) así como la revista Bohemia que salía una vez a la semana.

Aunque unos vecinos cubano-españoles estaban suscritos al Diario de la Marina, ese periódico no era bien recibido por mis padres, judíos polacos a los que no les agradaba ningún tipo de extremismo ideológico, en este caso de derecha, además del historial antisemita de dicho diario.

Fue Bohemia, y especialmente su sección En Cuba, la que se convertiría en la fuente principal de mi temprana educación política  – muchos años antes de que leyera algún libro que no fuera un texto escolar – después del golpe militar de Batista el 10 de marzo de 1952. Este evento trágico aceleró vertiginosamente mi interés en la política nacional y mi participación en la política estudiantil.

Pero la memoria que más claramente tengo asociada con la muerte del rey británico no tiene nada que ver con la política sino con el juego en Cuba. No me refiero al juego de los casinos, que sólo eran frecuentados por los turistas y los cubanos ricos, sino al que la gente normal y corriente jugaba.

Todos los sábados tenían lugar los sorteos de la lotería nacional que era patrocinada por la Renta de la Lotería, una agencia del Ministerio de Hacienda especialmente establecida por el estado cubano para ese propósito y que se convirtió en una fuente de gran corrupción administrativa.

Los sorteos se transmitían por radio y los niños huérfanos o abandonados albergados por la Casa de Beneficencia anunciaban los numerosos premios con unas inolvidables voces, tonos y cadencias muy típicas de esos eventos.

Como aún las fracciones más pequeñas de los billetes de lotería eran relativamente caras, esto estimuló el crecimiento de una lotería informal e ilegal en la que se aceptaba apuestas tan pequeñas como de cinco centavos.

Estas apuestas podían ser “fijas”, si solo se apostaba al primer premio de la lotería official, o “corridas”, cualquiera de los tres primeros premios. Naturalmente, los premios “fijos” pagaban más que los “corridos”.

Esta lotería ilegal, la bolita, era un gran negocio y contaba con sus propios capitalistas a los que  significativamente se les llamaba banqueros, algunos de los cuales llegaron a ser muy conocidos.

Pero los banqueros no hubieran podido existir sin sus numerosos agentes en los barrios, especialmente los más humildes, a los cuales se les llamaba apuntadores.

Eran gente pobre o aún clasemediera que así suplementaban sus ingresos. Mis padres, comerciantes cuya obsesiva dedicación al trabajo y al ahorro no podían haberlos distanciados más del juego, también participaban en la bolita, no porque esperaban ganar algo sino porque sus pequeñas apuestas semanales – siempre apostaban al mismo número – era una manera de ayudar a una pobre viejita del barrio que se hizo apuntadora para poder sobrevivir.

Cada semana, para jugar la bolita, se apostaba a un símbolo fuera este un objeto, un animal o una persona, muchas veces dependiendo de algún sueño o acontecimiento que impactara en la gente.

El Rey Jorge VI. foto: wikipedia.org

Cada símbolo tenía su equivalente numérico en la charada china cubana al que la gente acudía para obtener los números correspondientes a sus símbolos preferidos: el 1 era caballo, el 2 mariposa, el 3 marinero, el 29 ratón, el 32 cochino y el 33, la edad de Cristo, etc.

Es precisamente ahí donde surgió un serio problema con la muerte del rey de Gran Bretaña en febrero del 1952. El número equivalente a “muerto grande” era el 64 (el número 8 era equivalente a “muerto chiquito”).

De inmediato, los banqueros de la bolita limitaron las ganancias que se hubieran podido obtener si ganaba el número 64 en el sorteo del siguiente sábado.

Pero el 64 ganó y los banqueros perdieron muchísimo dinero a pesar de las precauciones que habían tomado. Me imagino que los banqueros maldijeron la inoportuna muerte de dicho rey, cosa de la que es muy poco probable que se hayan enterado los integrantes de la Casa de Windsor.

Por su parte, los apuntadores de bolita de los Quemados, el viejo barrio obrero y clase mediero donde me crié en Marianao – que para entonces ya se había convertido en “la ciudad que progresa” según el popular alcalde Francisco Orúe (el cabito) – no fueron tan afectados.

Que yo sepa, los banqueros no reducían las ya pequeñas comisiones de sus apuntadores cuando las ganancias de los jugadores eran limitadas, y de hecho, los apuntadores generalmente recibían propinas de los que habían ganado cantidades significativas en la bolita.

Uno nunca sabe, pero quizás sobrevivan en la Isla algunos jugadores que ganaron mucho en aquella ocasión que se acordaron de eso con la celebración del jubileo de la reina Isabel II.

(*) Samuel Farber nació y se crió en Cuba y ha escrito muchos artículos y libros sobre la Isla. Su útimo libro es Cuba Since the Revolution of 1959. A Critical Assessment (Haymarket Books, 2011).                

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4 respuestas a “La muerte del rey de Inglaterra y Marianao”

  1. Javier Figueroa dice:

    Estupenda crónica, gracias Sam.

  2. lagiraldilla dice:

    Hoy todavia existe la bolita y todavia es ilegal como en el 52

  3. Rose dice:

    Una crónica estupenda, disfruté mucho su lectura

  4. alejo dice:

    Muy interesante las referencias de Faber, por decirlo al pasar, de su historia intelectual para la fecha. Por lo recurrente de la mención, en personas de su generación y clase social, Bohemia y el Instituto de Segunda Enseñanza deben haber resultado fundamentales. Hace un tiempo busco, sin mucho éxito, un buen ensayo sobre la historia intelectual de la Revolución cubana de 1959 que ponderé los horizontes ideológicos de aquella generación, al parecer está por escribir un trabajo así.

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