Boris Lurie en La Habana

octubre 18, 2017 | Imprimir Imprimir

 Los amigos son siempre esperados

Fotorreportaje por Ariel Glaria Enriquez

HAVANA TIMES – El 6 de Octubre último quedó inaugurada, en la sala transitoria del edificio de arte universal, del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, la exposición BORIS LURIE in Havana.

La muestra, formada casi por un centenar de obras pertenecientes a la fundación que lleva el nombre del artista con sede en la ciudad de Nueva York, concreta una vez más ese intercambio cultural tan posible como  necesario entre dos naciones por mucho tiempo alejadas entre sí, a pesar de la cercanía geográfica.

Esto, sin embargo, no ha sido suficiente para impedir cierta mutilación en un escenario, donde, como el del arte, los procesos espirituales se suceden continuamente dando espacio, en ocasiones, al desconocimiento de conceptos que, marginados de los grandes circuitos del arte no alcanzan una mayor visibilidad. Lo que, paradójicamente, puede ser también una salvación.

En esa cuerda se encuentra, en mi opinión, tanto la obra de Boris Lurie como la del movimiento NO ART. Si bien ambos en Cuba no son del todo desconocidos, sí han sido lo bastante ignorados como para asegurar que han existido, en muchos de nuestros artistas y críticos, más puntos de contactos con formas y expresiones mejor adaptadas al mercado y moldeadas al gusto y las modas.

Pero, ¿quién es Boris Lurie? y ¿qué es el NO ART?

 

Boris Lurie antes que todo fue un sobreviviente del holocausto. Nació en Leningrado (antigua URSS) en 1924, en el seno de una acomodada familia judía. De allí, un año después, bajo presión del estado Soviético, su familia se establece en Riga. En 1941, durante la ocupación nazi, es confinado, junto a los suyos, en un gueto. Pierde toda su familia en la masacre perpetuada por los nazis en Rumbula, de donde escapa con su padre. Un año después de terminada la guerra, en el verano de 1946, emigra a los Estados Unidos y se establece en la ciudad de Nueva York, donde vive hasta su muerte en 2005.

Hacia la década del 50 Nueva York se había convertido en la urbe de las vanguardias artísticas del momento; el Expresionismo Abstracto y poco después el Pop Art – a los que Boris no estuvo ajeno- dieron expresión a una nueva configuración espiritual y estética, tendiente, en lo esencial, a olvidar un conflicto reciente que había costado la vida a millones de personas,- incluida la familia del entonces joven artista-  imponiéndose así un modo de vida fundamentalmente basado en el consumo.

Ese fue, a grandes rasgos, el comienzo de una modernidad que no se ajustaría – o él a ella- , al espíritu inconforme e irreverente de Boris. Su negación del arte o el NO ART lo fue de su mercado, de su frivolidad, de la aceptación por parte de aquel al estatus quo. Pero también lo fue de la guerra, la discriminación de género, la segregación racial, la radicalidad religiosa y política. Todo un mundo moral y espiritual elevado a la hazaña del arte, en el que Lurie pronto encontró amigos y donde sigue encontrando cada vez que es descubierto.

Gran parte de su obra exhibida hoy en el museo nacional de bellas artes, en la capital cubana, nos acercan, desde las múltiples técnicas empleadas por el artista, a una visualidad impactante, brutal, en ocasiones absurda, rara vez sutil y no pocas veces irónica, como al fin y al cabo ha sido la historia. Por esta razón BorisLurie no llega tarde a La Habana. Los amigos son siempre esperados.

NOTA: La exposición podrá ser visitada hasta el 7 de enero de 2018. Los datos biográficos fueron sacados del bello catálogo editado para esta ocasión.

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