author photo

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

Bocinas celulares y reggaetón en Cuba

mayo 31, 2012 | | |

Osmel Almaguer

HAVANA TIMES — Me levanto bien temprano a trabajar. Salgo a la calle con mucho sueño y sin desayunar; con el cuerpo cansado de una jornada anterior demasiado intensa.

Paso media hora o más en la parada antes de decidirme a pagar cinco pesos para viajar apretujado en un camión porque la guagua no pasa.

Subo y me acomodo como puedo, entre un hombro enorme por aquí, un cabello largo por acá, y algún tufillo bajo las axilas que no sé de donde sale.

Frente a mí, para rematar, hay un joven con el volumen de su celular a full, escuchando reggaetón e imponiéndoselo al resto de los pasajeros.

Nadie se queja, parece no molestarles, a mí sí, pero no digo nada porque tengo demasiada apatía para hincar lo que podría convertirse incluso en un pleito de violencia física.

En verdad el reggaetón es un ritmo bastante popular en Cuba, y no es que yo lo odie; simplemente no creo que las siete de la mañana sea una buena hora para cualquier sonido estridente.

Lo peor de esto es que no es un fenómeno aislado. Incluso cuando llego a la escuela tengo que llamar reiteradas veces la atención a mis alumnos por lo mismo.

Los celulares deben ser, ahora mismo, el menor de los problemas en cuanto a invasión (o contaminación) acústica. Igualmente el transporte público participa de esta orgía sonora, con sus bocinas repartiendo música la mayoría de las veces desagradable por el volumen, la mala calidad del sonido, e incluso del producto musical.

A las guaguas, taxis, bicitaxis y autos particulares se suman los megaequipos que la gente compra en las tiendas por divisa, y las bocinas de los centros turísticos y recreativos diurnos o nocturnos.

De alguna manera me siento con suerte de tener esta pequeña columna para expresar mis sentimientos en cuanto a dicha problemática, a la par que hago denuncia con el espíritu más objetivo posible.

Imprimir Imprimir |


Haz un comentario

Una respuesta a “Bocinas celulares y reggaetón en Cuba”

  1. MARK dice:

    Resulta una aberracion pensar en ir circulando en automovil en una ciudad densamente poblada con ventanillas abajo y sonando un sabrosito bebop a eso de las 5-6 de la tarde… el resto de los automovilistas buscando el mismo paliativo para el calor: hacer desaparecer el cristal momentaneamente para que alguna corriente de aire se cuele por ahi… de pronto la sincopa y el casi embrujante contrabajo del originalmente gringo estilo musical les llega, no suben por nada sus cristales, echan un ojo y media oreja a lo que sale de los altavoces, algunos bajan el volumen de su propio radio para captar mejor, la tarde parece mas densa y a la vez mas fresca, el trafico sigue si fluir, la tension parece disiparse en el momento que la atencion se enfoca en un saxofon que va bordando todo a contratiempo e hilando largo, muy largo para luego desbocarse en un cromatismo que da paso a la luz verde del semaforo… dos o mas gentes recobran el aliento y se que la tarde para muchos acabara de forma menos corrosiva que bajo el infierno de la programacion radial.

Escriba una respuesta