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Veronica Fernandez: Naci en el pueblo de Regla, al otro lado de la bahia de la Habana. Muchos reglanos, huyendo de la contaminación de la refinería de petróleo, tradicionalmente han ido a vivir en Cojimar. Asi hizo mi familia cuando apenas cumplí cuatro años. Desde niña he sentido atracción por las artes y las letras. La poesía y el ensayo son mis predilectos. Tuve la dicha de estudiar Filología en la Universidad de la Habana con profesores de tallo mayor. Como Capricornio, me encanta la organización, la madurez de las personas, lo romántico de la vida y el desinterés, medula espinal de estos tiempos. Disfruto la comida criollo (arroz blanco, frijoles negros, pork y yuca con mojo) y la italiana, el chocolate y tomar un mojito en el casco histórico de mi ciudad.

Mi gran sorpresa del año

noviembre 12, 2011 | | |

Veronica Fernandez

Foto: Caridad

En el mes de octubre del año en curso me correspondía renovar mi licencia de conducción.

Cada localidad de la isla de Cuba tiene asignado un lugar par realizar estos trámites y a mí me tocó hacer mi exámen teórico para después realizar el práctico, en la rotonda de Guanabacoa (pueblo situado al este de la Habana).

En aquella ocasión, hace unos doce años, tuve que ir en tres ocasiones y por poco tengo que acudir una cuarta vez, pues por muy temprano que me levantara las colas eran interminables y existían personas que se quedaban a dormir para marcarle a otros, había hasta que pagar para tener la posibilidad de obtener algún turno para poder hacer las pruebas, ya que daban pocos y estaban invadidos por los más hábiles o más poderosos.

Desde el mes de agosto me percaté que dentro de poco estaba obligada a acudir a este infame lugar de nuevo en mi vida, pues había hecho un rechazo extremo a retornar a aquel sitio. En mi mente se mantenía la nefasta idea de cuantas vicisitudes pasé para lograr obtener mi licencia de moto.

Este vehículo me fue asignado para trabajar y por supuesto, hasta que tuviera en mis manos esa licencia de conducción no se me permitiría utilizarlo. El comportamiento de mi jefe era correcto, lo que no era correcto era el tormento por el que transité, pues en ese lugar yo no tenía conocidos y mucho menos dinero para sobornar a ninguna persona para que me hiciera la cola ni obtener el aprobado sin mi esfuerzo propio. Por suerte, en el tercer intento, contra viento y marea, logré el triunfo.

Al fin, el último día de octubre, lunes 31, me llené de valor y salí decidida de mi casa a afrontar la situación de renovar mi licencia porque si no lo hacia iba a perder lo que obtuve con tanto sacrificio. Ya me había informado que tenía que llevar 2 fotos carné y sellos de 15 pesos cubanos por cada categoría.

Con todo eso me fui, aún predispuesta, hasta el abominable lugar, pero cuando llegué, tuve una inesperada sorpresa que todavía hoy me parece increíble. Allí se veían muy pocas personas, tan pocas que pensé que no estaban atendiendo a la población.

Le pregunté a un señor que se encontraba a la entrada si estaban abiertos y hacia dónde me tenía que dirigir para este trámite. De inmediato me indicó que fuera hasta el final y en efecto, solo delante de mí se encontraban dos personas para entregar los documentos y escuché que les dijeron a ellos que esperaran; después me toco a mí y me repitieron lo mismo.

Cada paso que daba me parecía insólito, que no podía ser verdad y que no estaba en mi país.

No pasaron ni diez minutos cuando me llamaron para entregarme ya plasticada mi nueva licencia de conducción. Tal fue mi impacto que no pude irme sin antes conversar con una de las oficiales de la policía que se encontraba atendiéndonos.

Le comenté que aquello me parecía un sueño por la agilidad y eficiencia que me había encontrado. Le dije de mi rechazo por ese lugar a causa de todo lo que pasé en años anteriores y que esa era una opinión generalizada.

Entonces me dijo: Estamos trabajando para borrar esa imagen de la población. El servicio que ofrecemos tiene que ser de calidad y estar a la altura de lo que el pueblo se merece.

Solo le dije: Ojalá nosotros tuviéramos la dicha de ser atendidos en todos los lugares de esta misma forma.

Desgraciadamente, es totalmente atípico lo que me encontré. En realidad, si tuviera que calificarlo, diría que ha sido la gran sorpresa del año, pues no recuerdo buen trato, eficiencia, calidad en el servicio y mucho menos, humanidad, respeto, educación y cortesía para y con los cubanos.

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3 respuestas a “Mi gran sorpresa del año”

  1. otrodiferente dice:

    Veronica “estamos cambiando no?? buena noticia y lindo tu articulo ,saludos!

  2. Isidro dice:

    El maltrato se ha generalizado de tal manera, en particular en el sector de servicios a la población, que lo normal nos parece insólito. Gracias, Verónica, por hacernos saber que aún hay esperanzas.

  3. Laura dice:

    Quisiera hacerte una pregunta sobre este tema por si acaso sabes algo al respecto…
    Qué trámites hay que hacer para renovar una licencia que se venció hace más de un año?
    Me han dicho que hay que pasar la escuela de nuevo, es decir, empezar desde 0… yo a esto no le veo ningún sentido para una persona que ya tiene los conocimientos teóricos y prácticos… Por favor si sabes algo respondeme por aquí o a mi email.
    Gracias por adelantado!

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