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Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

Irma en Alamar y Cojímar

septiembre 18, 2017 | Imprimir Imprimir

Fotorreportaje por Irina Echarry

El embarcadero no resistió la furia de Irma.

HAVANA TIMES – Algunos podaron ramas el mismo sábado en la mañana, pero, incluso en la tarde –a pocas horas del paso de Irma por el punto más cercano a la capital-, la gente caminaba por la calle como si no hubiera peligro inminente. No había mucha preocupación.

El mito de que en Cuba estamos muy preparados para este tipo de eventos despliega un velo en las entendederas de cubanos y cubanas. Estamos acostumbrados a sufrir el paso de ciclones y huracanes, y la Defensa Civil, con todo el poder en sus manos, evita que los daños sean peores; eso nadie lo duda.

Pero estar preparados es otra cosa. A la hora de asegurar tus bienes no encuentras una tabla o puntillas o las útiles velas, productos que debieran estar presentes en los mercados mucho antes de comenzar la temporada ciclónica. A eso se suman las pésimas condiciones de las viviendas del país.

En Alamar no hubo derrumbes, hasta donde sé, ni balcones caídos ni penetraciones fuertes del mar; aunque el viento batió con ganas. Sí hubo sonido de cristales rotos -al menos un rostro cortado por los vidrios-, ventanas que el aire removió de sus marcos y donde ahora cuelga una cortina; cables caídos, árboles arrancados de raíz que hoy sirven a los niños en sus juegos; tapas de tanques de agua, antenas y techos de zinc volando.

Vehículo de la empresa eléctrica.

Los vecinos del reparto comentan sobre un hombre que se ahorcó en el séptimo piso de un edificio de 12 plantas, los bomberos tuvieron que hacer maravillas para sacar el cadáver, pues no había electricidad en la zona. Ese señor no cuenta en las estadísticas de los muertos por Irma, pero se cree –por el hedor que salía del apartamento cuando lo sacaron- que pudo haber muerto mientras el huracán pasaba cerca de La Habana.

Por acá, algunos estuvimos una semana sin luz, sin saber bien por qué unos edificios tenían y otros no. En la Empresa Eléctrica nadie atendía el teléfono, hubo que ir a averiguar. Y resolvimos.

Una semana después del paso del huracán un carro recorre las calles del reparto, una voz fingida nos recuerda que “la Patria es de todos, la Revolución es de todos” y hay que salir a “limpiar las calles, a ayudar en las labores de recuperación”.  Mucha gente se pregunta ¿dónde estaban esos carros cuando la incertidumbre por la falta de electricidad nos acompañaba? “Aquí no nos cruzamos de brazos, descaraos que son”, grita una señora. Y es que los vecinos esperamos por el carro de Comunales desde el mismo domingo, cuando entre todos agrupamos la basura y limpiamos las calles.

El Estado instaló kioscos para vender comida cocinada a precios módicos, en otros sitios oferta refrescos y enlatados. Los puestos particulares compran al por mayor los refrescos y lo revenden al doble del precio*, nadie lo controla. Los agros tienen algunos productos que no son de buena calidad, aunque el precio es accesible. La gente lleva el plátano macho y exclama: “disfrútalos ahora, sácales fotos, habrá generaciones que no lo conocerán”. En los agros particulares la libra de frijoles cuesta 25 pesos, al igual que la de cebolla, y seis la de fruta bomba; una piña pequeñita está a 10 pesos; el limón criollo sigue a 1 peso, y el otro sigue costando 3.

El malecón de Cojimar sufrió daños serios.

En Cojímar el mar sí entró con fuerza unos 400 metros, arrastró consigo varios postes de electricidad que ya estaban en el suelo y a nadie se le ocurrió recogerlos antes del huracán; los postes, impulsados por Irma, derribaron muros e irrumpieron en algunas casas. Una semana después de los sucesos los postes siguen en el mismo sitio. Los vecinos han llamado a la Empresa de Servicios Comunales, a la Empresa Eléctrica, al Poder Popular… y nada.

El muro del malecón sufrió serios daños, así como el emblemático Espigón, la calle de al lado del Castillito –frente al monumento a Hemingway- quedó hueca por la potencia del mar. Y La Costa, ese club nocturno donde ocurrieran tantas riñas sangrientas entre los jóvenes, ya apenas existe, solo quedan en pie las paredes firmes de la entrada.

Hubo siete derrumbes totales de viviendas, y muchos parciales. Varias guaguas habían evacuado a la gente el sábado en la mañana, otros se refugiaron en casas de vecinos más alejadas del mar; nadie perdió la vida. Las calles se llenaron de escombros, ropas, muebles y mucha tristeza, aunque ya se ven bastante limpias.

En Alamar la gente está como siempre: grita, ríe, juega, conversa. Los cojimeros, en cambio, sienten que su tierra ha sufrido y padecen con ella.

*Aquí se describe la situación hasta el sábado 16 de septiembre

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4 respuestas a “Irma en Alamar y Cojímar”

  1. caridad dice:

    Gracias por las fotos, Iri. Que lástima tantos árboles caídos.

  2. Eduardo Antonio dice:

    Muy buenas fotos Iri, informacion de primera mano :)

  3. Alberto dice:

    Gracias iri.

  4. miguel arias sanchez. dice:

    lei tu articulo completo,esta muy bien elaborado y con una informacion completa.ademas con unas fotos muy bien detalladas,que ilustran ampiamente la realidad de lo escrito en tu articulo.gracias por llevarle a todas las personas que lo leen,una informacion de primera mano y tan necesaria en un momento como este.

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