author photo

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.

Constructores cubanos

diciembre 21, 2011 | | |

Regina Cano

Edificios de microbrigadas en Alamar, La Habana. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 21 dic — Una de las afecciones más frecuentes entre los cubanos que han sido o son constructores es la sacrolumbagia, le siguen en la lista (no en orden) de importancia las desviaciones lumbares, las separaciones de vertebras, luxaciones en los hombros…

Dicho así pareciera que el número carece de importancia, pero lo real es que la mayoría de los cubanos en la capital entre 20 y 50 años de edad (orientales, habaneros y otros) han tenido que batallar en algún momento de su vida con la Microbrigada, fenómeno este que comenzó en los 70’s y se alargó hasta la aparición de la Construcción por Esfuerzo Propio.

La necesidad de garantizar una vivienda a la familia recién formada obligó a muchos a adquirir oficios que nunca habían desempeñado, en su mayoría albañiles y otros cargos dentro de las brigadas o cuadrillas, que un curso rápido y mucha práctica habilitaba al interesado en estos menesteres.

Hay que tener en cuenta que tampoco las obras se construían a la bartolina, pues ingenieros, arquitectos y otros técnicos dentro de esta rama, en gran parte interesados en adquirir una vivienda, las tutoreaban.

El oficio de pañolero, operador de grúas, electricistas, plomeros, etc, se convirtió en una labor para muchos, usual.

Pero de esto me queda mencionarles un pequeño detalle, que terminar la obra en cuestión –con el paso de los años- se extendía hasta el record de pasar 15 años involucrados en las Microbrigadas. Acumulando méritos. Haciendo obras sociales y ayudando a terminar otras obras hasta que la que le correspondía recibía la autorización de terreno y un flujo intermitente de materiales para realizarla.

El paso del tiempo dejaba sus secuelas: caídas accidentales, exceso de pesos, excesos de horas de trabajo -donde se incluían las voluntarias-, falta de buenas condiciones de trabajos (seguridad requerida), útiles y herramientas desgastadas que requerían de más esfuerzos.

El resultado ha sido un aumento de la población con problemas óseos y algunos rengos.

 

Imprimir Imprimir |


Haz un comentario

Escriba una respuesta