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Francisco Castro: Nací en Santiago de Cuba y vivo en La Habana desde que ingresé en el Instituto Superior de Arte en el 2004. Ser homosexual en una sociedad tradicionalmente homofóbica, y no esconderlo, me convierte automáticamente en un revolucionario. Ser un joven que vive convencido de que el otro siempre puede ser mejor me hace vivir en medio de un jardín espinoso, en el que me he lastimado mucho, así que decidí buscar un machete y cortar cada una de esas ramas, y hacerlo aquí, directamente en el jardín, el que me tocó, el que amo cada vez más por elección, porque es mío. Vivo dedicado a esa búsqueda, la del machete, y también busco ayuda, para encontrarlo y para limpiar el jardín.

Pocas luces en La Habana

noviembre 24, 2011 | Email Email | Imprimir Imprimir |

Francisco Castro

Eduardo del Llano (d) en la filmación de "Vinci".

No me refiero a la iluminación pública –que, por cierto, es muy eficiente, al menos en los lugares por donde camino de noche; sino a las que deben iluminar el camino de del desarrollo y la apertura, específicamente en algunos centros de poder cultural.

Supe que el mediometraje “Vinci”, del polémico escritor y realizador cubano Eduardo del Llano, no fue aceptado en la competencia del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que celebrará su edición 33 durante los primeros once días de diciembre en La Habana, porque no trata un tema latinoamericano.

Este festival es el evento cinematográfico más importante –y esperado por los cubanos– que se realiza en el país, debido al número de personalidades y obras de todo el mundo que logra reunir para la cita.

Es, por tanto, oportunidad única de apreciar lo que ocurre con las cinematografías más lejanas –tanto geográfica como estética y cualitativamente–, con las que no estamos en contacto de forma habitual por la mayormente norteamericanizada programación de nuestras salas de proyección. Con el valor añadido de que por lo general, las películas se presentan en formato de 35 mm, lo que garantiza calidad en la proyección –pensando en que los proyeccionistas no equivoquen el orden de las bobinas.

Es también oportunidad de confrontar la producción nacional con el resto de las de la región, que en algún momento glorioso de su historia constituyó el Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, que ya no es tal, gracias a la enorme diversidad de estilos, temas e intereses que se pasean de una película a otra, incluso en una misma cinematografía.

Oportunidad que se desaprovecha, dolorosamente, porque se interpreta como camisa de fuerza el propósito de reconocer y difundir las obras cinematográficas que contribuyan, a partir de su significación y valores artísticos, al enriquecimiento y reafirmación de la identidad latinoamericana y caribeña.

¿Qué es un tema latinoamericano?, le pregunto al aldeano vanidoso.

¿Acaso ese propósito intenta mantener vivo un movimiento que hace muchos años muestra síntomas inequívocos, si no de desaparecer, sí de cambiar, en el sentido de ampliar sus horizontes temáticos?

Por lo que he podido apreciar en los seis festivales a los que he asistido, el cine latinoamericano seleccionado para competir en La Habana, se parece cada vez más a su propia gente, las mira más de cerca, desde un primer plano que descubre rasgos casi idénticos en el ser latinoamericano, como en el asiático, el europeo, el africano… Es una verdad de Perogrullo que lo universal es evidente en el microcosmos individual.

Entonces, un tema latinoamericano, ¿es un tema universal?

Obviamente todas las películas no pueden competir. Partiendo de un criterio de selección que priorice la calidad artística de la obra, y su aporte enriquecedor a nuestra identidad, no cabe duda de que se puede decantar fácilmente. Pero, ¿qué garantiza que un tema sea válido o no?

Una película cuyo drama está centrado en la gran pregunta de para qué sirve la belleza, y su importancia para el ser humano, ¿no contribuye al enriquecimiento y reafirmación de la identidad cultural latinoamericana y caribeña? ¿No desborda acaso las fronteras de todo tipo, cualquier reflexión que se haga sobre la belleza y la intolerancia? ¿O es que la película, en vez de girar entorno a la figura del universal Leonardo DaVinci, debía estar protagonizada por el poeta-rey Netzahualcoyotl?

¿Qué nos identifica, en los albores del siglo XXI, como latinoamericanos y caribeños? ¿Y qué nos enriquece?

Habrá que encender la luz que ilumine el camino de la apertura y la inclusión, que supone enriquecimiento y desarrollo individual, que es decir colectivo.




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Una respuesta a “Pocas luces en La Habana”

  1. beto dice:

    mola pakito, si, ser latinoamericano es mas que amor a la zona donde esta geográficamente situada, prestare atención haber si llega a Madrid el mediometraje “Vinci”, mis saludos para ti y el escritor y realizador Eduardo del Llano

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