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Yanelys Nuñez Leyva: Escribir es exponerse, desnudarse ante la mirada inquisitiva de todos. A mí me gusta escribir, no porque haya desarrollado una verdadera afición por el nudismo, sino porque me fascina componer palabras, pensarme historias, frases que conmuevan, imágenes que provoquen disímiles sensaciones. Aquí tengo un espacio donde hablar de arte, de la vida, de mí. Al final, sentirse bien con lo que uno hace es lo que importa; ya sea con ropa o sin ella.

Después del paso de IRMA por La Habana

septiembre 13, 2017 | Imprimir Imprimir

Yanelys Nuñez Leyva

HAVANA TIMES — Salgo a la calle tras el paso del huracán Irma, es domingo, 4 pm. Aún hay un poco de viento, pero el sol está afuera, como si no hubiese ocurrido nada.

No hay electricidad, y todos los comercios están cerrados, pero igual la gente ha comenzado a salir a la calle.

A continuación algunas notas sobre esa tarde:

– El parque Curita, ubicado en Reina y Galiano, tiene arboles bien poderosos en el suelo, arrancados de raíz. Un sinnúmero de ramas también se han desprendido y yacen en la acera.

– Cerca de esta zona varias estructuras arquitectónicas, con anterioridad semiderruidas, han colapsado completamente; los escombros se encuentran en medio de la calle, esperando a ser recogidos.

– Camino por el boulevar de San Rafael y solo una cafetería se encuentra abierta. Las personas se aglomeran en su entrada, y de su interior oscuro se escucha una voz que anuncia: ¡Solo tengo diez pizzas! Muchas caras desilusionadas comienzan a retirarse.

Salvando la escultura en la esquina del Gran Teatro de La Habana.

– Me voy acercando al Parque Central, y no sé porque una de sus calles más inmediatas está cerrada por la policía. Todos miran hacia lo alto del Gran Teatro García Lorca, y allí está el motivo. La escultura de bronce que corona una de las esquinas del edificio ha sido doblada por la fuerza de los vientos. Hay una grúa que intenta infructuosamente llegar a ella. Al parecer no calcularon la altura del edificio y trajeron la primera que se les ocurrió.

– Mientras, encuentro algunos amigos fotógrafos que desandan la zona al igual que yo. Me muestran imágenes del paso del huracán y algunas resultan completamente surrealistas: personas jugando dominó mientras el agua de la inundación les llega a los tobillos, muchachos que se bañan en plena calle aprovechando la penetración del mar.

-Casi anochece y una nueva grúa ha llegado al lugar. Dos personas son elevadas en una jaula para tratar de cortar la escultura de su base. Muchos se han reunido en este punto – recuérdese que no hay corriente eléctrica – en espera de la caída inesperada o del desprendimento deseado por los técnicos. Al fin lo logran. Todos aplauden. Lentamente descienden. Ya en el camión que la transportará, las personas se aprestan a tocarla, a fotografiarse con ella. Algunos dicen que la próxima vez que la vean será cuando otro ciclón la coloque de nuevo en su sitio.

– Son las 8:30 pm. La gente se dispersa en la oscuridad. Vuelve a reinar el silencio.



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